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¿Qué tanto influye la genética a la hora de tener un hijo?

¿Qué tanto influye la genética a la hora de tener un hijo?

Es el resultado de la de sus padres y un poco del azar.

¿Qué tanto influye la genética a la hora de tener un hijo?
Por: Margarita Barrero
03 de Agosto de 2012
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El enamoramiento es más biológico de lo que creemos. Esas cosquillas que se sienten en el estómago cuando vemos a una persona tienen una explicación genética: son una alerta o señal que demuestra que nuestro cuerpo está programado para seleccionar ese óvulo o ese espermatozoide que garantiza la continuidad de la especie, y que la persona que nos despierta esa sensación puede ser un buen candidato para la reproducción.
Esa elección no tiene  nada que ver con los parámetros estéticos del momento, los cuales son cambiantes y subjetivos. En todo este descubrimiento de la pareja, aunque nosotros ni siquiera la intuimos, el olfato se vuelve protagonista, ya que venimos de los animales y, así como estos, nosotros utilizamos nuestro aroma para ‘conquistar’ y el de los demás para ser conquistados. Cuando una persona nos atrae, lo primero que ocurre es que sus olores, llamados feromonas, nos estimulan y envían una señal, que nosotros respondemos con atracción sexual. De la misma manera, nuestro cuerpo produce un aroma particular que, para determinados seres humanos, será más atractivo.
Los bebés no tienen ningún olor, el propio aflora cuando las hormonas actúan, es decir, desde la pubertad, esto indica que estamos listos para reproducirnos y que ya tenemos la herramienta que nos permitirá encontrar pareja, según expertos.
Humberto Ossa, genetista de la Universidad Nacional, quien dirige el laboratorio de genética molecular de la Universidad de El Bosque, afirma que la influencia de los aromas propios en la elección de pareja está demostrada científicamente: “Se hizo un experimento en el que algunos hombres se pusieron camisetas de algodón nuevas y, una vez usadas, unas mujeres las olieron y cada una eligió hizo la elección biológica que convendría para continuar con la especie”, asegura.
No obstante, los expertos coinciden en que la reproducción es un fenómeno más complejo, con elementos por descubrir y en el que se sabe que son importantes los silencios de las personas, su manera de caminar e incluso su expresión.
Para el médico genetista Carlos Martín Restrepo Fernández, profesor titular de la Universidad del Rosario, aunque no podemos ver los genes, sabemos que nos atrae el otro cuando lo creemos sano y llegamos a esta conclusión por su actitud y su manera de desenvolverse, “así que involuntariamente evitamos a los que nos parecen enfermos. Esta es una conducta natural, que indica que el matrimonio al azar no existe, siempre hay selección”, aclara.
¿Quién aporta qué?
Una vez escogemos a la persona para dar vida, creamos un bebé a partir de 46 cromosomas: la mitad aportados por su madre y la otra mitad por su padre. Dentro del código genético de ese hijo (información del ADN donde están todos los genes), habrá, además, unas mutaciones o cambios en su ADN, que son naturales, que siempre se dan
y que históricamente han garantizado la evolución de la especie. Sin importar el número, las mutaciones hacen único a esa persona, a pesar de que tiene la mitad genética de cada uno de sus padres. Nadie da lo que no tiene.
Los genes mutantes son una evidencia de que nuestro cuerpo tiene la capacidad de cometer errores y de hacer cambios en el proceso de copiar los genes. Esos cambalaches se prueban para ver si son exitosos; si con estos somos más capaces de sobrevivir, los cambios se fijan en el ADN de la especie. Ese mismo fenómeno también puede generar enfermedades: “Cuando la mutación inactiva un gen o una proteína y afecta sus funciones, se genera una enfermedad, a pesar de que la mutación por sí sola no es mala”, asegura el médico genetista Carlos Martín Restrepo Fernández, profesor titular de la Universidad del Rosario. Por eso, los hijos no son exactos a los padres.
Para el genetista de la Universidad Nacional, Humberto Ossa, cada vez que se fecunda un ser humano se barajan miles de genes y, dependiendo de si la carga de estos genes es recesiva (que no se manifiesta) o dominante (que se hace evidente), se logran diferentes combinaciones, incluso muy distintas entre personas de la misma familia, y hasta pueden
crearse seres con una mejor dotación dada por el azar, así que algunos tendrán hijos con lo que se denomina vigor híbrido,  es decir, con una mejor defensa inmunológica, menos taras genéticas, menos enfermedades inmunológicas y una capacidad de aprendizaje mayor.
Así llegan ciertas enfermedades
