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¿Por qué todo lo de los niños es azul y lo de las niñas, rosa?

¿Por qué todo lo de los niños es azul y lo de las niñas, rosa?

Actualmente ciertos grupos reclaman la variedad de tonos.

mujer embarazada
Por: Francy Caro Oviedo *
09 de Noviembre de 2012
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Aunque las ecografías sirven, entre otras,  para determinar el sexo del bebé en una etapa prenatal, es claro que las diferencias de género las determina la sociedad. Sin embargo, “ni los genes ni las hormonas prenatales son responsables de la identificación como varón o como mujer de una persona”, afirma Alfonso Luco,
psicólogo chileno. De modo que la identidad y los ‘roles’ de género se adquieren por un proceso de aprendizaje que ocurre en la interacción social.  
De allí que cada cultura, de acuerdo con sus distintas creencias, expectativas y gustos, se encargue de diferenciar tanto a hombres como a mujeres. El trato para cada uno, el tono para hablarle, la forma de vestirlo, así como los colores, serán distintos.
Alexander Castro, magíster en estudios sociales de la Universidad Pedagógica, manifiesta que “somos los únicos seres sociales que existen en la naturaleza, por eso necesitamos estar con otros para poder ser humanos. Por ejemplo, el macho se hace hombre porque la sociedad así lo hace, como ocurre con la mujer. En ese sentido, habría una relación con los colores: el azul con los hombres, que podría tener un nacimiento medieval, con los cuentos del príncipe azul; y al revisar la construcción del rosado, es un color que podría significar fragilidad, porque se asocia con las rosas, un carácter femenino”.
Pero, ¿de dónde viene el príncipe azul? De los cuentos de hadas. Un hombre apuesto con características nobles que siempre rescata a una dama en apuros. El color del príncipe tendría que ver con el concepto español de sangre azul: la clase aristocrática, que no realizaba trabajos físicos ni sufría las inclemencias del tiempo, por lo que en su piel blanca, protegida del sol, se podían ver sus venas más fácil que en los campesinos y artesanos, quienes tenían la piel curtida. Esta es una representación analógica con el color del sistema circulatorio en la biología: azul para las venas y rojo para las arterias.
Alfredo Rojas Otálora, subdirector nacional del campo de desarrollo humano, ciclo de vida del Colegio Colombiano de Psicólogos, afirma que antes del siglo XVIII los niños no tenían la relevancia que tienen hoy, pues se creía que eran adultos en miniatura con los que no se tenía un cuidado ni diferencias especiales. Posteriormente, los niños adquirieron importancia y se inició la particularización del vestuario.
Por su parte, la artista plástica Jeong Mee Yoon, en su investigación sobre el porqué del uso de los colores, asegura que la tendencia en los bebés del siglo XIX no era la de vestir ni de rosa ni de azul, sino de colores neutros.
Rojas manifiesta que la historia dice que, aunque antiguamente a los niños los vestían más de blanco, no hay una razón clara de su uso. Otros afirman que este color lo utilizaban las clases altas que tenían recursos para cambiar a sus hijos constantemente, aunque se ensuciaran en el juego, y que, con los años, las clases medias pudieron acceder también a estos recursos.
Después, los niños pasaron a vestirse de rosa ya que este color era derivado del rojo, que significaba valentía, masculinidad y peligro. En cambio, el azul era el color femenino que representaba la calma y la tranquilidad, así como la pureza; ejemplo de esto es el manto de la virgen María. Y los medios lo reafirmaron.
En 1914, el diario americano The Sunday Sentinel recomendaba  estos colores. Ya después de la Segunda Guerra Mundial, y con el concepto de igualdad de género, se intercambiaron estos colores para ser iguales: el azul para ellos y el rosa para ellas.  
Rojas se refirió al estudio realizado por la Universidad de NewCastle en el año 2007, por los neurocientíficos Anya Hurlbert y Ling C. Yazhu, quienes encontraron que las mujeres prefieren más los tonos tendientes al rojo, o por lo menos un tono de azul más rojizo, como el morado, frente a los hombres que prefieren el azul, en un experimento realizado con miembros de varias culturas, a quienes pusieron a escoger rápidamente entre muestras de colores a través de una pantalla. Esto se repitió en China, y la preferencia se mantuvo. Esta explicación podría ser histórica y asociada a los papeles que tenían hombres y mujeres en épocas antiguas, según Rojas. Las mujeres debían recolectar y cuidar a los niños, de modo que reconocer frutos rojos o maduros era más favorable y daba cuenta de su buena labor. La tarea relacionada con el cuidado, mostraba a través del enrojecimiento de la piel, el estado de salud de los pequeños. Mientras los hombres, cazadores, estaban más relacionados con el medio ambiente, de modo que tenían más contacto con el azul del cielo.
Hoy, aunque sigue vigente el uso de estos colores para niños y niñas, grupos sociales como los ‘emos’ o la comunidad LGBT resignifican sus subjetividades con el uso de colores claros y rosados. Por su parte, los almacenes de ropa para niños diversifican los colores y se hacen evidentes otros tonos, así como las rayas y los cuadros.
Es claro que los colores básicos para los niños y las niñas han servido para comunicar a la sociedad el sexo del hijo, cuando las diferencias sexuales, como el pelo, la forma del cuerpo y los gestos, no son tan evidentes. Tampoco hay una recomendación para su uso específico, lo importante es identificar con qué se siente a gusto el padre y cómo ha imaginado a su hijo ya que en esos primeros años el menor no podrá decidir.
No se sabe si el uso de estos colores influirá luego en el carácter de un niño, pero lo cierto es que en el mercado ya hay muchos colores.

 

* Especial para 'ABC del bebé'

 

 

 

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