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¿Dormir o no con el niño?

¿Dormir o no con el niño?

Defensores abogan por el fortalecimiento del vínculo afectivo, expertos prefieren la seguridad.

¿Dormir o no con el niño?
Por: Karen Johana Sánchez
29 de Agosto de 2016
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Algunos padres deciden, de manera voluntaria, compartir su cama con sus hijos a la hora de dormir. A esto se le conoce como colecho. Las causas son muchas, pero en general los padres lo deciden como una práctica de crianza. Es un tema que ha trascendido a lo largo de los años. A finales del siglo XX se planteó como una tendencia de crianza relacionada con el instinto de los humanos, basada en la teoría de una conducta natural, propia de los mamíferos. Los padres, entonces, lo hacen porque quieren permanecer más tiempo con sus niños, fortalecer el vínculo afectivo, y lograr seguridad y autonomía en sus pequeños.

Por otro lado, otra de las causas del hábito es la presión que los niños ejercen sobre sus padres. El grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia hizo un análisis del tema, en el que citan que “el 30 por ciento de los niños empieza su noche en su cama; de estos, el 70 por ciento amanece con los padres. En muchas publicaciones se afirma que la mayoría de los colechos es reactiva, ocasionada por trastornos del sueño, consecuencia de la falta de armonización de las necesidades del niño y de una madre que tiene su maternidad enormemente dificultada por exigencias sociales y legales”.

Ahora, cabe anotar que el colecho es una manera de crianza y que gira alrededor de un debate interminable.

En la cama

Las personas que están a favor indican que el colecho es una práctica con muchos beneficios, siempre y cuando se tenga una superficie segura para dormir. “La separación de la madre en los primeros años genera un aumento de estrés en el niño, que dispara su producción de hormonas y actividad cerebral, que puede ser similar a la producida durante el dolor”, indican la ginecóloga Ana Lucía Ruiz Cabrera, especialista en lactancia materna, y Valeria Calderón Bogoslavsy, educadora perinatal, prenatal y posnatal certificada.

Otras razones por las que defienden la práctica son que, según ellas, favorece el apego y la confianza, así como promueve la lactancia materna, pues es más cómodo para mamá y bebé dormir juntos, teniendo en cuenta temas como el frío, el hambre, la seguridad, la compañía y el amamantamiento frecuente. Para la lactancia, por ejemplo, dicen que como la leche materna tiene una alta digestibilidad, los niños requieren sesiones de alimentación más seguidas que los que no lactan de manera exclusiva. Al tener despertares frecuentes durante la noche, el hecho de estar cerca de mamá hace que el niño pueda tener acceso no restringido al pecho y, por ende, a la alimentación, mientras la madre puede descansar y dormir con menos interrupciones.

También indican que existen estudios científicos que respaldan que el cohecho aumenta la posibilidad de que los niños crezcan sanos y tranquilos. “Antropológicamente, el niño pequeño requiere del contacto físico con su madre para sentir seguridad; el niño pequeño no tiene por qué saber ni entender que, aunque mamá no esté cerca, eso no significa que lo haya abandonado. Un niño que duerme con su madre durante la primera infancia es un niño más seguro porque nunca ha sentido abandono”, indican.

Incluso, esta postura afirma que aunque los niños que duermen con sus padres pueden verse más apegados y consentidos, al crecer son más independientes y seguros. Y, aunque algunos expertos indican que el colecho es un hábito inseguro, por los riesgos que pueden correr los niños, las especialistas indican que hoy en día existen lineamientos aceptados internacionalmente para su práctica segura. (Puedes leer: ¿Cuándo deben aprender a dormir en su propio cuarto los niños?)

Otras opiniones…

Los defensores de esta práctica abogan por el aumento de la felicidad, la disminución de la ansiedad, la formación de adultos seguros y con mayor autoestima, la reducción de problemas de conducta, y la independencia. “Sin embargo, para estas afirmaciones no hay estudios científicos que las avalen o nieguen. Además, es claro que la personalidad no se define por cómo duerme el niño o niña, ya sea en cama de los padres, en cuna en el dormitorio de sus padres o en su propio dormitorio. La discusión sobre el colecho se ha centrado en si tiene beneficios o no los tiene y si es seguro o no lo es”, señala una análisis sobre el tema del Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia.

Estos especialistas, entonces, consideran que el análisis del colecho se debe hacer en función del interés superior del niño y, por ende, preguntarse: “¿favorece o no favorece el apego y la vinculación, la autonomía, la lactancia materna, la disminución de la muerte súbita del lactante, la disminución de otras muertes?, así como: ¿es seguro?”.

