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Enfermedades comunes en los niños, ¿cómo aliviarlas?

Enfermedades comunes en los niños, ¿cómo aliviarlas?
Por: Edna Juliana Rojas H.
Miércoles, 12 Octubre 2011 - 6:01pm

Aprenda a identificar a tiempo las molestias más comunes en los niños.

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En la primera infancia (antes de los 6 años) los niños habrán presentado por lo menos una de las enfermedades más comunes entre los menores, como infecciones respiratorias, diarrea, otitis y el síntoma más frecuente: la fiebre.
Los padres y cuidadores deben tomar medidas para prevenirlas o tratarlas en casa antes de que se compliquen. La buena información, medicar de manera responsable y la ayuda de tecnología que ofrece el mercado hacen más fácil la tarea de los adultos de velar por la salud de los pequeños. A continuación, algunas de las molestias más recurrentes en la infancia y su manejo adecuado.

Fiebre
Es un mecanismo de alerta y de respuesta que indica algún daño o alteración que presenta el organismo. “Cuando aparece la fiebre, es muy importante observar al niño; la gente hace diferentes asociaciones como las convulsiones, la presencia de meningitis o una posible lesión del cerebro por el alza de temperatura; sin embargo, todas ellas son temores”, indica el pediatra Álvaro Jácome. Por eso, según el experto, no es una señal enemiga; por el contrario, es un aliado que emite una alarma, pues la alta temperatura corporal es un arma natural contra invasores que amenazan la salud.
Entre el 80 y 90 por ciento de los casos de fiebre infantil son causados por infecciones virales que no requieren tratamiento. Sin embargo, explica la pediatra Ángela Camacho, las mamás suelen asociarla con  complicaciones severas y buscan bajarla a toda costa cuando sobrepasa los 37,7
grados centígrados.
Solo cuando la temperatura supera los 38 grados se habla de fiebre. “Pero esto depende de la zona del cuerpo en la que se mida. Aunque se puede tomar en la boca, el recto y la frente, la más aconsejable (por comodidad y confiabilidad) es la axilar con termómetro de mercurio”, indica Camacho.
Los expertos coinciden en asegurar que la fiebre no se cura sino que se controla. Cuando la temperatura llega a los 38,5 se espera que pase con prontitud, y para esto pueden tomarse medidas sencillas en casa que disminuirán el calor corporal. Por ejemplo, darle aire al bebé con una revista, periódico, abanico o ventilador durante 10 minutos, dejarlo en pañal y camiseta. La pediatra Ángela Camacho también recomienda bañarlo con agua tibia y no fría, pues el escalofrío generado empeoraría el malestar. El pequeño debe permanecer en el agua de
5 a 10 minutos, luego se saca y se deja en
ropa interior.
La especialista asegura además que “las fiebres virales de 38, 5 grados centígrados se irán en cuestión de 24 horas máximo y corresponden al 80 por ciento de los casos; pero si dura
más de dos días, es necesaria la intervención del pediatra”.
Si el bebé es un recién nacido y tiene fiebre, se debe consultar inmediatamente al pediatra o si el niño ha sido previamente diagnosticado con una infección bacteriana, pues la fiebre podría ser señal de algo más grave. También se debe llamar al médico si la fiebre se acompaña de decaimiento, vómitos e inapetencia.

