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¿Cuándo se deben sacar las amígdalas?

¿Cuándo se deben sacar las amígdalas?
Viernes, 2 Febrero 2007 - 6:11pm
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Aunque las amígdalas y las adenoides sirven para proteger al organismo de las infecciones, para algunos niños también pueden ser una fuente de enfermedades. Conozca los motivos que obligan su extracción.

Las amígdalas y las adenoides son consideradas las guardianas del cuerpo, pues lo protegen de las enfermedades. Sin embargo, en ocasiones pierden la batalla contra las bacterias y los virus y son invadidas por las infecciones, provocando su aumento de tamaño. Cuando esto ocurre repetidamente, es señal de que deben extraerse, pues pueden producir trastornos en la respiración, en la garganta y en el oído.

Las amígdalas son un tejido glandular localizado en la garganta.

Las adenoides son un cúmulo de tejido linfático situado entre la nariz y la garganta. No son visibles como las amígdalas, pues están escondidas detrás del paladar. Se pueden ver con un espejo especial que permite observar dentro de la nasofaringe o mediante el uso de un endoscopio flexible a través de la nariz.

Durante la niñez, se encargan de retener las bacterias y virus que entran por la nariz y la boca. Además, fabrican anticuerpos durante los primeros cinco años de vida.

“En los niños, la mayoría de las infecciones son por virus. O sea, que ante una gripa las amígdalas o las adenoides se inflaman, dan dolor de garganta, se ponen rojas y pueden verse con punticos blancos. Un porcentaje menor es producido por bacterias como el estreptococo, que puede originar inflamaciones severas y requieren tratamientos más especializados”, afirma la otorrinolaringóloga pediatra Frida Scharf.

Los síntomas de infección, por lo general, se inician con fiebre, dolor de garganta, paladar y cabeza; dificultad para tragar, vómito e inflamación de los ganglios del cuello. Además, la faringe se enrojece y las amígdalas o las adenoides aumentan de tamaño. Si es bacteriana, se pueden visualizar cúmulos de pus en forma de placas.

Los problemas que afectan principalmente a las amígdalas y adenoides son las infecciones repetidas y el crecimiento exagerado, que pueden obstruir la respiración y la deglución.

Cuando hay oclusión de la respiración se producen ronquidos y perturbaciones en el sueño, provocando somnolencia y problemas de comportamiento. Además, obliga al niño a respirar por la boca y esto hace que se alteren la musculatura de la cara y la formación de los dientes. “La respiración oral no es fisiológica, pues el cuerpo necesita la nariz para calentar, filtrar y humedecer el aire. Si no ocurre esto, la boca no lo puede hacer y, en cambio, la lengua lo enfría y lo seca y el pulmón tiene que trabajar más para poderlo limpiar. Esto puede hacer que el corazón trabaje el doble y se origine una insuficiencia cardiaca”, indica Scharf.

Las infecciones crónicas, en cambio, pueden afectar áreas como la trompa de Eustaquio y provocar infecciones en el oído, como otitis.

Indicadores de la cirugía

Existe una serie de características que determinan la necesidad de la extracción, mediante un procedimiento quirúrgico.

La primera es, si en un periodo de dos años, el niño ha tenido entre tres y cinco amigdalitis anuales. La segunda es cuando el gran tamaño de las amígdalas o de las adenoides interfieren con la respiración. La tercera es una inflamación alrededor de la amígdala con secreciones de pus. La cuarta es porque se vuelven portadoras continuas de estreptococo, que pueden infectar otras partes del cuerpo.

También se puede evaluar la extracción cuando producen mal aliento o una está más grande que la otra, pues puede ser un linfoma que genere cáncer. Además, si el niño tiene reflujo es una buena opción, porque el ácido gástrico las puede infectar continuamente.No se debe realizar cuando el pequeño presenta contraindicaciones quirúrgicas, desnutrición, problemas hemorrágicos, entre otras.

Cómo prevenirla

Mantenga alejado a su niño de cualquier persona con amigdalitis o dolor de garganta. No comparta los utensilios, vasos, cepillos de dientes, etc., con cualquiera que tenga amigdalitis o dolor de garganta. Lávese las manos (y las de su niño) frecuentemente. Cúbrase la boca cuando tosa o estornude, y enseñe a sus hijos a hacerlo también. Es posible que alguien (especialmente un niño) lleve la bacteria estreptococcus (una causa común de la amigdalitis) sin presentar ningún síntoma de la infección. Esta persona actúa como un portador y puede transmitir la infección a otra persona.

Amigdalectomía y adenoidectomía

Ambos procedimientos quirúrgicos son realizados con anestesia general, con un riesgo anestésico al igual que cualquier otra operación. Normalmente no se operan las amígdalas sin sacar las adenoides.

Hay diferentes técnicas para realizar la amigdalectomía.

Bajo anestesia general, se reseca la amígdala y con un bisturí se extrae y luego se sutura. Esta es la que menos dolor produce, pero existe riesgo de un desgarro. Es la más común. Se hace con un electrocauterio con el que se va quemando la amígdala. Es relativamente rápida, pero en ocasiones no se puede medir hasta dónde va la quemadura. Consiste en hacer una quemadura en frío con un bisturí armónico. “Teóricamente esta intervención tiene muy pocos problemas, sin embargo, el equipo es muy costoso y ni las prepagadas ni el POS la aceptan”, afirma la otorrinolaringóloga pediatra Frida Scharf. Es mediante el láser, aunque tiene el inconveniente de que las amígdalas pueden volver a crecer porque solo se hace un corte parcial. Las adenoides se operan también con anestesia general y se hace una especie de ‘raspado’, resecándolas.

Cuidados postoperatorios

La recuperación de la adenoidectomía es muy rápida y el niño al siguiente día ya puede ir al jardín o al colegio. Lo único que no debe hacer es meterse a una piscina las siguiente dos o tres semanas, pues el agua infectaría la garganta. Durante unos cuatro o cinco días, el niño no respira muy bien debido a la aparición de unas costras, que luego se caen.

La amigdalectomía, en cambio, sí tiene un proceso postoperatorio más doloroso y de cuidado. Generalmente, el niño presenta inapetencia, tiene dolor de cuello y la inflamación es severa. En los dos primeros días, come bien, pero luego, cuando la hinchazón aumenta, le empieza a doler cuando traga y, por ello, rechaza la comida. El primer día se dan líquidos, helados y gelatinas. Al segundo, ya se debe empezar con la dieta blanda.

Sin importar la técnica que se use, siempre hay riesgo de sangrado, porque en esta zona es abundante en vasos sanguíneos.

Por Juan David Cárdenas P.Redactora ABC del bebé.

Comentarios (1)

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bosnia2
Hace 1 año
Había tenido problemas crónicos con mis amígdalas incluyendo cálculos amigdalinos, mucosidad blanca y mal aliento. Leí un material en http://www.remediemos.com/salud05.htm y seguí sus consejos. En tan solo unos días me fui sintiendo mejor. Tengo que decir que esta es la mejor manera y vaya que intenté todo antes. Se los comparto como un buen remedio y experiencia, saludos.

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