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Mi pareja no quiere hijos

Mi pareja no quiere hijos

Cómo manejar la situación cuando uno de los dos no quiere ser padre.

Mi pareja no quiere hijos
Por: Karen Johana Sánchez
27 de Marzo de 2015
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Los tiempos han cambiado. Y mucho. Antes, los papeles estaba organizados, las etapas de la vida casi que preestablecidas. La pareja debía casarse, tener hijos y trabajar en pro de la familia (o al menos eso decía la sociedad). Actualmente, los seres humanos sienten más libertad de elegir cómo y en dónde estudiar, en qué trabajar, con quién casarse e, incluso, tener o no niños. 

Las personas “empiezan a dirigir sus intereses al crecimiento profesional, laboral y económico, donde se le da más importancia el tenerlo todo para los hijos, antes que concebirlos. Adicional a esto, ya no es el mundo que antes vivíamos; cada día es más competitivo, y mantener un hijo es cada vez más costoso; hay muchas inseguridades hacia el futuro que cada vez más queremos controlar”, opina Íngrid Gómez, psicóloga experta en relaciones de pareja. 

Según Frauky Jiménez Mazo, psicóloga clínica, especialista en terapia sexual y de pareja, ahora la gente “quiere recorrer el mundo, comprar sus cosas. Fuera de eso, aprender otro idioma, hacer sus estudios en el exterior. Y un niño pasa a un segundo plano; prefieren invertir en ellos antes que tener hijos. Somos muy hedónicos”. 

Esta decisión de no tener hijos, además del contexto anterior, también depende de la situación de cada persona. Sucede en aquellas donde su historia familiar está enmarcada por los abandonos, en los que son individualistas y piensan en sí mismos, y no en una familia. O en aquellos que simplemente no sienten el deseo de ser padres porque no tienen un arquetipo paterno o materno tan fuerte. También se da en aquellas familias donde ya existen hijos de otras parejas. 

Según las expertas, actualmente es frecuente que tanto hombres como mujeres no quieran tener bebés y, generalmente, se lo manifiestan a su pareja. El problema es cuando el tema se dilata, se esconde o se engaña, pues uno de los dos sí quiere tener bebés, mientras para el otro no es un tema importante. 

Llega el choque 

El noviazgo tiene varias etapas: el enamoramiento, donde todo parece perfecto. El conocimiento, donde se comienzan a conocer los defectos del otro. Y el compromiso, cuando se plantean metas en común y se empieza a convivir. Generalmente, en la tercera etapa es cuando se concluyen planes y se comparten proyectos, como el hecho de tener hijos. 

Entonces, dice la doctora Jiménez, se empieza a poner a prueba el instinto de cada persona, “y a ver si está dispuesto a seguir la vida sin hijos, o si siente vacíos porque es un propósito en su vida”. 

Si la persona se obliga a estar con alguien que le impide ser feliz, esto se manifiesta con depresión, ansiedad e irritabilidad.  Si hay negación o postergación, llega la frustración que, según Gómez, casi siempre se manifiesta en forma de miedo o ira. 

¿Qué hacer? 

La psicóloga Frauky Jiménez opina que el problema no es del que no quiere tener hijos, sino de la persona que se queda en la relación, sin estar de acuerdo. 

En estos casos, “las decisiones tienen que ser tomadas, más que con la cabeza, con el corazón. No elegir resignado. Uno tiene que sentir las razones de por qué el otro no quiere ser padre. Analizarlas con tiempo y mirar si están acordes o no conmigo. Pero tomar una decisión consciente y profunda; así no habrá frustración. Pero si no se hace con conciencia, queda con la duda, y ahí vienen los inconvenientes”, puntualiza la psicóloga Íngrid Gómez. 

Hay que hacer conciencia de si es posible vivir con o sin hijos, dice Jiménez: “Lo quiero tanto, que puedo ceder (a renunciar a tener hijos). Es una actuación voluntaria; se renuncia con placer, no con frustración ni con ira. O vivir el duelo de la separación y organizar la vida. Optar por no tener o tener, pero con felicidad”. 

La clave está, entonces, es tener claro qué implica tener una relación de pareja y cuáles son las decisiones que se deben tomar a tiempo para trazar un proyecto de vida. “Hemos tergiversado el concepto de la pareja. Creemos que tenerla es contar con alguien que nos solucione la vida, las necesidades de afecto, de compañía, económicas, y no es así. Tenemos pareja para tener un compañero. Pero muchas personas escogen personas que no las dejan evolucionar, no las dejar ser. Absorben la vida del otro o perturban sus caminos o su felicidad, y siguen ahí; por ejemplo, por no perder la compañía, o con la esperanza de que va a cambiar”, explica Gómez. 

Entonces, si se quiere estar bien en pareja, añade, hay que estar bien consigo mismo. “Si en mi misión está el ser madre y mi pareja no quiere ser padre, tengo que preguntar desde dónde viene mi deseo de ser madre. ¿Porque toca? ¿Porque mis amigas lo son? Si es una idea que viene solo desde la mente, podría negociarlo, pero si siento que nací para ser madre, quiero serlo, me encanta, mi sentir o interés tiene que ser más fuerte que todo, y no puedo obligar al otro. Y tengo que respetarlo porque no es bueno ni malo, simplemente es diferente a mí, y debemos buscar lo que nos haga felices”, agrega la especialista. 

Y aunque se creen miedos, como el estar solo, hay que arriesgarse, intentarlo y ser fiel al pensamiento propio. 

Es importante, entonces, planear con tiempo proyectos individuales y conjuntos. En el noviazgo, aprovechar la etapa de conocimiento y evaluar si puedo acostumbrarme a lo que existe o si, por el contrario, hay situaciones y características del otro que no se van a tolerar. “Porque uno de los objetivos de la pareja es hacer feliz al otro –concluye Jiménez–. Ser cómplices, amantes, amigos. Estar de acuerdo e ir a un solo lado” 

No olvidar... 

 - Si el hombre o la mujer ya son padres, se aconseja buscar una pareja en la misma situación para evitar conflictos. 

 - Para que una pareja funcione debe tener cuatro características, dice la psicóloga Íngrid Gómez: atracción física; amor, quererse por lo que es cada uno; compatibilidad, que sean amigos, y tener intereses futuros, una característica que podría ocasionar conflictos cuando uno de los dos no quiere tener hijos. 

¿Y si quedamos embarazados? 

Cuando uno de los dos miembros de la pareja no quiere tener hijos y ella queda en embarazo, se puede decir que el instinto maternal o paternal es más fuerte y poderoso. 

“Generalmente a las mamás les cambia la vida y manifiestan cómo no haber pensado antes en tener hijos, o cómo haber vivido tantos años sin esa personita. A los papás les puede pasar lo mismo. Al principio les cuesta más, pero después ceden. Con el tiempo, se estrecha el vínculo y se apegan”, opina Frauky Jiménez. 

Pero, en caso de que el padre haya sido engañado por su pareja, y tengan un bebé sin quererlo, se genera resentimiento y, en general, el problema no es con el bebé, sino con la pareja; aunque, en ocasiones, se puede negociar.

 

 

 

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2 Comentarios

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Comentarios (2)

2
piruca
Hace 2 años
Excelente!
1
aconsejador2015
Hace 2 años
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