Enfermedades respiratorias
 Son de las molestias más comunes en la infancia, señala la pediatra de urgencias Olga Lucía Baquero. Es fundamental que si se presentan durante los primeros días de vida, el bebé sea llevado inmediatamente a urgencias, pues en esta etapa suelen suceder las mayores complicaciones y se requiere de un diagnóstico preciso. Las infecciones respiratorias “son producidas por un virus o una bacteria que causa una  inflamación aguda, aunque de corta duración (de 3 a 5 días), del sistema respiratorio alto que puede afectar nariz, laringe o pulmones”, explica Iván Stand Niño, presidente de la Asociación Colombiana de Neumología Pediátrica y de la Sociedad Latinoamericana de Neumología Pediátrica.  
Las molestias respiratorias más frecuentes son:
•Gripa o resfriado común: causada por un virus que desaparece solo. Sus principales síntomas son: fiebre por unos pocos días, mocos y tos escasa.
• Laringitis: producida por un virus. Causa poca fiebre, tos seca (la conocida como perruna), mocos, ruido al entrar el aire (estos sonidos se conocen como estridor).
• Bronquiolitis: se produce por virus, especialmente en los menores de 1 año. Se manifiesta con poca fiebre, tos seca al inicio y luego húmeda por varios días o semanas, y silbidos o pitos en el pecho a la entrada del aire (sibilancias). Es probable que  pueda complicarse con dificultad al respirar.
•  Neumonía: usualmente es producida por bacterias, por lo que debe tratarse con antibióticos, a diferencia de las molestias nombradas anteriormente. Produce fiebre prolongada, tos frecuente y puede complicarse con dificultad al respirar.
Estos problemas se producen por el contacto directo con el virus o la bacteria que se encuentra en alguien o algo contaminado, como una persona con gripa o juguetes y ropa. En el aire también se hallan estas partículas expulsadas al toser. Por esa razón, cuando los niños van a guarderías, están en lugares muy cerrados, tienen hermanos mayores o padres fumadores, están en riesgo de adquirir esta molestia.  En ese sentido, “los que tienen más posibilidades de presentar enfermedad severa son los menores de 2 años, prematuros, niños con enfermedad del corazón o enfermedades pulmonares crónicas, así como niños con déficit de defensas”, explica Stand.
Los pediatras recomiendan estar atentos a señales de alarma como  fiebre, frecuencia respiratoria más rápida y difícil de lo normal, somnolencia, color morado en labios y uñas, pues si estas se presentan los padres deben llevar al niño a urgencias. A los lactantes no se les debe suspender la leche materna, y en general a los niños se les debe dar más cantidad de líquidos que la usual.
De la misma manera, evitar el contacto con personas resfriadas, especialmente si en casa hay un recién nacido. Para cuidar a estos últimos, se recomienda evitar las visitas durante el primer mes de vida.
La vacuna de la influenza disminuye los riesgos de complicaciones. Sin embargo, Stand aclara que “solo protege contra la influenza, no contra todos los virus de infecciones respiratorias”.  
La tos es un mecanismo de defensa para eliminar las secreciones del pulmón; justamente por eso no hay que suprimirla, y los jarabes están médicamente contraindicados para los menores de 2 años. “Los padres creen todavía que la tos debe eliminarse, y algunos optan por automedicar a sus hijos, lo que resulta sumamente peligroso”, dice la pediatra Olga Lucía Baquero. Los antitusivos, es decir los medicamentos para la tos, fueron prohibidos en Estados Unidos. En Colombia, “la subdirección de registro sanitario está llamando a los laboratorios que tienen estos productos para que ajusten la etiqueta”, indica el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima). Si se consumen por debajo de la edad indicada, no se liberarían todas las secreciones y puede presentarse una sobreinfección. Según Luis Jorge Hernández, epidemiólogo de la Secretaría Distrital de Salud, la tos se controla con mayor ingesta de líquidos; para aliviar la irritación de garganta
son útiles las bebidas endulzadas como la miel con limón o el agua de panela con limón.
Uno de los principales problemas en el mundo en la lucha contra infecciones bacterianas es el abuso de los antibióticos. No obstante la gran utilidad de estos y del cambio que representó para la medicina su descubrimiento, muchas veces se emplean en el tratamiento de enfermedades que no requieren su uso, o no se toman de la manera adecuada. Esto, contrario a lo que se espera, no acaba con las bacterias, sino que las hace más  resistentes a los medicamentos, lo que genera la necesidad de nuevas y más fuertes fórmulas para contrarrestar las mutaciones. “El uso para tratar infecciones como resfriados o influenza no tiene efecto. La gente visita los médicos y les piden antibióticos para una infección que no es susceptible de ser tratada con estos fármacos. Una manera de evitarla es tener prácticas de limpieza, de manera que los organismos se eliminen y no sean transmitidos”, dice el especialista.

