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Leche materna: un vínculo de vida

Leche materna: un vínculo de vida

 

Leche materna: un vínculo de vida
Por: María Elena Vélez
24 de Junio de 2014
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La historia de Andrea es reveladora, tiene los peores recuerdos de los primeros momentos de la de la lactancia de su primer hijo, Simón. Ella recuerda que “lloraba porque no podía alimentarlo, no me salía leche y el niño también lloraba todo el tiempo, pues quedaba con hambre. Mi marido se oponía rotundamente a que lo alimentara con leche de tarro, así fuera como complemento”.

Cuenta Andrea, que la pediatra tuvo que intervenir, con una premisa maravillosa que la sacó de esa pesadilla. Me dijo “recuerda que los seres humanos pertenecemos al grupo de  los mamíferos”, y me requirió ¿Cuándo has visto a una gatica que no pueda alimentar a sus cachorros?”. Lo que tienes es un cuadro profundo de ansiedad y has creado un círculo vicioso que hay que romper de manera consciente y verás que así podrás alimentar a tu hijo, disfrutando, además,  de uno de los procesos más bellos e importantes de la naturaleza humana.

La historia de Andrea es una más de las que se presentan con la lactancia de los hijos.  Se debe partir de la anatomía y fisiología de la producción de la leche materna para poder entender mejor lo que le sucedió a esta madre angustiada. El seno femenino está conformado por varios tipos de tejidos, entre los cuales se encuentra el mamario encargado de la producción de la leche. Le siguen el tejido adiposo o graso que da el volumen. Estos se encuentran unidos  por el tejido conectivo que fija la glándula mamaria a la pared del tórax, que a su vez  están acompañados de nervios y venas.

El Doctor Hernando Méndez, líder del Banco de Leche del Hospital de Kennedy, en Bogotá, afirma que aquello de que existen mujeres “buenas o malas lecheras”, es tan solo un mito. Afirma que todas las mujeres tienen igual cantidad de tejido mamario y por tanto la misma capacidad de producir leche materna.

Agrega que lo más importante en la lactancia radica en el estímulo. “A mayor succión, mayor producción de leche”. Por ello recomienda a las madres iniciar la lactancia durante la primera hora después del nacimiento del bebé, y de esta manera aprovechar los calostros, que son esa primera leche espesa que sale después del parto y que es un alimento ideal, ya que en él está la primera inmunización del bebé y resuelve además las necesidades alimentarias de sus pequeños órganos, aún no maduros. Esto le evitará dar ninguna otra bebida o leche de fórmula para su alimentación.

De otra parte, dice el Dr. Méndez, “otro mito que hay que derrumbar es que la producción de leche no tiene relación directa con la cantidad de líquidos que se ingieran. La famosa agua de panela y las  maltas lo único que hacen es engordar a la madre sin necesidad”. Aclara también que el uso del chupo, bien sea del tetero, o de entretención, cambian el patrón de succión, induciendo a morder el pezón, estímulo que inhibe la producción de la leche.

 

El momento del destete

Una pregunta frecuente tiene que ver con la duración del tiempo de lactancia. Los expertos recomiendan que este proceso dure con exclusividad seis meses, ya que la leche materna contiene todos los nutrientes y micronutrientes requeridos  para el desarrollo del bebé. Se afirma también que debe ser a demanda, o sea cuando el bebé lo pida, sin restricciones de horario. Cumplido el primer semestre se debe iniciar la alimentación complementaria, hasta aproximadamente los dos años, cuando llega el proceso de destete, que debe producirse de manera progresiva y tranquila.

Para la psicóloga y educadora Sandra Alejo Fonseca, el destete a veces es más duro para la madre que para el bebé. Dice que debe ser visto como una oportunidad para  vincularse de manera diferente con su hijo. “Se debe hacer la misma transferencia que se hizo del útero a la lactancia, generando un vínculo de seguridad y confianza, ensayando otros recipientes y formas de alimentación”.

En lo que coinciden los expertos entrevistados es que,  por ningún motivo  se debe dejar llorar al niño hasta que se duerma. O aplicarse ají en el pezón, o taparlo con curas. Este es un proceso que debe darse de manera más natural y que los padres están en la obligación de tomarlo con tranquilidad y mucha paciencia.

 

Intercambio de leche

El famoso dicho “hermanos de leche”, que existía anteriormente, se daba cuando  la madre moría en el parto, o sufría de alguna enfermedad que le impedía alimentar a su hijo. En ese entonces se buscaba una madre lactante que asumiera la alimentación de los dos niños, el propio y el ajeno. Ese concepto ha evolucionado hoy en día, al Banco de Leche.

Existen organizaciones internacionales y grupos de apoyo que acompañan a la madre en este proceso. Entre estos se encuentran Waba, La Liga de la Leche y Unicef. Incluso la Organización Mundial de la Salud, OMS, celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Son muchas las razones que respaldan la práctica de la lactancia, entre estas se encuentran: el aporte nutricional irremplazable, contribuye a la pronta recuperación del parto en la madre. Cuando es exclusiva puede retrasar un nuevo embarazo. Las mujeres que amamantan tienen menos riesgo de sufrir de cáncer de mama. Resulta más económico para los hogares,  y quizás una de las razones más importantes: fortalece el vínculo emocional de la madre con su hijo, aspecto que le proporcionará al hijo, la base afectiva y emocional para toda su vida.

 

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