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Diferencias entre infertilidad y esterilidad

Diferencias entre infertilidad y esterilidad

Son dos conceptos distintos, pero significan un problema para la pareja. Culpar y rechazar al afectado es un error. Cuando María Elena se casó, a los 24 año

Diferencias entre infertilidad y esterilidad
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31 de Mayo de 2007
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Son dos conceptos distintos, pero significan un problema para la pareja. Culpar y rechazar al afectado es un error.

Cuando María Elena se casó, a los 24 años, tenía la idea de ser la mejor mamá del mundo. Junto con su esposo, Francisco, planearon tener cinco hijos y querían empezar cuanto antes. Así que la pareja optó por no planificar y dedicarse a la concepción del primogénito. Pero no contaron con suerte.

Pasaron tres años y aún no llegaba el anhelado retoño. Al cabo de este tiempo visitaron a la ginecóloga de confianza, para que resolviera las inquietudes. Ella les dijo que se tranquilizaran, porque podía ser ansiedad y estrés.

Sin embargo, prefirió cerciorarse y practicar exámenes médicos a los dos. El resultado fue devastador para María Elena, porque le diagnosticaron endometriosis leve. Inmediatamente inició el tratamiento con un medicamento para acelerar el proceso de ovulación. Como este no dio frutos, la relación de pareja entró en crisis. Él la rechazaba y le decía que no servía porque no iba a darle hijos y con el paso de los días la situación empeoraba, a tal punto que llegaron a hablar del divorcio.

Una mañana, ella se levantó y su madre le dijo que tenía los ojos muy vidriosos, síntoma que, según creencias populares, es un indicador de embarazo.

Sin pensarlo dos veces se realizó una prueba casera y salió positivo. Para no alimentar falsas expectativas, se cercioró con la prueba de sangre y el resultado fue igual de alentador.

Sí... pero no

Con la misma ilusión que había vivido la noticia asistió donde el médico para iniciar los controles prenatales. Inmediatamente le ordenaron una ecografía, pero el examen fue poco alentador. El diagnóstico del especialista era que “tenía un huevo sin yema, es decir, no había vida en el embrión”. Le ordenó entonces que se practicara un legrado. María Elena se refugio en los brazos de su esposo a llorar y a suplicarle a Dios que la protegiera y que le diera esa oportunidad que por tantos años llevaba esperando. Y como en ese momento solo pensaba en ser madre, tomó la decisión de no practicarse el legrado.

Ocho meses después nació Karen Valentina, quien hoy tiene 4 años y medio. “Mi hija es un milagro, porque estaba pegadita de nada y yo tenía desgarramiento de membrana y coágulos de sangre en la matriz. Tuve un embarazo de alto riesgo, y mi relación de pareja seguía colgando de un hilo. Claro que cuando esa niña llegó a nuestro hogar, todo se fortaleció”, cuenta María Elena. Un año después de tener a su primera hija, la pareja quiso encargar un nuevo bebé. Ambos ya estaban fortalecidos y aceptaron que era muy difícil tener un hijo sin ayuda científica, así que decidieron realizarse un nuevo tratamiento de fertilidad.

María Helena, ¿estéril o infértil? Esta es una de las principales confusiones que se crea en las personas que no pueden tener hijos por un medio natural. La persona estéril es aquella que por más que se le practiquen métodos de fertilización asistida, nunca logra quedar en embarazo. Y la infertilidad es que no puede tener hijos por medio natural, pero con la fertilización sí lo logra. Es decir, María Elena es infértil, pero no estéril.

Existen tres tipos de infertilidad:

Primaria: cuando nunca ha quedado embarazada. Secundaria: la mujer ha tenido hijos o ha quedado embarazada y ha tenido abortos. Con el paso de los días, no ha vuelto a quedar embarazada. Terciaria: cuando él o ella tienen hijos por otro lado, pero se encuentran los dos y no lo logran.

Dentro de las causas masculinas existen: la producción y calidad de los espermatozoides puede ser afectada o alterada por varicocele, traumas, golpes testiculares, caídas u horcajadas y enfermedades infecciosas, como las paperas. También es necesario recordar que la mujer tiene un rango de edad en el que es más fértil. El mejor momento es entre los 20 y los 30 años. Por encima de los 35 años disminuye progresivamente. Así que si usted está dentro del rango de parejas que buscan tener un bebé, lleva intentándolo un año y no lo ha conseguido, es mejor que vaya inmediatamente a donde su ginecólogo de confianza; alguno o los dos podrían estar presentando problemas de infertilidad. Entre más temprano consulte a un especialista, más rápido podrán tener al anhelado hijo que no llega.

Conflictos frecuentes Sea cual sea el inconveniente, la infertilidad es un problema de pareja. Aceptarlo de esta manera hace que disminuyan la culpa y los conflictos. Aunque las discusiones no se dan en todos los casos, la especialista afirma que se ven más en parejas que no habían creado un acuerdo real de querer ser padres.

Otros conflictos que se dan en las parejas con infertilidad, aparecen cuando no han hablado sobre tratamientos de fertilización. O cuando la persona infértil se comporta de manera aislada, triste, malgeniada y grosera, lo que hace necesario recurrir a un tratamiento sicológico, antes de utilizar la solución médica necesaria.

Por Mónica ToroRedactora ABC del bebé.

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