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Con 2 años, el niño es movimiento puro

Con 2 años, el niño es movimiento puro
Lunes, 6 Agosto 2007 - 7:57pm
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El desarrollo del pequeño está relacionado con la estimulación que recibe de los adultos. Correr, brincar o bailar son actividades valiosas para su crecimiento físico e intelectual.

El cociente intelectual de los niños es inmodificable. Estimularlos no los hará más inteligentes, pero sí permitirá que las habilidades con las que cuentan sean explotadas o potencializadas. Un niño atento, inquieto por el conocimiento, juguetón y vivaz, es el resultado, en un gran porcentaje, de la crianza dedicada de los padres; así como un pequeño tímido, con dificultades para socializar y para rendir en el colegio, refleja la poca atención que han prestado los padres en su desarrollo.

Lastimosamente, con el ritmo de vida actual, es poco el tiempo con el que los adultos cuentan para dedicárselo a sus hijos; sin embargo, no es excusa para dejar de realizar actividades sencillas que aportan herramientas muy valiosas para obtener un proceso óptimo. Si los padres conocen las habilidades que el niño debe ir adquiriendo con la edad, será mucho más fácil estimularlo.

Correr y brincar

Cuando los pequeños cumplen 12 o 18 meses, han empezado a dar sus primeros pasos que quedan registrados en el álbum familiar. Pero cuando ya cumplen los 24 meses, van a querer llevar esos pasos más allá de la velocidad que hasta ahora consideraban convencional, y empezarán a correr, primero en una carrera torpe, pero después, cerca de los 3 años, van a poder hacerlo en grupo y sin chocar contra sus compañeros. “Cada nueva habilidad es la base de la anterior y el principio de la que viene; en cada etapa del niño siempre vamos a tener algo para enseñar”, dice Julio Doná, licenciado en educación física, experto en kinesiología y director del centro de estimulación La Academia.

A los 29 meses, el niño es capaz de jugar en un pasamanos y usarlo sin dificultad; a los 36, va a poseer una mayor velocidad, que le permite correr alrededor de un objeto. Lo ideal es que los adultos vayan haciendo más complicados los obstáculos para hacer que el niño se exija más en cada una de las metas propuestas y, por lo tanto, piense más.

“El movimiento está relacionado con la mente. A mayor movimiento que realice el niño, mayor capacidad de pensamiento poseerá. Por otro lado, si el pequeño es sedentario, tiene más riesgo de sufrir problemas de aprendizaje”, añade Doná.

En muchos casos, lastimosamente, los padres imparten órdenes para que el niño esté estático, sentado, siempre juicioso y que no se oiga su presencia en la casa y, definitivamente, la esencia del desarrollo de los pequeños es jugar, indagar y moverse. La fonoaudióloga del Centro Psicológico del Aprehendizaje, CPA, Jenny Prieto, explica que entre los 24 y 48 meses los niños deben tener un promedio de 250 palabras en su vocabulario y deben expresar lo que ven a su alrededor y sus necesidades de forma clara: “quiero tetero” o “tengo sueño”.

Pero hay pequeños a quienes no se les han brindado las bases de un desarrollo del lenguaje; por ejemplo, aquellos que pasan largas jornadas viendo televisión. Este instrumento no le garantiza una retroalimentación en la que pueda practicar pronunciación y aprender vocabulario; eso se traduce en que más adelante va a leer y hablar mal. “El lenguaje es un proceso que va paralelo al pensamiento; entonces, estos niños se exponen a tener una deficiente capacidad de argumentación y análisis”, señala la fonoaudióloga.

A los 48 meses

Cuando llegan a los 4 años de edad tienen un desarrollo motor más avanzado. Entonces, por ejemplo, pueden patear un balón, lanzarlo, montar en triciclo, hacer juegos de encaje (en el que unos lazos entren por orificios, por ejemplo). Son ideales los juegos en los que se untan las manos de pintura y las ponen sobre un papel.

Un error frecuente de los padres es que les licuan las comidas o les dan alimentos suaves con frecuencia, como papillas; la sicóloga especialista en desarrollo infantil del CPA, Beatriz Parra, señala que “el niño ya debe aprender a masticar, a tragar; porque esto favorece el desarrollo de su lenguaje”.

¿Que hacer frente a las deficiencias?

Un niño al que no le hablan, no le preguntan, no lo incentivan a hablar, no le dedican tiempo para el juego, tendrá problemas en su desarrollo normal.

“Actualmente hay muchos pequeños en terapia ocupacional y solo porque los padres no les dedican tiempo y no salen con ellos al aire libre, por ejemplo a un parque”, dice la fonoaudióloga del Centro Psicológico para el Aprehendizaje Jenny Prieto.

Generalmente, tras el deficiente desarrollo en las actividades escolares, al compararlos con niños más activos de su edad, o darse cuenta de que no realizan actividades para su edad, se puede determinar que algo sucede.

El pediatra generalmente lo remite al experto, como el fonoaudiólogo o terapista ocupacional. Allí se le hace un diagnóstico y se comienza el tratamiento, que está basado en juegos; también se emplean aparatos sencillos que les permiten estimular su fuerza, alcance y coordinación.

“Todo depende de los padres, si el tratamiento es rápido o más demorado. Los adultos deben tener disposición y entrega en el proceso. Aunque muchas veces los problemas son causados porque no tienen tiempo y el niño se la pasa muchas horas frente al televisor, también he visto padres muy trabajadores y sus niños tienen un desarrollo maravilloso”, concluye la fonoaudióloga.

Ejercicios para ninos pilos

La participación de los padres en el desarrollo de los hijos es esencial, para que ellos logren las metas adecuadas en cada edad. Realizar actividad física estimula su desarrollo físico e intelectual. Con elementos básicos como un carro de juguete, una pelota o hasta una caja de cartón, los pequeños serán creativos.

A través del juego, los niños aprenden a ser ordenados, a concentrarse, estar atentos y empezarán a aplicar esas normas a su cotidianidad.La esencia de la estimulación es que el niño salga de la pasividad. Puede saltar sobre cojines, jugar con balones, golosa, saltar con lazos y aros.

Puede exponer a los niños a sonidos y texturas, permitiendo que pinte, recorte, pique en icopor, cante o baile. A los dos años déle un rompecabezas sencillo, por ejemplo de seis piezas. A los 3 años de edad ya puede ser de 20 piezas. Los padres deben jugar con su hijo por lo menos 10 minutos al día cada uno, por ejemplo, con juegos de construcción o que representen la cotidianidad, como una losa o herramientas y pregúntele de qué objeto se trata. Para estimular el lenguaje, puede llevarlo al cine y después pedirle que comente la película. Use los juegos de memoria con figuras sencillas que pueda memorizar y luego repetir. Cuando el pequeño hable, no deje que lo haga con errores, usted debe corregirle cariñosamente y hablarle con claridad.

Llévelo al parque, también al supermercado y enséñele los nombres de lo que va a comprar; también puede pedirle que le diga todos los nombres de personas o de objetos que recuerde.

Por Juliana RojasRedactora ABC del bebé.

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