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Florence Thomas habla sobre cómo actuar frente a las presiones que sufren las mujeres

Florence Thomas habla sobre cómo actuar frente a las presiones que sufren las mujeres

A veces, la cultura, la sociedad y los hombres pueden ejercer mucha presión sobre algunas decisiones. ?La resistencia de las mujeres ante su condición subord

Florence Thomas habla sobre cómo actuar frente a las presiones que sufren las mujeres
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15 de Diciembre de 2008
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A veces, la cultura, la sociedad y los hombres pueden ejercer mucha presión sobre algunas decisiones.

“La resistencia de las mujeres ante su condición subordinada ha consistido casi siempre en saber decir no en el momento justo. NO, NO MÁS, han sido dos gritos que abrieron la puerta a las principales reivindicaciones de las mujeres. […] Seguiremos diciendo no cada vez que nos encontremos con la exclusión, con la discriminación, con la agresión, con el irrespeto, con la violación de nuestros derechos, con el abuso y la apropiación de nuestros cuerpos y de nuestras mentes”, escribe Florence Thomas en su más reciente libro, Florence de la A a la Z.

 

ABC del bebé: Actualmente, antes de que se contemple la unión libre o el matrimonio como posibilidad, las parejas tienen relaciones sexuales. En algunos casos, más por presión masculina que por el deseo de ellas, ¿cómo pueden resistir y evitar esto?Florence Thomas: Creo que debería ser sobre consensos, sobre diálogos y, definitivamente, sobre conocerse un poco antes. Yo soy de la generación donde sabíamos darle tiempo al tiempo, donde había un periodo de seducción, donde te llevaba a un restaurante y hacían cosas juntos antes de que se presentara esa presión para acostarse.

Es mi cuerpo y es mi decisión, eso es lo que ellas nunca deben olvidar. Aunque creo que en muchos casos, las mujeres no deberían, por miedo a perder un hombre, complacer todo lo que él quiere o por temor a disgustarlo, pues muy a menudo ellas acceden a algo con lo cual no se sienten bien, no están listas o simplemente no tienen ganas. Hay un tiempo para todo y creo que deberíamos volver a probar la lentitud en la relación y también en el acto sexual, no ir solamente al grano y con unos afanes enormes.

Ahora bien, la manera de resistir es a través de lo que se llama la cuarta generación de los derechos humanos; es decir, los derechos sexuales y reproductivos. Ambos, hombres y mujeres tenemos derecho de que sea en un ambiente rico, cuando ambos lo decidan, de que sea después de un diálogo, de que se puede esperar, de que antes hay que conocerse… Creo que se ha perdido mucho la palabra, el encuentro, la cita donde conversan, donde hablan de un libro o de una película.

Aunque hay que reconocer que sí hay muchas mujeres que son capaces de decir no, no quiero todavía y si no te sirve, pues chao. En ese sentido, yo siempre digo: “uno perdido, pero 10 encontrados”.

 

ABC: ¿Cómo aprender a decir ‘no’?F.T.: ‘No’ es una palabra muy chévere para las mujeres porque es una de las primeras que permitieron nuestra liberación. Es decirlo en el momento justo, cuando no quiere, cuando no está lista, cuando no lo desea. No es no. Igualmente, a un hombre que dice que no también hay que respetárselo, ellos también están en su derecho de no querer o no estar dispuestos siempre.

ABC: Las mujeres que no desean ser madres muy jóvenes y sus parejas sí, ¿cómo pueden hacer frente a la situación? F.T.: Creo que el hecho de que cada vez haya más mujeres que lo piensan dos veces antes de ser madres es un signo de la revolución femenina, de la evolución de las mujeres; es decir, creo que las mujeres se han ganado ese legítimo derecho de querer aprovechar un poco de su juventud.

Ya muchas saben, gracias a los progresos de la medicina, que uno puede ser madre a los 35 o a los 40 años, sin problema, y que además es muchísimo más sano, porque a esta edad, la mujer ya tiene claro qué quiere hacer con su vida, sabe lo que desea, tiene estabilidad económica y ha vivido todo lo que tenía que vivir antes. Ser madre no es cualquier cosa. Es una carga para la vida, es una responsabilidad inmensa que en una cultura patriarcal machista recae siempre sobre los hombros de las mujeres. No nos digamos mentiras, los hombres pueden decir que tienen ganas de ser papás, pero no son ellos los que se van a levantar a las 4 de la mañana a preparar el primer tetero, ni van a cuidar del sarampión del hijo, ni van a cumplir con una infinidad de labores.

