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Danza, una actividad artística que fomenta la valoración y la expresión corporal

Danza, una actividad artística que fomenta la valoración y la expresión corporal

La actriz Natasha Klauss cuenta cómo la danza marcó su vida familiar y actoral.  

Danza, una actividad artística que fomenta la valoración y la expresión corporal
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19 de Agosto de 2011
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La actriz Natasha Klauss cuenta cómo la danza marcó su vida familiar y actoral.

 

Mirarse y moverse frente al espejo, hacer mímica, bailar cualquier tipo de música y actuar eran las actividades que Natasha Klauss disfrutaba en su niñez.

Nació y vivió hasta su adolescencia en Barranquilla. Cuando tenía cinco años su madre la matriculó en la academia de las bailarinas Gloria Peña y Judy Rincón de Manotas. Su formación, hasta los ocho años, estuvo en medio de baletas, cintas y tutús del ballet clásico. Apasionada por el folclor, comenzó su proceso en esta área hacia los 12.

Su rutina era extenuante y a la vez divertida. Llegaba del colegio, almorzaba y casi ‘con el último bocado’, salía corriendo para la academia. Entrenaba tres horas diarias y, al llegar a la casa, ensayaba.

“Recuerdo que en todas las reuniones familiares sacaba la falda y bailaba de todo. Mi hermana mayor dice que más se demoraba mi mamá en decirme, que yo en ponerme el vestido”.

En esa época, le ofrecieron una beca para estudiar ballet en Rusia. Pero, a causa de los conflictos que se vivían en ese país, su mamá no aceptó. Participó en las comparsas de los precarnavales de su ciudad, a través del grupo de la escuela. Al graduarse, a sus 16 años, su sueño era ser bailarina de un cantante famoso.

Antes de trasladarse a Bogotá, estudió baile de salón y fue la directora de una comparsa infantil. A partir de esta experiencia, dice que “el niño es juego y tiene la posibilidad de permitirse ser. Aunque el profesor tiene un montaje y sigue una disciplina, el pequeño termina haciendo todo a partir de sus habilidades”.

Pero su vida dio un giro de 180 grados. Como consecuencia del extenuante ritmo que llevaba, desde muy joven, sufrió un problema de rodilla; incluso fue operada de los meniscos. “Caminaba y me quedaba ‘tiesa’, me tocaba destrabar la rodilla; me vivía infiltrando todo el tiempo. Solo concebía bailar”, cuenta.

La ex bailarina llegó a Bogotá con dos objetivos claros: asistir a una cita médica para evaluar su molestia y presentarse al Ballet de Colombia de Sonia Osorio: “Siempre pensé que tenía que pertenecer al mejor grupo de danza del país. Hice la audición y me escogieron, pero debía esperar uno o dos meses a que arrancara la escuela”.Días después, fue al médico. El diagnóstico: debían operarla de urgencia. Natasha, sorprendida, le explicó al doctor: “Mi profesión es el baile”.

Él respondió: “Ah, ¿clases de baile? ¿Cuántas horas?” “No son clases comunes. Entre 7 y 8”. –Si sigues bailando, en cinco años te estoy operando de cadera;  no vas a poder caminar.–Pero… ¡Yo soy bailarina!–No. Debes cambiar de profesión.

Una conversación que quedó grabada la mente de Natasha: “No pensé que me fuera a cambiar la vida. La diferencia entre esto y un accidente no era mucha”.

La cirugía fue compleja. Aun así, asistió a los precarnavales de noviembre, una oportunidad para cerrar esta etapa. Después, “la rodilla se me inflamó, me tocó parar y hacer más terapias”, recuerda.

Después de este cambio abrupto, estudió comunicación audiovisual; luego, comunicación social, pero finalmente se decidió por la actuación. “Me enamoré del teatro. Para mí, el baile es un estado de meditación activa y profunda. En la actuación me ha pasado lo mismo, pero con algunos trabajos”.

En esta carrera se ha dado cuenta de los beneficios que le ha dado el baile: “Si no hubiera sido bailarina, seguramente tampoco actriz. Para mí es normal crear el cuerpo de un personaje y, a partir de eso, acciones. Hay actores que no se mueven; yo lo hago por instinto”.

 

Con sus hijas…El arte es la única herramienta para permitir que los niños se expresen, puntualiza Natasha. Ella cree que los pequeños, por instinto, eligen una actividad; por eso, es importante observarlos e identificar sus gustos. Por ejemplo, cuenta que su hija de 10 años, Isabel, rayaba todas las paredes de la casa; incluso, tuvo su propio mural: “Me di cuenta de esto y la metí en clases de pintura, una de las pocas actividades en las que se concentraba, se expresaba y que le permití que desarrollara sin presión. Como papás, no hay que frustrarse. Hay que darles tiempo para ver su constancia”. También juega con libros de diseños de moda y escribe historias.

