Con ‘los pelos’ de punta

Que si será rubio o castaño, delgado o grueso, crespo o liso...

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Por: Astrid López
julio 31 de 2014 , 04:11 p.m.

Que no hay que cortarle el pelo a los niños antes de que hablen bien, porque se les dificulta el lenguaje, o, por el contrario, que hay que raparlos tres veces consecutivas para que les nazca sedoso, brillante y abundante… Estos son solo dos de los mitos más conocidos en torno al primer pelo de los bebés. Pero, en realidad, ¿qué hace que sea tan rebelde e irregular en unos y tan escaso en otros?
Como lo explica Hilda Herrera, dermatóloga de la compañía Natura, el pelo comienza su desarrollo en el periodo fetal, más o menos a las nueve semanas del embarazo, pero se reconoce en la semana 23. Los primeros folículos pilosos, a partir de los cuales sale el pelo, están distribuidos en cejas, labio superior y mentón, el resto comienza a desarrollarse entre los 4 y 5 meses del embarazo. 
“El primer pelo en aparecer se llama lanugo, es un pelo fino, sedoso, suave y con poca coloración, este inicia en la semana 12 de embarazo y es abundante entre la semana 17 a la 20, y cubre toda la piel; alrededor del octavo mes  ese pelo inicial se desprende y solo hasta los 3 o 4 meses de vida del bebé, es cuando aparece de nuevo”, dice.

En ese momento, “se empiezan a desarrollar dos tipos de pelo, uno llamado velloso, que es delgado, a veces con pigmento y corto, que cubre toda la piel, excepto palmas, plantas, dedos y genitales. Luego, debido a factores hormonales, ambientales y genéticos, este se transforma en terminal, más grueso, largo y pigmentado, y esto se da por partes”.

Por esto es que algunos niños nacen con pelo, ya que aún tienen lanugo, y otros nacen sin pelo, porque se encuentran en la transición entre este y el primer pelo, denominado velloso. Es más, esa transición puede durar a lo largo del primer año de vida.

¡Imposible de aplacar!

  En los bebés existe lo que se llama la costra láctea –unas escamas amarillentas, de aspecto grasoso, que se ubican principalmente en la coronilla–, comunes en los recién nacidos y totalmente normales, aunque molestas, y que algunas veces producen piquiña y, además, hacen que el pelo crezca de forma irregular por entre las acumulaciones de caspita. Para remediar esto, se puede calentar aceite en las manos y aplicar en las zonas donde se observan costras, no es necesario peluquear al bebé ni cepillarlo con frecuencia.

La aparición de la costra láctea podría relacionarse con la lactancia, ya que solo se presenta en niños que aún están influenciados por las hormonas transmitidas por la madre, lo que podría aumentar la producción de grasa en la piel, aunque no ha sido comprobado, dice Emilse Torrenegra, pediatra y dermatóloga. 

Para la doctora Herrera, la irregularidad del pelo ocurre porque está en desarrollo, al igual que el bebé, y existe una transición entre el pelo inicial y el terminal, lo cual no se da al tiempo, sino por partes, y deja unos mechones separados y otros sitios con poco pelo e, incluso, sin este. “La formación del cabello se da de manera irregular, en especial en la región occipital por la fricción del lactante con la almohada”, sostiene Luz Helena Pabón, médica dermatóloga. Esto se asocia a que el bebé, es esa etapa, permanece la mayor parte del tiempo acostado y boca arriba, por lo que hay que cambiarlo de posición con frecuencia para evitar que se vea despoblada esa zona.

Por otra parte, para que el pelo rebelde de los pequeños se aplaque hay que utilizar un champú especial ; asimismo, su cepillo debe ser suave, y usarlo en las mañanas y noches. “Si la irregularidad del pelo persiste al cumplir el año, consulte con el dermatólogo para descartar ciertos defectos genéticos que originan esos pelos impeinables”, recomienda Herrera.