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Aprenda a prevenir los accidentes más comunes del bebé

Aprenda a prevenir los accidentes más comunes del bebé
Miércoles, 13 Junio 2007 - 6:56pm
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Caídas de altura, intoxicaciones y ahogamientos son las causas de las lesiones más frecuentes que sufren los bebés en sus propias casas.

“Los accidentes de los niños menores de un año ocurren porque los adultos no asumen las medidas para evitar los factores de riesgo”, así explica Olga Lucía Baquero, pediatra de la Clínica Infantil Colsubsidio, que con solo asumir la prevención, cientos de niños no sufrirían golpes, atoramientos o quemaduras y muchos estarían vivos.

No es en la calle, ni en el jardín en donde más sufren accidentes los gateadores, es decir, los menores de un año. Estos suceden en el sitio en el que más protegidos deberían estar: el hogar.

Por eso, cuando un bebé llega a la casa, los padres deben recorrerla paso a paso para detectar las áreas más vulnerables. Que sea un bebé de cuna no impide que deban tomarse las garantías para que tenga todas las condiciones de seguridad.

Ernesto Durán, pediatra y miembro del Observatorio para la infancia de la Universidad Nacional, explica que la costumbre de los padres es decirles a los niños: no corra, no coja eso, quédese quieto. Es imposible hacer que ellos se comporten como adultos, sentados, inmóviles en una silla. “Esto puede generar problemas en su desarrollo, porque en su afán de exploración quieren tocarlo todo”. A continuación presentamos los principales accidentes que sufren los menores de un año, y la forma en la que deben actuar sus cuidadores cuando estas situaciones se presentan:

Caídas de alturaDe acuerdo con los registros del Instituto Nacional de Medicina Legal, en el 2006, 6.119 niños sufrieron lesiones no fatales en sus hogares. De estos, 93 casos se presentaron en los menores de un año. Los demás escenarios fueron, en ese orden, centros educativos, hospitales, supermercados o almacenes, vehículos particulares y la vía pública.

En una investigación realizada por el servicio de urgencias de la Clínica Infantil Colsubsidio, en la que participó la pediatra Olga Lucía Baquero, se determinó que la principal causa por la que los pequeños buscan atención de emergencia, en el 75 por ciento de los casos, ocurre por caídas de altura, que puede ser desde la misma altura del niño, los brazos del adulto que lo alza, las camas, los muebles, las escaleras o un segundo piso.

Como resultado, los pequeños sufren distintos traumas, especialmente en la cabeza, debido a que por su desarrollo esta parte del cuerpo es mucho más grande que el resto.

“Ellos no tienen aún los reflejos de protección. Cuando un adulto se tropieza, lanza las manos hacia delante, pero ellos todavía no tienen esa capacidad de defensa”, explica la pediatra.

Como consecuencia, pueden aparecer hematomas (morados) superficiales, los llamados chichones o acumulación de sangre intracraneana; en ocasiones, pueden ocurrir fracturas. “Ni los pediatras, ni los ortopedistas recomendamos el uso de caminadores –señala Baquero- porque no son un estimulante del desarrollo, pero sí son causantes de varias lesiones, porque los pequeños se ruedan por las escaleras o toman una mayor velocidad a la adecuada y se caen de frente”.

Las recomendaciones para que los padres apliquen en este caso son:

Es un mito creer que tras un golpe, los niños no deben dormirse. Lo importante es observar si hay cambios en su conducta. Deben ser llevados a urgencias si: pierden la conciencia, vomitan o convulsionan. En esto consiste la observación neurológica que los padres deben saber hacer. Si el pequeño tiene que ir a urgencias, los médicos lo analizarán aproximadamente por nueve horas. Cuando se caen de una altura de consideración, siempre deben ser llevados a un servicio médico.

Intoxicaciones

Los detergentes y limpiadores vienen en colores llamativos y a esto se le suma que las mamás tienen la costumbre de reenvasar los productos; los niños terminan por ingerir ese vistoso líquido.

Además, los adultos son poco cuidadosos al guardar los productos. Por ejemplo, algunas madres dejan las píldoras anticonceptivas en la mesa de noche o sobre la cama.