Diarrea
Se habla de diarrea cuando las deposiciones son más frecuentes y líquidas de lo normal, asociadas a un dolor abdominal. Puede presentarse por la contaminación de alimentos o bebidas que ingiere el pequeño y deriva en una enfermedad gastrointestinal, o puede presentarse por un problema viral, lo que puede llevar al niño a la deshidratación. Por eso se aconseja continuar con la leche materna si el menor está lactando y no adicionar líquidos de ningún tipo.
En los más grandes es probable que se pierda el apetito, pero no por ello se le deben dejar de suministrar líquidos, pues pueden sufrir deshidratación y presentar señales de alarma como  los ojos hundidos sin brillo, la lengua o la nariz seca, la cara pálida con mejillas hundidas y la disminución de orina.

Tos ferina
Aunque podría pensarse que está erradicada, las cifras demuestran lo contrario. La Organización Mundial de la Salud lidera una campaña para reducir a uno de cien mil habitantes el número de casos. En Colombia, en los últimos dos años se han presentado entre 30 y 40 casos en menores de 1 año.
Sus primeros síntomas pueden confundirse fácilmente con resfriado común, pero debe sospecharse cuando los menores de 5 años tienen una tos persistente que no cesa en dos semanas  unida a dificultades respiratorias. Si no se acude rápidamente a tratamiento, el niño está expuesto a sufrir complicaciones, como convulsiones, neumonía, problemas neurológicos e incluso la muerte.
David Johnson, infectólogo pediatra, asegura que una estrategia importante para prevenir complicaciones y muertes en los pequeños es la vacunación en los adultos para que no los contagien (con un refuerzo cada 10 años), pues en el caso de los recién nacidos, la madre es la principal fuente de contagio. De ahí la importancia de que una mujer reciba la vacuna al planear un embarazo, debido a que el niño queda expuesto hasta el segundo mes, cuando recibe la primera dosis.
La vacuna contra la tos ferina está incluida en el Programa Ampliado de Inmunización (PAI), es decir que está garantizada la aplicación gratuita para todos. La primera dosis debe ponerse a los dos meses de nacido; la segunda, al cuarto mes y la tercera, a los seis meses. La cuarta dosis se aplica al año y medio. También se recomienda otra más entre los 4 y 5 años, cuando los niños entran al jardín infantil. Los pequeños que tienen todas las dosis tienen una protección del 95  por ciento.

Oídos que duelen
Entre los 6 meses y los 2 años de edad, muchos son los niños que sufren por la otitis. De acuerdo con la otorrinolaringóloga pediatra Frida Scharf, esto sucede porque la trompa de Eustaquio que está en el oído tiene una posición horizontal durante la infancia; es muy ancha y el músculo alrededor que le sirve de válvula e impide el paso de comida, leche, agua de piscina, infecciones o secreciones está inmaduro y no es capaz de cerrarse. A los  6 o 7 años se ubica de forma vertical y por esa razón se disminuyen las probabilidades de presentar otitis.  
La doctora Frida Scharf recomienda estar atentos si el bebé que aún no habla se despierta con un llanto muy fuerte y se pone la mano en el oído, aunque esto último puede no suceder. En esos casos, si el pequeño tiene todas sus necesidades satisfechas y aún sigue llorando, se recomienda poner calor en el oído y en la zona abdominal, pues los padres no pueden determinar de primera mano en dónde se genera la molestia. Esto ayudará a que se dilaten los vasos y ceda el dolor. Sin embargo, si el niño es menor de 2 años, tiene fiebre y el llanto persiste, se debe acudir al servicio de urgencias, pues en los más pequeños el oído está muy cerca del cerebro y una complicación podría ser muy grave.
La experta señala que otros de los síntomas pueden ser: secreción de líquido, demasiada cera, fiebre, inflamación en la zona. La otitis, en muchos casos, va ligada a una enfermedad respiratoria y por eso se le presta mayor atención a la congestión, la fiebre y el malestar general.
Frente a esa situación, la molestia puede pasar desapercibida y continuar silenciosa en el oído del niño, que después podría presentar secuelas por problemas de audición como dificultades escolares o trastornos del lenguaje, inestabilidad en la marcha, no responder cuando se le habla, ser distraído, hablar mal para su edad, escuchar música o televisión a alto volumen. Si no se trata a tiempo puede haber una ruptura de tímpano y presentarse un dolor considerablemente fuerte. Afortunadamente, señala la especialista, las complicaciones no son frecuentes y la mayoría se pueden prevenir y tratar exitosamente. Si la otitis se presentó en los primeros 6 meses de vida, es más factible que reaparezca, pues la piel del interior del oído se ha engrosado y se demora en desinflamar, lo que dificulta la entrada de aire y se tapa la mucosa hasta que empieza a infectarse de nuevo. Cuando esto sucede hay tratamientos preventivos que incluyen: terapia con antibióticos o drenaje de fluidos con pequeños “tubos” de ventilación, que se insertan a través del tímpano para que el líquido o la sustancia salga y no se acumule.

