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Los abuelos son un regalo. En ellos están el pasado, el presente y el futuro; en los nuevos padres están el amor y la continuidad de los valores que ellos transmitieron.
Solo tuve abuelos paternos y por poco tiempo por un cambio repentino de país. Visité a mi abuela cuando esperaba a mi tercer hijo y pude escuchar por última vez sus dulces melodías, ver sus delicadas manos tocar su antiguo piano, sentir el inolvidable aroma de sus flores de Jazmín y saborear sus tradicionales rosquitas de ajonjolí recién horneadas. Durante los cortos momentos que la disfruté, sus sabias palabras me enseñaron mucho. Hoy, cuando veo a mis hijos gozar con sus abuelos, quisiera que estos ratos de diversión mutua duraran toda la vida.
Como padres, apoyarnos en los abuelos sirve para fortalecer los vínculos familiares y recibir un sostén construido con un fuerte amor que nos permite tomar, cuando las necesitamos, las enseñanzas de sus años vividos para llevar a cabo nuestro papel de padres. Que mejor que la respuesta a la ayuda que les pidamos sea por ellos entregada con base en el respeto de nuestro rol principal como padres y con el valioso aporte del desinterés por parte de ellos, una buena influencia con acompañamiento, sin juzgamiento.
Los abuelos reflejan la historia nuestra y la de nuestras familias, es algo así como una forma de mirarnos un poco y entender lo que somos y de donde venimos. Además, los abuelos son seguridad, compañía, amplitud, generosidad.
Cuando nos convertimos en padres, que bueno podamos acudir a nuestros padres para pedirles que nos cuiden, nos den cariño, protección, escucha y ánimo; que bueno que estén ahí si los necesitamos y los escuchemos decir palabras lindas que nos hagan sentir como personas importantes que empiezan a recorrer el camino de la crianza. Cuando ellos se convierten en abuelos, quien mejor que ellos para que compartan su corazón con nuestros hijos, los besen, los alcen, los acaricien, jueguen con ellos, los mimen y los amen, con un amor tan grande como el que tuvieron cuando se convirtieron en nuestros padres. Ellos también jugaban y leían cuentos como nosotros y como lo harán nuestros pequeños, ellos reviven sus juegos cuando ven a sus nietos jugar.
Disfrutemos a los abuelos y miremos con ternura su tiempo con sus nietos. Que la vida les permita muchos años de felicidad y que los niños puedan pedirles que les lean y vuelvan a leer muchos cuentos! |
