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Forma y tamaño del pecho no inciden en la lactancia

Forma y tamaño del pecho no inciden en la lactancia

Algunas mujeres, por presentar pezones invertidos o con tejido subdesarrollado, le hacen el quite a la lactancia. Pero no importa si  usted presenta estas alt

Forma y tamaño del pecho no inciden en la lactancia
Por: Redacción ABC del bebé
26 de Diciembre de 2007
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Algunas mujeres, por presentar pezones invertidos o con tejido subdesarrollado, le hacen el quite a la lactancia. Pero no importa si  usted presenta estas alteraciones anatómicas, nada justifica que usted deje de amamantar a su bebé.


La naturaleza es sabia y por más extraño que le parezca que ante el frío o el roce su pezón no presente una erección sino que se hunda, o ni siquiera se asome en medio de la areola (tejido glandular subdesarrollado), su organismo está preparado para alimentar al neonato, aun bajo estas condiciones anatómicas.


“Ninguno de los anteriores es inconveniente para amamantar. Cada bebé saca su pezón. Lo más importante es conocer el tipo de pezón antes del parto y asistir a un taller de preparación para la lactancia”, explica Constanza Castilla, pediatra experta en lactancia materna.


Y la manera de conocerlo es a través de un diagnóstico que lleva a cabo el ginecólogo al comienzo del embarazo.


“Si el diagnóstico se hace una vez el bebé ha nacido –agrega Castilla– se sobrediagnostica pues la congestión misma de la glándula hace que el pezón se aplane”.


¿Es posible sacarlo?


A pesar de que los senos de la mujer estén perfectamente acondicionados para amamantar, existen algunos casos especiales en los que no caería nada mal darles un empujoncito hacia afuera.


Tales son las mujeres con pezones invertidos o hundidos, los planos o los que presentan piel demasiado tierna, que no resistirían la succión por parte del recién nacido.


Para las mujeres con estas condiciones anatómicas se aconsejan los ejercicios de estiramiento que se pueden llevar a cabo durante los nueve meses de gestación.


“Por ejemplo, darles una pequeña vuelta hacia alguno de los lados para ayudar a salir, tanto al pezón plano, como invertido; también sería útil utilizar una talla menor de sostén, con un agujero en el centro; por allí sale el pezón y se ayuda a mantener fuera. En cambio, acudir a jeringas y otras cosas lo lastima y no resuelve la situación”, agrega Castilla.


Sin embargo, estas alternativas requieren previa autorización del especialista que atienda a la futura madre durante la gestación, pues, según los expertos, en algunos casos la estimulación excesiva puede precipitar el parto.


De ahí la necesidad de informarse y practicarse el diagnóstico con tiempo. Otros métodos para mejorar la forma y tamaño del pezón son: frotarlos suavemente luego de tomar un baño, dejarlos al aire libre (por ejemplo, no usar sostén ni blusa durante un rato, en la casa) o dejarlos rozar con la camisa, a menos que el tamaño de sus senos le impidan estar sin sostén.


Tradición vs. ciencia


Hay mujeres que siguen las sugerencias de sus madres, abuelas o vecinas, por sus experiencias particulares.


Nunca acuden al especialista, cuando de lactancia se trata, ignorando que cada caso es distinto y muy especial.


No obstante, no siempre sabe más la edad. Hay quienes recomiendan que, para erigir un par de pezones invertidos o con subdesarrollo glandular, hay que intentar sacar leche antes del parto.


Los expertos sugieren evitar esta práctica, ya que la manipulación anticipada puede generar contracciones uterinas antes de tiempo y hacer perder compuestos valiosos a la leche materna.


Finalmente, recuerde que la lactancia toma su tiempo en establecerse. Los pezones se endurecen y obtienen la forma adecuada hacia la vigésima comida del neonato. Así que tranquilícese, no hay de qué preocuparse.


Cremas o aceites: ¿Aliados o enemigos de los senos?


Es necesario que la madre comprenda que los senos están perfectamente acondicionados para la lactancia y en muy raras ocasiones será necesario preparar los pezones para cuando el bebé comience la succión en busca de alimento.


Las mujeres que, luego del diagnóstico ginecológico, requieran endurecer el tejido o sacar sus pezones, pueden masajear la zona empleando cremas hidratantes, ungüentos o aceites.


No obstante, solo deben ser empleados en caso de que estos presenten signos de agrietamiento, resequedad o rajaduras muy graves que impidan realmente que la madre amamante a su bebé.


Hechos para durar


Los pezones se encuentran naturalmente protegidos y lubricados por aceites cutáneos. Se aconseja limpiarlos únicamente con agua tibia.


Así mismo, se debe suspender el empleo de jabones sobre la zona de la areola durante el último trimestre de embarazo y en los meses de lactancia. Además de resecar la zona, alterarían el sabor y propiedades de la leche materna. No es recomendable usar cremas con perfume.


Nunca hay que emplear cepillos; esto irrita los tejidos y cuando el pequeño succione los pezones, seguramente se rajarán más fácil.


“El empleo de aceites, vaselina, cremas y ungüentos para masajear los pezones sirve para mantener la piel hidratada. Una vez nazca el bebé, el masaje se debe hacer respetando la areola para que el bebé no ‘coma’ cremas”, enfatiza Castilla.


 


 

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