Rituales son necesarios para superar pérdida de bebés que no nacen

Testimonio de una madre que decidió cremar a su bebé que nació muerto.

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Por: Karen Johana Sánchez
enero 26 de 2012 , 10:14 a.m.

María Cecilia vivió un embarazo sin contratiempos. Jacobo era su segundo hijo, estaba próximo a nacer y era el resultado de un segundo intento de inseminación artificial.
Había tenido a su bebé 36 semanas dentro de su vientre cuando, en la última ecografía de control, el médico no sintió los latidos del pequeño y les confirmó a ella y a Luis, su esposo, que había muerto.
Como aún no se sabía la causa exacta del fallecimiento, fue necesario practicarle una necropsia. Al final, se determinó que había muerto de un paro cardiaco. La placenta maduró muy rápidamente y lo dejó sin alimento; antecedente que había requerido incapacitar a María Cecilia en su anterior embarazo.
“Estaba en un limbo, mientras aclaraba la situación. Tienes un parto, pero con un bebé que ha muerto; tenerlo en tus brazos es una cosa complicada. Sin embargo, nos dijeron que era importante que viéramos al bebé. Lo tuvimos tan solo un minuto, pero fue muy significativo. Ese fue nuestro primer ritual”.
Después de que la duda y los dilemas rondaron la cabeza de los padres de Jacobo, la familia decidió hacer una pequeña ceremonia de velación y la cremación. Ahora, el pequeño permanece en un osario y recibe las visitas como cualquier otro ser que haya vivido, circunstancias que han ayudado a su familia a superar su muerte.


La importancia del duelo
A propósito del dolor que viven las madres con la pérdida de niños no nacidos, hace casi un mes fue inaugurado un cementerio para que los fetos de los abortos ‘espontáneos o terapéuticos’ reciban sepultura en Roma, Italia.
Para el sicoterapeuta e investigador Pablo Daniel Acero, experto en el tema del duelo, esta es una clara manera de superar el dolor del bebé perdido porque “todos los duelos se resuelven a través de rituales, elementos simbólicos que ayudan a solucionar el conflicto sicológico que implica la pérdida de una bebé que se esperaba. Además, porque el dolor por la muerte de un niño no nacido es igual al de un pequeño que vivió”.
Es decir, el entierro, la lápida, las flores y las visitas hacen parte del proceso del duelo. Incluso, dice el experto, el trabajo terapéutico con parejas que viven esta situación es ponerle nombre y darle un lugar en la vida de la familia y la pareja.
María Cecilia cuenta que, después de la muerte de Jacobo, se hicieron varias misas, acudió a un especialista y hasta lo bautizaron de manera simbólica.
“Una amiga me recomendó hacer este rito. Entonces, junto con mis otros tres hijos y mi esposo, nos reunimos en la casa, rezamos y hablamos con él. Le dijimos que aunque no estaba físicamente, era él quien nos protegía y estaba siempre entre nosotros”, dice.

Certificados de defunción

Carlos Rincón Torres, referente de Estadísticas Vitales de la Secretaría Distrital de Salud, afirma que todo ‘producto de la gestación’ debe tener un certificado de defunción, sin importar el tiempo de embarazo. Este se obtiene si el médico corrobora la situación médica del paciente y que la muerte haya sido natural. Luego deben anexarlo a la historia clínica. Después de los trámites, los padres “deben firmar un consentimiento informado donde constatan, según el caso, que el pequeño necesita algún procedimiento para diagnosticar su muerte y si deciden dejarlo en la clínica o llevarlo”.
Cuando el bebé tiene 22 semanas de gestación o pesa 500 gramos o más, se considera un mortinato. Si es más pequeño o menor, es un aborto. “Lo normal es que algunas mamás hagan ritual después de las 22 semanas; antes no, pero si lo quieren hacer, están en todo su derecho”, dice Rincón. En Bogotá, si los padres deciden hacer algún ritual con el bebé, la funeraria necesitará del certificado de defunción para movilizarlo y expedir, ante la Secretaría, la licencia de inhumación o cremación, según el caso.

En la clínica

Si los padres deciden dejar al bebé en la institución médica donde está el cuerpo (con más de 22 semanas), esta es la responsable de hacer el proceso administrativo del fallecimiento. Si son menores, se maneja como cualquier pieza quirúrgica sacada del cuerpo, explica Carlos Rincón, de Estadísticas Vitales de la Secretaría Distrital de Salud.