Según el genetista Carlos Martín Restrepo, tenemos 27 mil genes y este mismo número de posibilidades de enfermedades.
Por ejemplo, se dice que las uniones consanguíneas tienen más posibilidades de tener hijos con problemas, pero, según el profesor titular de la Universidad del Rosario, a 49 de 50 parejas de primos les va bien, así que tienen el mismo riesgo que cualquier otra pareja.
Otro mito que la ciencia ha desvirtuado es que los hijos heredan las enfermedades de las terceras generaciones, pues las patologías vienen directamente del aporte genético de los papás.
Si un padre tiene la enfermedad y esta tiene gen dominante, la mitad de sus hijos la padecerá. Si, por el contrario,  los padres son sanos pero poseen la herencia como portadores y ambos tienen el mismo gen dañado, una porción de sus hijos recibirá al mismo tiempo las copias dañadas del padre y de la madre y eso hará que aparezca una enfermedad en los hijos que en los padres no
se ha manifestado, como ocurre con
los albinos (trastorno en la pigmentación). También hay otras enfermedades ligadas a los cromosomas X o Y, los del sexo.
Los 27 mil genes que tenemos están empacados en 46 cromosomas, y cuando se daña uno porque falta o sobra, se pueden presentar malformaciones o retraso mental. Y hay patologías mitocondriales, que producen fallas en la energía y afectan el cerebro y el corazón. Estas son enfermedades más complejas en las que influyen factores ambientales.
Él doctor Restrepo también afirma que la mayoría de los cánceres se producen por el cambio de genes de manera azarosa o por factores ambientales: “En algunos casos, la mutación genética puede ser el origen de un grupo de células que se comportan de manera tumoral”, asegura.
Las características de su hijo
El niño tiene un genotipo, que es la constitución genética que no se puede ver, y un fenotipo, que son todas las características de su hijo que puede observar: el color de los ojos, la estatura, la inteligencia y algunas habilidades, por ejemplo. ¿Qué es dado por la genética y qué no?
• Los rasgos físicos: se sabe que algunos son dados solamente por la genética y otros se ven afectados por el medioambiente de alguna manera.
Los genetistas creían que había un gen para cada particularidad del individuo, pero se ha demostrado que cada persona solo tiene alrededor de 27 mil genes, así que no hay tantos para todas las características individuales; esto comprueba que es un conjunto de genes el que determina el color de la piel o de los ojos, por ejemplo, y no únicamente un gen.
También se sabe que la apariencia física está determinada por el sistema óseo que está debajo de la piel, y su formación depende directamente de la mitad de los cromosomas de cada uno de los padres. Cada físico corresponde a una apariencia ósea que le es característica.
• La belleza y la estética: son conceptos culturales que varían de acuerdo con la época y la sociedad, nada tienen que ver con la genética.
• La personalidad: los especialistas afirman que seguramente sí hay factores hereditarios en algunas características de la persona, pero también dicen que muchas otras se aprenden en la interacción con el mundo y algunas vienen en las mutaciones.
• La obesidad: tiene un componente genético, ya que la persona nace con una predisposición a preferir determinados alimentos en vez de otros.
• Las adicciones: hay personas que nacen con metabolizadores lentos, mientras otros son rápidos. Quien tiene dos copias lentas del gen se emborrachará con rapidez; si ocurre el caso contrario, la persona será tolerante al alcohol. Sin embargo, esto no quiere decir que haya un determinismo genético para ser adicto, es solo una condición que determina el metabolismo.
• Homosexualidad o heterosexualidad: se han buscado genes candidatos, pero es un tema más complejo, porque las situaciones del medioambiente pueden inducir en una u otra condición, así que probablemente la herencia genética no sea tan fuerte en este caso.
• La altura: la estatura es heredada en un 78 por ciento, el porcentaje restante se obtiene en la interacción con el medio ambiente. Esto quiere decir que factores que no son genéticos, como practicar algún deporte y la alimentación, por ejemplo, colaboran con el crecimiento. Si los padres son altos, su hijo lo será, con la media de la estatura de ellos. En cambio, si sus papás son bajos, el niño será de baja estatura, pero se tratará de acercar a la media de la población.
• La inteligencia: “Hay estudios que sugieren que la heredabilidad de la inteligencia del ser humano es de 68 por ciento, y el 32 por ciento restante depende la interacción con el medio ambiente”, asegura el genetista Restrepo.

 

 

 

 

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