Cuando la placenta se enferma

Cualquier alteración puede poner en riesgo la vida del bebé.

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Por: Marcela Escobar Ramírez
junio 05 de 2014 , 10:47 a.m.

El bebé se alimenta, respira y está protegido gracias a la placenta. Transporta los nutrientes que llegan al bebé, el oxígeno que este respira y el dióxido de carbono que expulsa. Además, es la encargada de proteger al feto para que el sistema de defensa de la madre no lo reconozca como un “cuerpo extraño” y luche contra él, y de evitar el ingreso de bacterias, virus y parásitos que lo puedan afectar.

Por su íntima relación con el desarrollo del bebé, cualquier alteración que presente, ya sea por un problema de ubicación o porque deja de cumplir alguna de sus funciones, puede poner en riesgo la vida del feto y de la madre.

Las afecciones más comunes de este órgano son placenta previa, desprendimiento de placenta e insuficiencia placentaria.

Placenta previa

De acuerdo con la Universidad de Maryland, se presenta en uno de cada 200 embarazos. Las mujeres con mayor riesgo de padecerlo son aquellas que tienen miomas uterinos, útero anormalmente desarrollado o cicatrización en la pared uterina causados por embarazos anteriores, cesáreas, cirugías uterinas o abortos, así como las mujeres que fuman o tienen hijos a una edad avanzada. 

La placenta normalmente se ubica en la cara anterior o posterior del útero, lo que deja libre la abertura cervical por donde pasará el bebé en el parto. La placenta previa se presenta cuando esta permanece en la parte baja del útero e impide, parcial o totalmente, la salida vaginal del bebé.

El síntoma principal es un sangrado vaginal súbito al final del segundo trimestre o empezando el tercero, el cual puede estar acompañado de dolor abdominal. Los médicos deben analizar el riesgo del sangrado frente al riesgo de un parto prematuro. En todo caso, la recomendación es practicar una cesárea.

Desprendimiento de placenta

Al igual que en la placenta previa, se manifiesta con sangrado, dolor abdominal y, en algunos casos, con excesiva secreción vaginal. Sin embargo, son afecciones muy distintas. En el desprendimiento, la placenta se separa parcial o completamente de la pared uterina antes de que se presente el parto, explica la Universidad de Maryland.

De acuerdo con MedlinePlus, sistema de información de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, el desprendimiento prematuro de la placenta ocurre aproximadamente en uno de cada 150 partos, mientras que la forma grave, que puede producir la muerte del bebé, se presenta en alrededor de 1 por cada 800 a 1.600 partos.

Se puede producir por una lesión en la placenta o en sus vasos. Dentro de los factores de riesgo se encuentran la hipertensión, un traumatismo o el consumo de alcohol.

Insuficiencia placentaria

Esta es una enfermedad silenciosa porque no presenta ningún síntoma en la madre. La placenta simplemente deja de cumplir adecuadamente con sus funciones de alimentación y oxigenación del bebé, lo que genera problemas de crecimiento del feto.

Los factores de riesgo están asociados con enfermedades como hipertensión arterial, diabetes, pasarse de la fecha de parto, consumo de tabaco y drogas.

Las afecciones de la placenta normalmente llevan a los médicos a practicar una cesárea. La decisión dependerá de la evaluación que haga el médico entre el riesgo de sangrado, un parto prematuro o alteración en el desarrollo del bebé.

Señales de riesgo

Un sangrado vaginal súbito, indoloro o acompañado de  dolor abdominal,  principalmente al final del segundo trimestre de embarazo o al inicio del tercero, es la principal señal de alarma para sospechar sobre la existencia de una placenta previa.

Los síntomas del desprendimiento de placenta son: sangrado vaginal  o excesiva secreción vaginal, dolor abdominal agudo y hemorragias que aumentan su frecuencia. La insuficiencia placentaria no.