A Paloma, la pequeña de dos años, “le gusta mirarse en frente del espejo, hacer mímica y moverse mucho, pero está muy chiquita para saber qué quiere”, agrega.

Natasha dice que el arte es una posibilidad de inculcar valores en sus hijas para que sean emocionalmente sanas: “A través del baile, por ejemplo, tienes una manera de desahogar las emociones y transformarlas. Tus energías trabajan continuamente, y yo creo que fui una niña feliz, principalmente porque bailé”, confiesa.

La expresión corporalReconocer el cuerpo y la capacidad de moverse son una habilidad innata y casi obvia en los niños que los padres deben estimular e identificar.

“Más que tener contacto con la danza, en la primera infancia es importante potenciar las capacidades corporales. Sembrar en los niños una curiosidad por el cuerpo y darles oportunidades suficientes para su desarrollo”, afirma Ángela Beltrán, coordinadora del grupo de danza del Ministerio de Cultura.

Actividad que va de la mano con la música, añade, pues las habilidades de expresividad se trabajan en conjunto en esta etapa de la vida.

El estímulo de esta práctica debe comenzar con cantos, arrullos y juegos para saltar, caer, girar, rodar o correr. Esta situación previa puede darle al pequeño la experiencia necesaria para encaminarse a un tipo de arte, como la danza. Según Ángela, “los juegos del cuerpo son un impulso natural. Al jugar y moverse, los niños reconocen su fuerza y su cuerpo, y el de los demás”.

Igualmente, la danza y la educación corporal integral son fundamentales en todas las edades; permiten la revelación y la construcción de relaciones humanas. “Son caminos de resolución y trascendencia de conflictos profundos, así como de expresión y comunicación insospechados”, indica Álvaro Restrepo, cofundador y codirector de El Colegio del Cuerpo, junto con la bailarina, coreógrafa y pedagoga francesa Marie France Delieuvin.

 

Múltiples beneficiosSegún Francisco Gómez, coordinador del programa de danza de la Academia de Artes Guerrero, esta actividad desarrolla la inteligencia emocional, ya que potencia la percepción sensible del entorno y el desarrollo de lenguajes expresivos y afectivos. Ayuda a manejar la timidez y fomenta la autoestima.

El movimiento, además, es la vía que tiene el cerebro para generar tejido nervioso y redes neuronales; este proceso, a su vez, “desarrolla capacidades mentales como la atención, la memoria, y mejora el pensamiento lógico matemático y la percepción de la noción espacio temporal. Asimismo, la imaginación y la creatividad”, señalan Liliana González y María Hilda Ruiz, docentes de danza del Colegio Iparm, de la Universidad Nacional de Colombia.

El baile, agregan, permite afianzar el equilibrio, la lateralidad y el ritmo. Incluso, evita el sedentarismo, señala Catalina Guerrero, docente de la academia de ballet Ana Pavlova, y promueve la flexibilidad, la coordinación, la fuerza y la capacidad para crear y seguir coreografías. También mejora la postura y la locomoción.

Trae beneficios inmediatos a la salud, añade Gómez. Es similar a un deporte, pues hay conciencia corporal de un organismo saludable.

Como arte, la danza contribuye al desarrollo cultural, al generar espacios de formación, creación y encuentro, concluye Restrepo.

 

La danza es para todos“Si se le detecta al niño su talento para la danza y esta es su vocación, la educación debe proporcionarle el espacio para su formación”, indica el director de El Colegio del Cuerpo.

Aunque según Ángela Beltrán no es sano trabajar técnicas en la primera infancia, antes de los siete años, Francisco Gómez dice que los pequeños pueden ingresar a un programa a partir de los cuatro años.

Lo importante en esta etapa es que los padres generen juegos y experiencias que permitan explorar sus capacidades físicas y ver la práctica de la danza como una actividad recreativa, placentera y liberadora.

El Colegio del Cuerpo (eCdC) ha formado niños desde de los siete años de edad. No obstante, “a partir de la experiencia pedagógica, se ha descubierto que entre más temprano se inicie un proceso de sensibilización corporal, más profundo será el proceso de formación a futuro”, explica Álvaro Restrepo.

 

Para crecer...Dentro de una sociedad vulnerable, con antecedentes de violencia, falta de educación e injusticia, en El Colegio del Cuerpo, por ejemplo, “tratamos de infundirles conciencia sobre el prodigio y la plenitud de estar vivos, el placer de la disciplina, la noción de que son dueños de un instrumento portentoso e irrepetible que es su cuerpo. Les enseñamos a que se maravillen todos los días con lo que son capaces de ser y hacer”.

Durante 14 años, 8.060 niños y jóvenes han participado en los programas pedagógicos de eCdC, de los cuales el 88 por ciento ha recibido su formación de manera gratuita, dadas sus condiciones de extrema pobreza.

 

Por Karen Johana Sánchez

Redactora ABC del Bebé

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