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La importancia de las rutinas de sueño en los bebés

La importancia de las rutinas de sueño en los bebés

Tomada por: 123rf

La importancia de las rutinas de sueño en los bebés
Por: Redacción ABC del bebé
03 de Enero de 2014
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Dormir es una actividad que desde los primeros meses de vida se debe convertir en un hábito. Entre más tarde se inicie el proceso, más difícil será que lo acepte. Jodi Mindell, pediatra estadounidense, asegura que en las primeras seis a ocho semanas de vida el bebé duerme desordenadamente, y hasta los seis meses, no distingue el día de la noche, y cada 3 o 4 horas se despierta, come y vuelve a dormir. Poco a poco evoluciona hasta llegar al ritmo de día-noche. Por esto se despierta periódicamente.

La doctora María Isabel Guerrero, psicóloga infantil, especialista en Psicología clínica comportamental cognoscitiva, afirma que “los bebés están listos para dormir en su cuarto a partir de los 4 meses”, momento en que este factor se empieza a regular por “la madurez del cerebro y del organismo, también de los hábitos y los rituales transmitidos por los padres”, reitera Eduard Estivill, pediatra experto en Neurofisiología clínica e inventor del ‘Método Estivill’.

Ahora bien, algunos expertos afirman que la mayoría de los bebés consiguen la madurez del sueño alrededor de los seis meses. Élida Dueñas, neumóloga infantil especialista en sueño, indica que el sueño del recién nacido responde a ritmos cortos, y es hasta los seis meses de edad que el reloj biológico empieza a madurar. Razón por la cual, un bebé menor de esa edad difícilmente dormirá la noche entera.

Así, pues, “entre los 6 y 12 meses deben pasar de largo; si no lo hacen, cualquier alteración en su sueño es responsabilidad de los padres, por no establecer rutinas y rituales”, dice Marco Aurelio Venegas, neurólogo especialista en trastorno del sueño. Si el bebé llega al año de edad sin rutinas de sueño y despierta a sus padres, amerita una consulta con el especialista.

El sueño, como los demás hábitos, se aprende, por eso es clave que los padres ayuden a sus hijos desde muy corta edad. Si eso no se da, pueden aparecer problemas como la ansiedad por la separación de los adultos.

Durante los primeros meses es importante que el infante comparta habitación con los padres. Sin embargo, también es necesario que  el menor tenga su espacio; para ello se puede ubicar una cuna cerca de la madre. A partir de los tres meses de edad, los padres pueden empezar a generar el hábito. ¿Cómo? Lo primero es dar un baño con agua tibia al bebé, masajearlo, alimentarlo y/o generar actividades tranquilas, como cantar o leerle.

Además, tenga en cuenta que el cuarto del niño debe ser oscuro, o con muy poca luz, temperatura y ruido; el infante debe tener una rutina de horario estricto para ir a la cama, la hora de levantarse debe ser siempre establecida, tener siestas sin esperar hasta que ellos estén cansados, arroparlos para hacerlos sentir más seguros; los niños nunca deben ir a la cama con hambre, prohibido dar excesivo líquido antes de acostarlo, ya que puede producir sobredistensión de la vejiga y, por ende, interrumpir el sueño; debe evitarse el juego; darles las buenas noches con mucho afecto y salir del cuarto después de apagar la luz. Puede dejar una lámpara de noche prendida si esto reduce la ansiedad del pequeño. Es probable que el bebé se despierte a medianoche. En este caso, se debe verificar la causa y atender su necesidad: pañal sucio, hambre, frío o calor. Después, consentirlo, regresarlo a su habitación y ayudarlo a conciliar el sueño de nuevo.

La Sociedad Americana de Medicina del Sueño (AASM) sugiere considerar un tiempo de 10 a 30 minutos para preparar al niño antes de ir a la cama y no dejar que se duerma tomando pecho, biberón o en brazos para acunarlo. El placer de dormir

La doctora Élida Dueñas asevera que el sueño es un proceso estrechamente relacionado con las funciones superiores del cerebro: contribuye a la maduración de este en las primeras etapas del desarrollo, favorece el aprendizaje, pues participa en el procesamiento de la información y facilita la consolidación de la memoria.

Por su parte, para Olga Lucía Casasbuenas, neuropediatra, el sueño es importante para el menor porque le permite descansar para que al despertar esté más activo y animado.

Además, “entre las 12 de la noche y las 4 de la mañana, durante el sueño, se libera la hormona de crecimiento, y del cumplimiento de esas horas de sueño depende el 50 por ciento del crecimiento y el desarrollo de los niños”,dice Édgar Osuna, neurólogo especialista en Medicina del sueño.

Los menores que tienen dificultad para dormir serán víctimas más fácilmente de infecciones. Con ello, mal humor, palidez e incluso obesidad.

Tomar nota

Antes de dormir a su hijo:

• Evite que él practique alguna actividad física, como correr por toda la casa o jugar. Optar por armar rompecabezas o leer.

• Si el niño llora, “la idea es entrar frecuentemente al cuarto y manifestar su amor con frases agradables. Si vuelve a llorar, esperar un rato e ingresar de nuevo a la habitación para hacerles entender que sus padres están con ellos, así no sentirán abandono. La clave es no alzarlo o ‘cuchichearlo’, porque se acostumbrará a esto para poder dormir.

• Emplee objetos transicionales; es decir, que sean del agrado del bebé, puede ser una cobija o un juguete que no represente ningún peligro para el menor, así se siente acompañado durante la noche.

 

 

 

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