Descubra si su hijo es realmente inteligente

La inteligencia depende de genética, estimulación y hasta alimentación.

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Por: Margarita Barrero
abril 20 de 2012 , 08:36 a.m.

Definir la inteligencia no es sencillo, ni siquiera para los neuropediatras, neuropsicólogos y siquiatras que la estudian. “No creo que exista un concepto crudo. Es más amplio de lo que nos han enseñado, ya que normalmente se dice que es súper inteligente solo aquel que saca 130 en las pruebas de coeficiente intelectual, pero ese es solo un factor en la vida real”, afirma el neuropediatra Alberto Vélez.


Para él, la inteligencia es la posibilidad que tiene una persona de aprender y de desenvolverse en todos los ámbitos de la vida, mejor dicho: de adaptarse. Para conseguirlo, se necesita más que conocimiento: “Ser inteligente no es solo convertirse en un excelente profesional”, afirma.


El neurólogo infantil Álvaro Izquierdo piensa que esa capacidad llamada inteligencia permite que una persona sobreviva en cualquier ambiente y que se adapte a las nuevas realidades, así que comparte la teoría de Vélez, pues asegura que no es  suficiente tener un alto nivel intelectual para lograr esta supervivencia en el mundo.
Con frecuencia, un niño puede obtener magníficos resultados en las evaluaciones y, a la vez, ser un fracasado al relacionarse con otros en el colegio. Entonces, ¿qué es inteligente y qué no? La cosa no es blanca o negra, tiene variantes y matices.
Un niño puede ser brillante en sus clases y muy malo para jugar fútbol porque no es capaz de trabajar en equipo. También hay superdotados que se aburren en el salón y resultan con problemas de adaptación, incluso “hay niños con autismo que pueden llegar a escribir y a leer muy temprano, pero tienen una grave dificultad para  comunicarse”, afirma el neuropediatra.  Esos casos, más que estudiados y comprobados, han hecho que ahora se hable de varias inteligencias y no solo de la del conocimiento, que es la que tiene que ver con aprender a leer, a escribir, a recibir información  y a guardarla.

El gen

Las investigaciones que se han realizado determinan que la inteligencia tiene una importante carga genética: “Cuando menos se habla, es del 50 por ciento, pero también se ha dicho que puede llegar a ser del 90 por ciento. Eso significa que se hereda en gran medida, así como el color del pelo o la estatura”, explica el neurólogo infantil Álvaro Izquierdo.
No obstante, esta herencia se puede potenciar con el desenvolvimiento del bebé en medio de un ambiente óptimo. Por eso, algunos niños tienen capacidades para la música no solo porque uno de sus padres es cantante, sino porque han estado relacionados con instrumentos y sonidos durante toda su vida.
En la inteligencia también incide la estimulación adecuada, en la etapa de crecimiento correcta, pero no significa que se pueda abusar de los estímulos y, de hecho, puede ser contraproducente. El doctor Vélez resume la actitud correcta en una la frase: “La mejor estimulación no la da una mamá superdotada sino amorosa”.
Los niños que reciben sobreestimulación desarrollan problemas de comportamiento y emocionales, e incluso pueden presentar hiperactividad e insatisfacción.

La alimentación sí importa

Está comprobado científicamente que la falta de hierro en niños y en sus mamás afecta la inteligencia, la atención y el desarrollo cerebral del bebé. También, que los niños desnutridos podrían tener un trastorno en el desarrollo.
Desde hace mucho tiempo se han hecho diversos estudios sobre las propiedades que pueden aportar la leche y otros alimentos a la inteligencia, pero para los especialistas lo único cierto es que la comida adecuada es indispensable para un  buen desarrollo. 
“Una causa de retardo mental prevenible es la anemia por deficiencia de hierro –que sucede en el 50 por ciento de los niños colombianos– y se puede evitar si la madre tiene un buen nivel de hierro en  la gestación, porque estas son las primeras reservas que el bebé adquiere de este oligoelemento”, dice el doctor Izquierdo.