Muchas mujeres han descubierto que, como digo yo, con un poco de humor, el matrimonio a veces es un paquete chileno, o sea, viene con todo: con la planchada de la camisa, con los hijos, con el pediatra, con la cocina, con todo…  Sin embargo, los imaginarios siguen estando ahí, todavía estamos en una cultura maternalista, en la que mujer es igual a mamá y aparentemente, la que no es madre es menos mujer, pero eso es falso.

Ahora bien, la manera como pueden resistir a las presiones es siendo ‘berracas’ y haciendo valer sus derechos. Deben ser conscientes de que ellas son sujetos de derecho, que tienen que reivindicar sus derechos y aprender a defenderlos. No tener miedo de decir que lo quieren pensar más y si toman la decisión de tener hijos, hacer a su pareja comprometerse en que él también se va a meter en el rol. Aunque hay hombres nuevos, pero son contados, pues otros en el discurso son muy democráticos, quieren tener mujeres autónomas y libres, pero en la vida cotidiana, no.

 

ABC: En ese sentido, ¿cuál sería la mejor manera de llegar a un acuerdo mutuo?F.T.: Lo mejor sería que esa decisión de retrazar la maternidad o de pensarlo sea de dos; es decir, que sea con su compañero y que él se solidarice con eso, pues muchos hombres todavía no entienden  todo lo que significa ser mamá, profesional, amante, esposa, responsable por la comida, porque él invitó a los amigos por la noche y el bebé está llorando, por aportar una parte de su sueldo, más con las crisis económicas actuales en las que ambos tienen que responder por unas partes de los gastos de la casa.

La clave es hacerles entender que no es fácil, pues a pesar de la revolución de las mujeres, yo podría decir que si bien hubo algún reordenamiento de roles en la familia entre hombres y mujeres; de todos modos, cuando la mujer empuja la puerta de su casa, muchas cosas siguen iguales, porque dentro, ella es la responsable de la cocina, de los niños, de sus tareas escolares, de la comida, de la lonchera.  Evidentemente hay progresos de los hombres, pero muy lentos en relación con el avance enorme de las mujeres en la vida pública.  Ojalá se pueda encontrar consenso en la pareja, pero definitivamente si no llegan a él, yo le doy siempre la razón a la mujer, que sea ella la que decida, porque es ella la que va a llevar la carga más pesada.

ABC: Las mujeres que ya tienen hijas, ¿cómo pueden sensibilizar a estas nuevas generaciones desde la infancia sobre estos temas?F.T.: Construyéndoles una autoestima  fuerte, una subjetividad fuerte que les permita resistir a los embates y, más que nada, formarla para que sea capaz de denunciar las injusticias.

Con las hijas hay que dialogar sobre esto, abordar todos estos temas en la familia, en la mesa y preguntarle qué piensa, cómo se siente con respecto a sus compañeritos de clase en el colegio, cómo se relaciona con ellos para que aprenda a tener y a exigir un trato igualitario; así, cuando  se encuentre ante una situación de discriminación, tenga la capacidad de identificarla, visibilizar una injusticia o una inequidad y saber cómo superarla.

Por supuesto, en la crianza, cuando hay un niño y una niña en la familia, no se le debe dar más tiempo al niño para que juegue fútbol con sus amigos, mientras que a la niña la hacen dejar de jugar antes para que vaya a ayudarle a la mamá. ¿Por qué va a tener menos tiempo de juego que su hermanito? Desde ahí se construye la igualdad de oportunidades entre los dos.

 

ABC: Cuando habla de construir y fortalecer la subjetividad, ¿a qué se refiere exactamente?F.T.: En el feminismo se habla más de empoderar; es decir, de hacerla consciente de sus derechos como mujer, de construir mujeres fuertes en lo cognitivo, que conozcan las causas de sus posibles discriminaciones porque no podemos negar ni desconocer que estamos en una cultura machista patriarcal.

Es también construir con fuerza la autoimagen. Yo critico mucho que en cuanto nace una niña, la llaman ‘mamita’, en vez de construir mujeres. Por favor, no le hablen de mamita antes de que tengan 30 años, pues después se extrañan de que a los 14 años, las ‘mamitas’ les digan: “¿Sabe qué, mamita? Voy a ser mamita”, ¿Cómo no, si desde que nacen la llaman ‘mamita’, la hacen ingresar en ese mundo de la maternidad desde que nace.

Aunque sé que no lo están haciendo con la intención de que ellas sean mamitas, pero hay que pensar en lo que eso implica, ella va a pensar que solamente por medio de la maternidad va a ser mujer. Entonces, por eso, siempre les digo, construyan mujeres, muéstrenles lo bello de ser mujer, antes de ser mamita. Explíquenles que para ser una mamá feliz, primero hay que ser una mujer realizada.

 

Por Melissa Serrato Ramírez

Redactora ABC del bebé

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