La verdad sobre las fontanelas

Se conocen popularmente como ‘molleras’, y son visibles desde el nacimiento

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Por: Abcdelbebe.com
junio 05 de 2014 , 11:51 a.m.

Tocar por primera vez la cabeza de un recién nacido y palpar desniveles o pequeños espacios en ciertos puntos puede llegar a ser intimidante para algunos adultos. La mayoría, salvo que pertenezca al sector de la salud o se haya instruido al respecto, no saben cómo manipular esta parte del cuerpo, en apariencia tan delicada, por temor a lastimarla. Si ese es su caso, debe saber que se trata de las fontanelas, esenciales para el crecimiento del cerebro.

El cráneo se compone de diferentes huesos, entre los que se cuentan el frontal, el occipital y dos parietales. Cada uno está adherido o unido a los demás por un tejido elástico denominado sutura, y el lugar de intersección de varios huesos es lo que se conoce médicamente como una fontanela.

“Pretenda que usted tiene un rompecabezas de cuatro piezas. El punto donde convergen dos piezas es una sutura y el sitio en el cual se reúnen cuatro es una fontanela”, explica el neuropediatra Álvaro Izquierdo.

Y, ¿por qué se habla de estas en plural? Porque existen dos principalmente: una bautizada como ‘anterior’, que está ubicada arriba de la frente, hacia la coronilla; y otra llamada ‘posterior’, que puede verse arriba de la nuca. Los especialistas coinciden en que pueden haber otras, aunque afirman que esas dos son las más importantes para evaluar el crecimiento y desarrollo del cerebro.

¿Sabiduría popular o evidencia médica?

Las fontanelas cumplen una serie de funciones específicas. La principal es que el hueco que forman facilita el crecimiento del cerebro al proporcionarle un espacio adicional a los huesos para estirarse. Esta característica es especialmente importante si se tiene en cuenta que el cerebro crece doce12 centímetros en el primer año de vida. “Durante los primeros dos, alcanza el 50 por ciento del tamaño que tendrá en la vida adulta”, dice el doctor Izquierdo.

Así las cosas, cualquier circunstancia que altere su curso de crecimiento, como por ejemplo, que la fontanela se cierre antes de tiempo, puede afectar el normal desarrollo de este órgano y, por ende, incidir negativamente en el aprendizaje de funciones básicas como caminar, gatear, masticar o escribir.

Pero, además de lo anterior, esta zona permite que el parto natural sea menos traumático, tanto para el bebé como para la madre, pues la cabeza del que está a punto de nacer, al ser más grande que la superficie del cuerpo, puede moldearse más fácilmente a la forma de la vagina. “Las fontanelas le dan flexibilidad al cráneo para que los huesos puedan superponerse unos sobre otros y que la cabeza salga por ese reducido espacio”, señala Adriana del Pilar Montealegre, pediatra neonatóloga del Hospital Universitario San Ignacio, de la Universidad Javeriana.

Por todo lo anterior, la gran mayoría de creencias que se han transmitido de generación en generación sobre lo que se debe o no hacer con respecto a las fontanelas, carecen de fundamento en razón a que no tienen ninguna relación o influencia directa sobre la función médica que se les atribuye.

Por ejemplo, algunas personas creen que no todos los bebés nacen con estas, mientras otros sostienen que por estos huecos se puede respirar. También es común que los padres se abstengan de tocarlas porque crean que con ello las rompen o que decidan no cubrirlas con un gorro por la convicción de que hacerlo sería contraproducente. Incluso, hay quienes las soplan.

Nicolás Ignacio Ramos, presidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría y pediatra de la Universidad El Bosque, asegura que todas esas creencias son falsas. “Sería anormal que un recién nacido no las tuviera y mucho más que respirara por ahí, pues para eso están la nariz y la boca.

Tampoco se rompen porque están cubiertas por un tejido muy fuerte y taparlas no hace ninguna diferencia, al igual que soplarlas”, comenta.

Por su parte, Adriana Montealegre desmiente el mito de que golpearse en esa zona sea más peligroso que en cualquier otra área de la cabeza. Para la experta, a menos que la herida fuese muy grave, representa la misma amenaza para el pequeño que si el golpe fuera en otro punto.

Esté atento a cualquier síntoma de anormalidad

Lo que sí es cierto es que las fontanelas cumplen un ciclo: se cierran en un tiempo determinado, ni antes ni después. Lo normal es que la fontanela anterior se cierre entre los 6 y los 18 meses, y la posterior entre los 2 y 3 meses. Cuando eso no es así, como ocurre en ocasiones, es preciso realizar alguna intervención para evitar que el cerebro se vea perjudicado.

Si el cierre sucede de forma prematura, se dice que existe un defecto llamado craneosinostosis que debe ser corregido. Según el doctor Izquierdo, la mejor manera de evaluar si están cerradas es a través de un tac con reconstrucción tridimensional, que permite ver el cráneo en tres dimensiones.

Si se comprueba el sellamiento de las suturas hay que operar en la mayoría de los casos, aunque esa decisión dependerá de la sutura afectada. De acuerdo con el especialista, si se trata de la coronal, por ejemplo, hay que hacer una cirugía porque, de lo contrario, la cabeza no podría crecer ni desarrollarse de forma adecuada.

Pero no se alarme antes de tiempo. Si los padres observan deformidades en la cabeza o tienen dudas sobre cómo palpar esta zona, lo mejor es acudir al neurólogo pediatra, quien analizará cada caso, pues algunas condiciones merecen una mirada diferente como, por ejemplo, ser un bebé prematuro.

Pero también puede ocurrir que se cierren después del tiempo estimado, como les sucede a quienes nacen con síndrome de Down, cuya maduración ósea es tardía; a los niños con alguna enfermedad que afecte la maduración del hueso, con hipotiroidismo congénito o que nacen con enanismo.

Cualquiera que sea el caso, los especialistas son claros en afirmar que no se puede analizar una sola variable, pues es la suma de varios aspectos lo que permite hacer un diagnóstico acertado y oportuno. Lo más importante es que sea el neurólogo pediatra, en conjunto con el neurocirujano, quienes decidan la mejor manera de proceder.