El llanto de un niño: ¿qué significa en cada etapa?

El llanto de un pequeño tiene mucho que decir de su salud física, emocional y cognitiva.

Bebé llorando

El llanto desesperado, el enrojecimiento del rostro y los puños presionados son algunos indicadores de que tu bebé sufre de cólicos.

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Por: ABCdelbebe.com
octubre 29 de 2018 , 10:00 a.m.

Los estudios indican que, en la naturaleza, los seres humanos son la única especie que liga su llanto a los sentimientos, lo que hace que llorar, desde la niñez, se establezca como una forma de expresión, de comunicación continua y de lenguaje para conectarse con los demás y el entorno.

Es incluso, dice Olga Francisca Salazar, pediatra y puericultora, “un signo de vitalidad y salud en el recién nacido. Cuando el niño llora por primera vez, con un llanto vigoroso, desplaza el líquido pulmonar con el que viene desde el vientre, para permitir el intercambio del oxígeno con el exterior”, lo cual, continúa la experta, se entiende como el indicador de un buen desarrollo neurofisiológico.

Igualmente, un estudio realizado en 2017, por la Universidad de Ámsterdam, en los Países Bajos, confirmó lo dicho por científicos y médicos en las últimas décadas: es necesario y provechoso que el bebé llore para activar los pulmones en el nuevo escenario de vida.

El mismo trabajo ratificó que el primer llanto tiene grandes efectos sobre la salud, tanto en el bebé como en la madre. En el primero, contribuye a estimular la respiración voluntaria del recién nacido y a eliminar el líquido amniótico y las mucosidades que trae en la boca, la nariz y en los conductos respiratorios.

A la vez, ese primer llanto tiene beneficios en los planos psicológicos y hormonales de mamá, pues le brinda seguridad al escuchar que su pequeño llora y respira, lo cual le ayuda a superar el estrés del parto.

Por lo anterior, resulta importante que los padres conozcan las características del llanto en las diferentes etapas de la niñez, para identificar su origen, cómo atenderlo y en qué casos es necesario acudir al pediatra.

El llanto del recién nacido (Primer mes de vida)

Según el doctor William Cabra, pediatra del Country Medical Center, “adicional al sentimiento, el llanto en esta etapa está ligado a las necesidades primarias del pequeño: hambre, calor, frío, incomodidad por el pañal sucio o por una prenda apretada, molestia por estar en una mala posición o, simplemente, deseos de recuperar el calor, el afecto, el olor de mamá, que nadie puede reemplazar y que conoce desde el vientre”.

El especialista explica que al llanto por estas razones se le llama ‘adaptativo’, y que sirve tanto al niño como a la madre para comunicarse entre sí. Al bebé le permite generar un sistema no verbal de interacción, que en ocasiones va acompañado de cambios en la expresión facial y en los patrones de respiración, y a la madre, poco a poco, le ayuda a identificar, instintivamente, por qué llora su bebé, dependiendo de la hora en que lo hace, su intensidad y duración.

La docente y pediatra de la Universidad de Antioquia Olga Salazar sostiene que esa conexión madre-hijo se da, incluso, “antes de los 15 días de vida del pequeño, por ello, en la primera cita con el pediatra, cuando la madre dice saber por qué llora su pequeño, resulta importante que describa cómo es ese llanto, para que le facilite al profesional determinar el estado de salud del menor y si su desarrollo es el adecuado”.

Al respecto, en 2017, un grupo de investigadores de la Universidad de Warwick, en Reino Unido, analizó la razón del llanto en los primeros meses de vida, para verificar los parámetros de duración, la intensidad y los horarios que se relacionan con su origen. El trabajo publicado en la revista Pediatrics contó con 8.700 niños, encontrando que en las primeras semanas de vida, los bebés lloran de media a dos horas al día promedio. Entre las dos y seis semanas, el llanto puede alcanzar las dos horas y cuarto diario y, a partir de la semana 12, el promedio del llanto baja hasta llegar a la hora y diez minutos, aproximadamente.

