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Estaba a punto de escribir este post cuando leí en eltiempo.com que una mujer le había pegado a su hijo de no sé qué manera inmisericorde por robarle 2 mil pesos. Leí el titular rápidamente y pasé de largo, porque no suelo gastar tiempo en ese tipo de información. Sin embargo, no es una noticia que se pueda pasar desapercibida e intenté buscar las razones por las que una madre maltrata a su hijo.
En el primer piso de la torre en la que vivo, una mamá de quizás 27 años, le dice a su hijo que es un torpe y que ni siquiera un niño de 3 años hace lo que él, a los 7. –Estúpido, métase a bañar-, se alcanza a escuchar hasta el baño de mi apartamento. De verdad que he querido tener las agallas para decirle, cuando me la encuentro de frente, que si no quería tener un hijo, debió usar anticonceptivos. (¿Y si todos los hijos fueran deseados?) Especulo que es completamente inconsciente de la responsabilidad que tiene sobre la vida de ese pequeño, de las palabras que le dice a diario, de lo tonto que se sentirá por siempre, frente a sus amigos, a sus jefes o a sus parejas, porque su madre se lo hizo saber a diario.
He empezado a creer que se ha hecho costumbre maltratar a los niños. Seguramente los papás creerán que eso de maltratar se refiere a las noticias de una mujer que quema a su hijo en la estufa o le marca el cable de la plancha en la espalda; pero también lo es darle una palmada en el brazo y decirle que está sorda, como hacía una mamá con su hija de 6 o 7 años, en la silla junto a la que yo iba en un bus. –Ya no te repito más, deja de ser sorda-, le decía, y al rato la niña la abrazaba y le daba un beso en la mejilla.
Luego, en un supermercado vi cómo una mujer fue golpeada accidentalmente en el tobillo con las ruedas del carrito que su hijo manejaba detrás de ella: -No sea tonto, fíjese lo que hace-, y el niño solo le contestó –es que quería ir adelante-.
En esos momentos me surge el instinto de golpear a esas madres maltratadoras con un gran bate de goma, pero incurriría en su misma falta y me pregunto qué respuesta tendría si ahí, en el supermercado o en el bus, les digo que si no quieren ser madres, siempre habrá alguien que desee amar a sus hijos.
¿Es carencia de afecto lo que lleva a los adultos a maltratar a un niño?, también lo es la ignorancia, la ausencia de empatía, la falta de humanidad. Pero a pesar de pensarlo tanto, me di cuenta de que si no fuera tan cobarde, le habría dicho a esas tres madres que he visto últimamente que no esperen que un niño se comporte como adulto, no puede quedarse callado, quieto, mudo, porque la infancia perdería su esencia y si el pequeño es caprichoso o pataletudo no es más que el resultado de la propia acción de ellos, los adultos, sobre su hijo.
-No sea sapa, vieja metida, no es su problema-, sería seguramente la respuesta, tomarían al niño bruscamente del brazo y se irían.
