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La verdad sobre las fontanelas

La verdad sobre las fontanelas

Los médicos responden a los mitos más comunes que giran alrededor de este tema.

La verdad sobre las fontanelas
Por: Karen Johana Sánchez
29 de Agosto de 2016
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Los huesos de la cabeza se forman como un rompecabezas. Cuando el niño nace, estos no están unidos completamente, sino que hay unos espacios entre ellos llamados fontanelas, o ‘molleras’. Estas permiten que el cerebro crezca rápidamente durante los primeros años de vida y según las etapas del desarrollo del pequeño, y luego el hueso va llenando esos espacios de manera progresiva.

Esto debido a que, antes del nacimiento, en el primer año, el cerebro va a crecer, más o menos, un 50 por ciento; en el segundo año lo hará otro 25 por ciento, dice el pediatra Gabriel Lago, profesor del departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Pontifica Universidad Javeriana.

Inicialmente, las fontanelas se forman cuando el cerebro del niño empieza a cubrirse con el cráneo; este último va osificándose a medida que hay un crecimiento progresivo de los huesos. Durante este proceso se generan espacios constituidos por un tejido relativamente rígido que brinda protección suficiente a la cabeza del bebé y que, además, permite el crecimiento cerebral, que es el que va a ir ocurriendo antes de que se cierren las fontanelas.

Ubicación y cuidado de las fontanelas

Hay diferentes fontanelas en el cráneo. Como lo explica Clemencia Mayorga, médico pediatra y presidenta de la Sociedad Colombiana de Pediatría regional Bogotá, la más grande que se puede observar se encuentra en la región central de la cabeza del niño, y esa fontanela se va cerrando, más o menos, entre los 18 meses y los 2 años de edad. Tiene forma de rombo y está en la unión entre los huesos parietales y los frontales.

Existe otra fontanela, más pequeña, en la parte posterior, o de atrás, que se cierra de los 6 a los 9 meses. Esto para facilitar el crecimiento cerebral y, a la vez, para brindar protección de suficiente alcance, explica la médico. En total, son seis fontanelas; las otras se ubican: dos a los dos lados de la cabeza, dos en la parte de la sien y otras dos -también laterales- posteriores (detrás de la oreja, más o menos). “Corresponden a la unión del hueso parietal con el occipital, y del parietal con el hueso frontal. Y básicamente están en los lados, pero tienen, por lo general, poca importancia desde el punto de vista clínico y médico”, insiste la doctora.

Estas fontanelas se cierran en diferentes etapas. En la mayoría de veces, no son palpables ni visibles, pero sí se pueden apreciar en exámenes como las radiografías.

Ahora no requieren de cuidados especiales, simplemente evitar golpes y lesiones en la cabeza, como una recomendación general que se les da a todos los padres porque, “al tener un cráneo relativamente grande, en comparación con el resto del cuerpo, los niños tienden a caerse, a que se vayan justamente hacia la cabeza, por el peso y tamaño de la misma. Entones, los cuidados se relacionan más con evitar accidentes”, aconseja la pediatra.

Es importante entender que las fontanelas tienen membranas o tejidos suficientemente fuertes para proteger el cráneo. Así, no existe una recomendación más allá de mantener la cabeza limpia, una higiene igual a la del resto de la piel.

Signos de alarma

Cuando la fontanela está tensa, dura, de manera permanente, y el niño está irritable y con fiebre, se debe consultar porque existe la posibilidad de que presente una meningitis, dice la pediatra.

Por su parte, el doctor Lago señala que existen casos muy aislados (uno de cada 2.500, más o menos) en los que son demasiado amplias a causa de trastornos del metabolismo, deficiencias de vitaminas, algunos problemas de tipos hormonales o enfermedades que pueden asociarse con el tamaño de las fontanelas. Y, por otro lado, cuando se corre el riesgo de que se cierren de manera temprana y se generen problemas en el desarrollo y crecimiento de los niños.

¿Por qué se mueven las fontanelas?

Las fontanelas están recubiertas de un tejido lo suficientemente rígido para proteger y lo suficientemente blando para palpar el pulso de los niños.

Dentro de la caja del cráneo, explica la pediatra Clemencia Mayorga, está el cerebro, y existe una presión intracraneana que cambia de manera muy sutil con los cambios de postura, a veces con la respiración, cuando se tose, al gritar, llorar, etc. Eso nos pasa a todos, pero como los adultos no tenemos fontanelas, no lo podemos ver. En cambio, en los niños se pueden percibir en ciertas ocasiones. A esto, dice la médico, se le llama abombamiento. Es decir, cuando se pasa la mano sobre la cabeza, “lo usual es que la fontanela esté al mismo nivel del cráneo; si se encuentra elevada, como si fuera un chichón, se puede pensar que está abombada. O cuando está cóncava se puede pensar en una deshidratación o baja de presión dentro del cerebro. Las fontanelas se pueden convertir en una utilidad clínica para ayudar a diagnosticar el estado de un paciente”, afirma el doctor Lago.

Un tema de creencias

Alrededor de las fontanelas, siempre giran bastantes mitos, por ejemplo: A las fontanelas se le atribuyen propiedades respiratorias. En realidad, los niños, como los adultos, respiran a través de los pulmones. Lo único que hacen las fontanelas es dar la posibilidad a que el cráneo del niño crezca porque los huesos no están pegados.

- ¿Deben estar tapadas o destapadas? No hay problema con que las fontanelas estén cubiertas o descubiertas. Ya que mucha gente cree que el niño respira por las fontanelas, a veces se sugiere no cubrirlas, pero es posible colocarles gorros o cobijas. Si la cabeza se cubre, en general, es para proteger al niño del frío o del sol, más que por otra razón.

- La fontanela se sopla para que el niño respire cuando tenga un golpe, reciba una sorpresa, entre otros. También es mentira; el niño reaccionará si le soplan la cara, pero no porque la fontanela tenga alguna función.

- No tocar la cabeza porque las fontanelas parecen ‘huequitos’. Es real que el niño tiene un espacio en su cabeza, pero este es normal y se puede tocar como cualquier otra superficie del cuerpo.

 

 

 

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