El llanto del lactante  (3 a 12 meses de vida)
¿Qué hay detrás del llanto de tu niño?
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Al primer mes de vida, el bebé deja de ser un recién nacido para pasar a la etapa del lactante menor, y el llanto empieza a darse por otras razones diferentes a sus necesidades primarias. “Si bien en la mayoría de los casos el llanto no es un síntoma de enfermedad, hay condiciones en las que lloran como respuesta a ciertas patologías: reflujo gastroesofágico, cólicos o estreñimiento, entre otras afecciones no graves”, indica Andrés Felipe Torres, pediatra del Hospital Infantil Los Ángeles, en Pasto, Nariño.

Precisamente, un estudio de la Universidad de Warwick encontró que los niños, en los primeros tres meses de vida, lloran en gran medida por los cólicos del lactante. Para determinar si llora por un malestar estomacal relacionado con la lactancia, “se requiere que la madre se autoevalúe y analice si al momento de alimentarlo está o no en un buen estado anímico, sin tensiones, preocupaciones y si come saludablemente, pues todo esto influye en el sistema gastrointestinal del pequeño, creando un círculo vicioso que lo altera y le produce un llanto incesante”, dice Torres. Ahora, si lamentablemente el bebé no recibe leche materna, el pediatra entrará a analizar si el tipo de leche es la indicada para el bebé.

Por otra parte, los especialistas hablan del espasmo del sollozo, que consiste en una pausa en la respiración después de un llanto intenso, que puede llevar al bebé a ponerse morado (cianótico) o pálido y a perder momentáneamente la conciencia. En estos casos, la actitud del adulto debe ser de calma, llevar el niño a un espacio aireado, donde esté cómodo para recobrar la tranquilidad. Luego, aflójele la ropa y retire objetos con los que pueda lastimarse. Permita que se tranquilice y háblele suavemente invitándolo a que tome una siesta.

El doctor William Cabra advierte que ante un llanto inconsolable, persistente, que no mejora con medidas usuales y si, además, se acompaña de otros síntomas como espasmos e irritabilidad, el bebé debe ser valorado por un médico.

El llanto de los más grandecitos (1 a 3 años)
niño llorando

El llanto les sirve para transmitir emociones como la rabia, el miedo, la tristeza y la frustración.

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En esta etapa es primordial comprender el llanto de los niños, pues como dice el doctor William Cabra, “antes de los 2 años, el cerebro se desarrolla hasta en un 85 por ciento, y si el pequeño no recibe la atención adecuada, esto puede influir en su desarrollo y, posteriormente, en su comportamiento”.

El llanto en los niños de estas edades puede relacionarse con razones diferentes a las de las etapas anteriores, pues es un pequeño que ya se expresa, así sea con un lenguaje básico, pero tiene la capacidad de localizar el dolor y decir qué le molesta.

La doctora Olga Salazar anota que el llanto les sirve para transmitir emociones como la rabia, el miedo y la tristeza, de manera que un niño mayor de un año puede llorar por situaciones como la frustración, es decir, utiliza el llanto como una expresión de reclamo o descontento. Por ejemplo, si llora por miedo, ese llanto suele ser explosivo, la intensidad no es tan alta y lo manifiesta en su rostro con asombro.

El llanto del preescolar (3 a 5 años)
niños llorando

Los niños pueden buscar atención o estar entrando en la edad de los berrinches, cuyo llanto es diferente al que se da por dolor o malestar.

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A medida que los niños crecen, son más expresivos, dialogan mejor y el llanto será menos frecuente, pero si se da, hay que atenderlo. “Los niños pueden buscar atención o estar entrando en la edad de los berrinches, cuyo llanto es diferente al que se da por dolor o malestar, porque este puede involucrar gritos e incluso llegar a la agresividad”, dice el pediatra Andrés Felipe Torres.

Olga Salazar sostiene que las pataletas hacen parte del proceso para lograr autonomía y deben entenderse como normales pero “si las pataletas son persistentes, o los niños acuden a ellas para comunicarse, hay que revisar el manejo de las normas en el hogar, la coherencia entre los cuidadores y dialogar con el menor, para concertar rutinas y actividades que lo mantengan ocupado”. Ella añade que “el llanto en esta etapa puede asociarse con depresión, maltrato, acoso y otras situaciones que hay que indagar, sobre todo si generan un retroceso en logros como el control de esfínteres; si influyen en su rendimiento escolar; producen irritabilidad o trastornos del sueño, entre otras manifestaciones”.