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Cómo hacer para que el bebé duerma

Cómo hacer para que el bebé duerma

Dormir al bebé y crear hábitos de sueño son las tareas que más desvelan a los padres. Algunos tips.

bebe
Por: María Elena Vélez
29 de Agosto de 2016
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¿Cómo fortalecer el hábito? 

Desde que nace el niño y hasta los cuatro o cinco meses, los cambios en los horarios y calidad del sueño se miden en horas y en el reconocimiento del día y la noche, con lo que se van organizando los periodos de alimentación, actividad y, por supuesto, descanso. 

Ya en el sexto mes se da un cambio notorio en los tiempos y selección de las horas de sueño, pues los bebés duermen menos en el día, y van ajustando el descanso en las noches, como es normal en la edad adulta. Se puede decir que en esta edad el bebé se está acostumbrando a sus propios patrones. 

A los seis meses, en promedio, el niño duerme alrededor de 10 horas cada noche, y se ha habituado a dos o tres siestas de una a dos horas, normalmente en la mañana y en las primeras horas de la tarde. Y es muy probable que si son bebés saludables duerman toda la noche, sin tener que alimentarlos. Claro está que si la madre quiere que no se disminuya su producción de leche y desea mantener la conexión, puede despertarlo una vez en medio de la noche. 

El pequeño debe estar durmiendo desde los tres meses en su cuna o, de lo contrario, es el momento límite para hacerlo y que tenga su propio espacio. Aspectos como su cama, cuarto y ambiente le darán pautas para identificar la hora de conciliar el sueño y de permanecer dormido. 

Para fortalecer las rutinas se deben seguir pasos repetitivos que creen una dinámica, lo que implica acciones organizadas que se fijen en la memoria. Por ello, hay que tener en cuenta una serie de rituales facilitadores del sueño y, a la vez, apartar acciones que no se deben realizar en los momentos previos a dormir. 

Lo primero en la guía para crear una rutina que lleve al hábito es brindarle al niño una comida liviana pero nutritiva. Con los bebés, en especial, es ideal que en las horas de la noche se les bañe, así estarán frescos y les ayudará a conciliar el sueño. 

Póngale una pijama limpia, fresca y cómoda para ir a dormir, y elija una hora fija para ello todos los días, así irá adquiriendo horarios específicos y respetables de sueño. Igualmente, asegúrese que el ambiente sea propicio para el sueño, como una habitación ventilada, silenciosa y con temperatura agradable.  

Procure que ese momento del descanso esté ligado a una asociación apacible e íntima entre los padres y su hijo, donde tengan una palabra, una canción, una melodía y, ya más grandecitos, podría ser la lectura de un cuento, lo que indique que ha llegado la hora de ir a dormir. 

El sueño de los bebés debe regularse entre los 6 y 12 meses, llegando a dormir la noche completa. Este objetivo se logra, siempre y cuando los padres, desde los primeros días, inicien rutinas para ello. 

Después de los siete meses

Entre los siete y ocho meses, los niños deben tener ciclos más regulados, con episodios marcados de actividad y vigilia en el día, con dos siestas promedio, de máximo dos horas. Sin embargo, algunos pequeños que venían durmiendo bien, de pronto empiezan a despertarse varias veces en la noche, lo que podría ser señal de estar atravesando por la “angustia del octavo mes”, una anomalía del sueño que hay que comentar con el pediatra para descartar cualquier malestar físico. 

A partir de los nueve meses, ya se van dando cuenta de que llega la hora de dormir, y muchas veces se niegan a descansar por continuar en actividad y se desordena la rutina más por “capricho” de los pequeños que por otra razón. En este momento, deben estar durmiendo de 10 a 11 horas en la noche. 

Como a esta edad ya se les da cena, es bueno que luego de esa última comida del día se busque alguna actividad tranquila para compartir con el bebé en su cuarto, como leer un cuento o cantar una canción. La hora de dormir puede ser propicia para darle el último tetero o pecho del día, lo que le ayudará a conciliar el sueño. 

Las rutinas que suponen una serie de pasos secuenciales han de continuar sin cambios, y en esta etapa, los adultos deben ponerse especialmente firmes en su cumplimiento, sin ninguna flexibilidad para que el bebé se adapte y comparta las salidas y programas de toda la familia, así como las horas de descanso. 

Al año, ya el niño está en condiciones de dormir ocho horas seguidas y no tendría por qué despertarse durante la noche, o 10 horas con algún despertar nocturno. Si se despierta, no  le alimente, sino esté con él y cálmelo sin levantarlo de su cuna. En el caso de que no se calme, explíquele que es hora de dormir y que mamá y papá están en el cuarto de al lado. 

Es posible que debido al entusiasmo que generan en el niño sus nuevas capacidades, se dificulte el ir a dormir. Pero los padres y cuidadores no deben ceder ante la disciplina de las rutinas y continuar con los ‘rituales’ que han instituido. 

Igualmente, no olvide que a cualquier edad, si su hijo está enfermo o con un cuadro clínico especial, es muy posible que sus ciclos de sueño se alteren, pero cuando pase la situación deben regularse, de lo contrario consulte con su médico. 

Sueño que alimenta 

Para Franklin Escobar Córdoba, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, “El sueño en los bebés es tan importante como la lactancia, pues en los primeros meses de vida, mientras se duerme se contribuye a los procesos de maduración del sistema nervioso central, principalmente del cerebro, lo que permite la producción de la hormona del crecimiento y esto estimula el desarrollo físico y mental del bebé. 

Asimismo, anota el doctor Escobar, mientras se duerme se segrega una hormona que actúa sobre muchos tejidos del cuerpo e influye en el metabolismo; precisamente, se produce en mayor cantidad a los 50 o 60 minutos de haberse iniciado el sueño nocturno, aunque estudios han comprobado que en siestas largas, como las de los recién nacidos, también ocurre esto. Por ello, es lógico que los pequeños que duermen intermitentemente y de forma intranquila se vean en desventaja en sus procesos  de desarrollo. 

Con todo lo anterior, las siestas que toman los bebés, por periodos a lo largo del día, y el sueño nocturno son indispensables el uno del otro, y muy benéficos para su crecimiento. 

Con la alimentación complementaria 

Es posible, y más cuando los niños son tan pequeños, que cualquier cambio en sus rutinas, en las actividades y, por supuesto, en la alimentación, cambie sus tiempos y hábitos de sueño. Por ello, al cumplir los seis meses de edad puede que los hábitos instituidos se alteren con la entrada de la alimentación complementaria, por lo que no se puede descuidar el proceso y afianzarlo. 

Así lo confirma el doctor Ramiro Benavides, quien dice que cuando se empiezan a introducir en la dieta del bebé alimentos diferentes, con una carga nutricional distinta a la de la leche, es posible que los ciclos de sueño de los niños se afecten, sobre todo porque en los primeros meses de vida el sueño que predomina es de tipo REM (Movimientos Oculares Rápidos), y los despertares son frecuentes, por ser ciclos cortos de sueño.

 

 
 
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