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Seis meses de complicidad

Por: Monica Toro
Miércoles, 4 Julio 2012 - 12:22pm
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Fue a las 8:45 de la mañana. Me enteré, por medio de una prueba casera, que sería mamá. Lo deseaba. Pero, de inmediato, cerré nuevamente la ventana de la prueba que marcaba las dos rayas azules. Me miré al espejo. A mí, arribaron sentimientos de alegría, preocupación, gratitud y hasta de incredibilidad. Después llegó lo mejor. El sentimiento de la compañía eterna. Desde ese día, jamás he vuelto a sentirme sola, incluso cuando lo estoy.


 

Desde el 29 de enero me acompaña mi amada Guadalupe. Es ella mi única cómplice. Aquella que lo sabe todo: lo que siento, lo que deseo, lo que pienso a ciencia cierta. Con ella hablo, me divierto, me distraigo. Con ella voy al gimnasio, a trabajar, a mercar. Con ella comparto mis sueños, mis tiempos libres y hasta mi estrés. Con ella me ducho, conduzco, cocino. Con ella me arruncho, leo y hasta planeo. 

 

Es ella, mi Guadalupe, la única que entiende que no tengo mejor plan nocturno que llegar a casa, acostarme y poner mis manos en el vientre, para deleitarme con sus brincos y movimientos. 

 

Es ella, la que comprende mis dolores de espalda, mi espasmo en el cuello, mi alteración en el sueño. Es ella la que percibe mis cambios hormonales, físicos y de ánimo. Es ella, la única que ha ensanchado mis caderas, ha aumentado mi busto y ha pigmentado mis pómulos.

 

Es ella, la que ha dado mucha más vida a mi sensibilidad sexual. Es ella, en realidad, quien sabe que estoy ansiosa por su llegada, pero también nerviosa al enfrentarme a su primer llanto, cólico y a su primer puesta de pañal. Es ella, mi Guadalupe, la que conoce que tengo planeado ser maravillosa, pero no una perfecta mamá. 

 

Es ella, la que me entiende cuando lloro sin razón alguna. Es ella, la que capta que me preocupan la salida de estrías y el aumento exagerado de peso. Es ella, quien vive mi fatiga al subir escaleras y mi molestia cuando un desconocido me toca la panza. 

 

Es ella, la que comprende que ya camino más despacio, que me despierto cada 3 horas para ir al baño, que necesito ubicar una almohada entre las piernas cuando estoy acostada, que me preocupo por dormir solo para el lado izquierdo y que algunas veces concilio el sueños hasta con los ojos abiertos. 

 

Es ella, la única que sabe con certeza la felicidad que siento de llevarla dentro de mí. Es ella, la que ora conmigo, dando gracias a Dios y a la Virgen de Guadalupe por habernos dado esta oportunidad de encontrarnos en el camino, para seguir siendo las cómplices que somos desde hace ya 6 meses. 

 

Es ella y son los hijos, los que cambian tus prioridades, tu cuerpo, tus pensamientos, tu sueño, tu alimentación, tu tiempo. Son ellos, los que te dan un amor sincero. 

 

Mi Guadalupe, una complicidad eterna hasta el último de nuestros suspiros. 

 

Sígueme en Twitter: @soy1mujerfeliz

 

 

 
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