Identifique y trate a tiempo la displasia de cadera

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Por: Abcdelbebe.com
julio 13 de 2011 , 11:46 a.m.

Aunque tiene solución, la valoración y el tratamiento oportuno pueden evitar complicaciones. Cuando no se detecta a tiempo, la cirugía es inevitable.

Durante el chequeo mensual que realiza el pediatra en el primer año de vida del infante, una de la pruebas físicas consiste en revisar la apertura de la cadera. Si está limitada y no abre por completo, es una primera señal de que podría indicar la presencia de displasia del desarrollo de la cadera en el bebé.

Sin embargo, este examen físico como diagnóstico preciso no es confiable, pues en ortopedia infantil hay casos de menores con valoraciones físicas normales y displasias muy marcadas.

“Se trata de la pérdida normal de la relación que existe entre la cabeza del fémur y la cavidad de la articulación de la cadera. Esta cabeza es una esfera que va encajada en dicha cavidad de manera perfecta y cuando hay displasia, tiene un movimiento anormal, lo cual hace que golpee el techo que la cubre y poco a poco lo vaya deformando”, explica el ortopedista Iván Carlos Uribe, del Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt.

La radiografía, la ecografía y la resonancia magnética son métodos más acertados para establecer la existencia de dicha anomalía.

La primera radiografía, por ejemplo, debe efectuarse entre el tercer y cuarto mes de vida. Si después de este tiempo el médico lo considera necesario, ordenará nuevas pruebas para descartar anomalías.

Cuando existe la deformidad, el techo que debe ser cóncavo se vuelve plano y puede hacer que la cabeza del fémur se ubique fuera de su lugar y no encaje debidamente.

Si es muy marcado el movimiento y la cabeza se sale por completo, se habla de luxación.

“Esta se manifiesta más rápido, pues el niño camina más tarde, cojea y tiene una pierna más corta. Puede operarse y corregirse hasta los 10 años. Después de esa edad, se deja la cadera luxada y se espera a que haya dolor para corregir la alteración y hacer reemplazo de cadera”, afirma Uribe.

La cabeza del fémur debe relacionarse de manera exacta con el espacio de la pelvis.

A la hora de tratar la displasia, la cadera debe estar flexionada y en abducción, es decir, que el niño permanezca sentado y abierto de piernas. En esta postura, la cabeza se mete al fondo de la cavidad y deja de golpear el borde externo del techo.

La postura de flexión y apertura favorecen la estabilidad, por lo cual se recomienda mantenerla durante el proceso de desarrollo óseo.

La displasia, según él, ocurre al final del embarazo o al comienzo del primer trimestre de vida del bebé. No hay una causa única y las razones son múltiples (ver recuadro). Se estima que entre el 1,5 y el 3 por ciento de los niños desarrollan displasia.

CÓMO TRATAR LA DISPLASIA

Existen aparatos que permiten corregir la anomalía, como el arnés de Pavlik (sistema de correas para niños menores de 6 meses) y la férula de Milgram (especie de asiento de pasta que se utiliza después de los 6 meses). Esta última se usa máximo hasta que el bebé tenga 18 meses.

Al comienzo, el niño debe utilizar el aparato las 24 horas del día y retirarlo gradualmente hasta dejarlo en las noches. Su uso, en promedio, dura entre 6 y 12 meses.

“El tratamiento consiste en mantener los muslos separados, por lo cual no es recomendable ‘entabacar’ los niños”, indica el ortopedista Jaime Orlando Garzón, de la Clínica Marly.

Por otra parte, no existen síntomas o manifestaciones certeros que permitan detectar la displasia en los primeros años: el niño camina sin cojear y no se ve una pierna más larga que la otra. Sin embargo, con el paso del tiempo, la cadera del infante puede desgastarse. Además, aparecen dolor, cojera y pérdida de movimiento.

“Lo ideal del tratamiento es hacerlo en el primer año de vida. Si la displasia no se trata, se acelera el desgaste de la articulación, requiriendo un reemplazo de cadera en la edad adulta”, señala el ortopedista Garzón.

El costo del tratamiento lo cubre el POS, pero no el de los aparatos, que oscila entre 40 y 60 mil pesos.


Causa y efecto

Aunque no existe una causa clara, estos factores podrían favorecer su desarrollo:

- Bebés elásticos. Sus ligamentos se estiran mucho y en vez de fijar la cabeza del fémur en su lugar, permiten que la cabeza se mueva más de lo normal.

- Niñas. Como género, sus ligamentos son más elásticos.

- Presión anormal del útero. Si viene sentado, la parte angosta del útero presiona las caderas del bebé y esto puede deformarlas y desencajarlas.

- Embarazos gemelares. Vienen muy apretados.

- Bebé de gran tamaño.

- Muy poco líquido amniótico en el útero al final de la gestación.

- Primer embarazo, pues el útero nunca se había distendido tanto.

- Herencia. La elasticidad en los ligamentos es hereditaria.

Andrea Linares G.

Redactora ABC del bebé