Si usted ve al pequeño con el frasco desocupado o el líquido regado encima, es claro indicio de lo sucedido. Pero puede pasar también que no existen evidencias; por eso, los padres deben estar muy atentos a los cambios que puedan presentarse en el bebé, como somnolencia o por el contrario, agitación, temblores, vómito sin que tengan antecedentes de fiebre o diarrea.

“La gente cree que debe darle leche, pero esta aumenta el tránsito intestinal y se ingiere más rápido lo que ha bebido. Además, no saben qué sustancia es la ingerida y cuál es su reacción en el organismo. No debe inducir el vómito porque los limpiadores tienen sustancias cáusticas y queman el esófago y al salir quema dos veces”.

También está contraindicado inducirlo cuando se trata de gasolina o varsol, porque estas sustancias pueden pasar a los pulmones y al hacer esta maniobra se genera neumonitis química.

Ahogamientos

Marcela se metió una canica en su nariz; Felipe, la pieza de un juguete en su oído. Estos elementos se pueden sacar con la ayuda de un médico, pero cuando el objeto obstruye la vía aérea, sale en la materia fecal en el mejor de los casos, o se queda atrapado y obstruye la respiración.

Los menores de un año se encuentran en una etapa oral, en la que su conocimiento con el mundo está mediado por lo que puedan morder. Cuando el adulto ve al bebé con algo más pequeño que el tamaño de su boca, debe acudir con rapidez y retirárselo, sin gritar, para no asustarlo y evitar que se lo trague.

Pero si ya lo ha hecho, no intente sacarlo con sus dedos, porque puede empujarlo más y complicar la situación o rasgar los tejidos. La maniobra correcta consiste en acostarlo boca abajo sobre sus piernas y meter una mano debajo del abdomen. Luego, proceda a darle cinco golpes fuertes en la espalda, en la mitad de la parte alta, con la base de la otra mano. Posteriormente, voltee al niño para ver si el objeto ya salió o, de lo contrario, repítalo mientras llama a la ambulancia.

Pero también existen los ahogamientos en agua. La principal recomendación para los adultos que están a cargo de los niños es no dejarlos solos nunca, cuando están en piscinas, ríos o el mar. Incluso, es frecuente que los accidentes se presenten en sanitarios, albercas o baldes.

Baquero dice que las excusas frecuentes de los adultos son: “dejé al niño en la tina un segundo y fui a contestar el teléfono. Pero el niño en la tina, por ese minuto, se ahoga. Por otro lado, solo se necesitan cinco centímetros de agua en un balde, para que un gateador, de por sí inquieto, se asome, la cabeza le gane y se caiga. Si nadie lo ayuda, se ahoga”. Cuando existen las medidas para prevenir estos accidentes, las consecuencias se pueden reducir en un 50 por ciento.

Quemaduras

También es frecuente que los pequeños se vean afectados por la quemadura de un líquido caliente. Muchas veces sucede que los adultos transportan agua para bañar al pequeño y no ejecutan las medidas de seguridad necesarias; así, el bebé termina por atravesarse en el camino y un accidente puede ocasionar que todo el contenido del recipiente termine lesionando su piel.

De la misma manera, pueden sufrir este riesgo porque los padres no obstruyen el acceso a interruptores, enchufes o dejan los electrodomésticos conectados, en muchas ocasiones con cables pelados. Si el pequeño esté cerca, se lo mete a la boca y ocurre una tragedia.

La recomendación más importante que hacen los expertos es conocer paso a paso el desarrollo de sus hijos; de esta manera sabrá qué es capaz de hacer el bebé en cada etapa de su crecimiento y será más fácil prevenir.

Preparados en casa

Es ideal tener un botiquín que incluya elementos como sustancias para limpiar heridas (alcohol, agua oxigenada), gasas, medicinas para bajar la fiebre, sales de rehidratación oral, algodón y tijeras. No se debe tener otro tipo de medicamentos, para evitar riesgos. Debe ponerse en un lugar lejos del alcance de los niños.

La tarea de los padres es apropiarse de su nuevo rol como cuidadores de un menor y, por lo tanto, determinar cuáles son las áreas que representan mayor peligro, para actuar frente a ellas con medidas claras de seguridad.

Juliana Rojas H.Redactora ABC del Bebé

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