Por otro lado, los analistas de la Universidad de Antioquia citan la postura de los detractores de colecho, quienes señalan que dormir fuera de la cama de los padres permite que los niños sean más autónomos. Esta postura también considera que “el colecho intencionado es un obstáculo, hasta el punto de que la inseguridad, la dependencia hacia los padres y la falta de autonomía del niño son algunos de los principales efectos negativos de que los hijos duerman con sus padres”.

En cuanto a la lactancia, algunos especialistas indican que no hay estudios que avalen o descarten el colecho como una práctica que favorezca el hábito de amamantar, pero sí es cierto que es posible favorecer el vínculo y la rutina de alimentación, así los padres duerman o no con sus hijos. Es decir, el colecho no garantiza una lactancia materna exitosa.

Nicolás Ramos, pediatra neonatólogo, jefe del Departamento de Pediatría y Neonatología de la Clínica El Bosque y presidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría, indica que el colecho puede exponer al niño a riesgos pocos conocidos; por eso decimos que, idealmente, el bebé puede estar en el cuarto del papá aunque fuera de su cama. Como otro colecho. Por ejemplo, “existen camas modernas que puedo fijar a la cama de los papás: no tengo al niño en mi cama porque lo expongo a temas de asfixia o infecciones. Y se pueden lactar excesivamente, sin necesidad de estar en el colecho y sin ponerlos en riesgos innecesarios”, indica.

En cuanto al tema de si el colecho favorece o no el apego o vinculación, o la construcción de la autonomía, el especialista señala que no hay estudios que lo demuestren. El tema es la de la seguridad del paciente; evitar riesgos innecesarios y tener un hijo bien cuidado, sin necesidad de exponerlo a peligros. “Hay niños fuera de la camas de sus padres y son felices, autónomos y están bien nutridos”, afirma.

En conclusión, la Academia Americana de Pediatría no considera seguro el colecho y aconseja que los pequeños menores de tres meses duerman en la cama de los adultos y, mejor, en una cama adosada a la de sus padres. La Asociación Española de Pediatría, por su parte, indica que no es una práctica que garantice la seguridad, pero tampoco está contraindicada. En este sentido, tomar esta rutina es una decisión de pareja, pactada con anterioridad y que no obligue a ningún miembro de la familia. Y, claro, siempre se debe pensar, primero, en el bienestar del niño. (Te puede interesar: A qué edad los niños deben dormir en su cama y por qué es tan importante crearles este tipo de independencia

Si decides dormir con tus hijos…

Estos son algunos lineamientos para una práctica segura del colecho:

- La familia no debe fumar, no estar bajo efectos de drogas o alcohol, no ser obesa ni padecer enfermedades que restrinjan la capacidad de ser consciente de la presencia del bebé.

- No dormir en sofás o sillones, camas de agua o colchones muy blandos.

- La cama no debe tener espacios donde el bebé pueda atascarse y nunca debe dejarse sólo, para evitar caídas o asfixias.

- Evitar almohadas y cobertores que generen sobrecalentamiento.

- No debe haber otros niños en la cama con el bebé, ni animales.

- El bebé debe ubicarse al lado de su madre y no en la mitad de dos adultos; al crecer ya puede ubicarse en el medio.

- Evitar la presencia de lazos, cordones, pelo largo o cables que puedan causar estrangu-lamiento.

- En caso de obesidad, es mejor que el bebé no duerma en la misma superficie, es mejor usar un aditamento que permita que la superficie del bebé se adjunte a la cama de la madre (‘cosleepers’ o cunas para colecho).

Para un sueño seguro…

Nicolás Ramos, pediatra neonatólogo, presidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría, da las siguientes recomendaciones:

- El bebé debe dormir boca arriba, tanto en las siestas como en la noche.

- Acostar al bebé en una superficie firme y cubrir el colchón con una sábana ajustada; nunca poner a dormir al bebé sobre almohadas, colchas, pieles u otras superficies suaves.

- Mantener todos los objetos suaves, juguetes o ropa de cama suelta, fuera del área donde duerme el bebé, y dejarlos alejados de su cara.

- No permitir que fumen cerca del bebé. Ni antes ni después del nacimiento.

- El niño no debe dormir en una cama, sofá o sillón con adultos u otros niños, pero sí puede dormir en la misma habitación de los padres.

- Si se lleva al bebé a la cama para darle del pecho, hay que asegurarse de que una vez haya terminado, regrese a un lugar separado para dormir, tal como un moisés, cuna, cuna-mecedora o una cama que se pueda unir a las camas de los adultos.

- No dejar que se concentre demasiado calor al dormir.

- Evitar productos que aseguran reducir el riesgo del síndrome de muerte súbita del bebé porque no se ha comprobado la seguridad y eficacia de la mayoría de ellos.

-Evitar que el bebé permanezca mucho tiempo en asientos para el carro, coches, cargadores o brincadores infantiles.

 

 

 

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