Botiquín en casa      
El pediatra Álvaro Jácome señala cuáles son los elementos que no deben faltar en el botiquín:
• Un antipirético y analgésico, que puede ser acetaminofén o ibuprofeno, podrían ser útiles. Es importante familiarizarse con la concentración indicada por el pediatra para cada producto y tener clara la relación entre dosis y peso del niño al administrar estos de forma segura.
• El suero rehidratante en las dos concentraciones recomendadas (de 75 mEq y 45 mEq) son ideales en caso de diarrea; no se recomienda otra medicación, a no ser que exista una circunstancia médica específica en la persona que amerite tener una medicación particular.
• Tener una comunicación directa con personal médico para la evaluación del riesgo que implique la condición clínica para el uso de una medicación en particular.

¿Por qué usar termómetro?
 Según el pediatra Jácome, es un grave error si la madre mide la posibilidad de fiebre al tocar a su hijo, pues la diferencia de temperatura corporal entre las dos personas puede alterar la percepción final. En este caso, el  termómetro es un instrumento muy útil para tener en casa; permite cuantificar objetivamente la presencia de fiebre.

Lavado de manos        
Aunque pareciera irreal, cada año mueren en el mundo 3,5 millones de niños antes de los 5 años, como consecuencia de la diarrea, neumonía y enfermedades relacionadas, que pueden prevenirse con medidas tan sencillas como el lavado de manos, afirma Unicef. Con esto se controlaría el contagio de virus y bacterias gastrointestinales que producen además dolor de estómago, infecciones del tracto gastrointestinal o de piel.  
Según Paul Goddard, representante del Consejo de Higiene (organismo internacional creado en 2006), estas afecciones son más comunes en países en vías de desarrollo.  Además, considera que el lavado de manos con agua y jabón antibacterial reduciría la incidencia de diarrea hasta en un 47 por ciento, lo que llegaría a salvar la vida de cerca de un millón de niños en todo el mundo, así como también disminuiría en un 23 por ciento la incidencia de infecciones respiratorias como neumonía, que es la primera causa de muerte en niños menores de 5 años con 1,8 millones de fallecimientos.
Se empieza por cubrir con agua todas las superficies, especialmente las ranuras de las palmas, los espacios entre los dedos, las uñas y las muñecas en un proceso de aproximadamente 40 segundos. El agua no es suficiente, entonces se deben usar preferiblemente jabones antibacteriales, pues los de uso común no acaban con las bacterias. “Al momento de secar las manos se debería usar una toalla de papel limpia, seca y desecharla”, aconseja Goddard.
Es tarea de los padres lavarles las manos a los menores de 2 años y enseñarles cómo hacerlo. El mismo procedimiento debe hacerse antes de preparar los alimentos, antes y después de salir del baño, cambiar el pañal, cuando se manipulen alimentos, haya contacto con basuras, se cambien pañales, entre otros.

Suero oral
De acuerdo con el pediatra Álvaro Jácome, administrar el suero oral es una de las medidas clave de prevención en salud pública y que todo adulto debe conocer. Cuando los niños están deshidratados el agua no es suficiente, pues cuando hay un niño enfermo se necesita además de glucosa y sodio para que el cuerpo la admita y logre hidratarse, por esa razón, se medica el suero. “La cantidad recomendada podría ser en forma práctica la que el niño pueda ingerir espontáneamente de acuerdo con su necesidad, al evaluar la orina que produce, como medida de hidratación”, explica el pediatra.


 


 

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