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En qué consiste la parálisis cerebral

En qué consiste la parálisis cerebral

Aunque existe un conjunto muy amplio de síndromes asociados con la parálisis cerebral, se pueden encontrar aspectos comunes que facilitan la comprensión de e

En qué consiste la parálisis cerebral
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12 de Julio de 2007
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Aunque existe un conjunto muy amplio de síndromes asociados con la parálisis cerebral, se pueden encontrar aspectos comunes que facilitan la comprensión de esta lesión por parte de los padres, ya sea porque su hijo la padece, o porque presenta algunos síntomas asociados con esta enfermedad.

En primer lugar, es importante aclarar, según la doctora Doris Valencia Valencia, médica fisiatra infantil de la Universidad Nacional de Colombia, que el término ha cambiado debido a la reacción negativa y peyorativa de los padres y porque generalmente se asocia a parálisis cerebral con retardo mental, lo cual no ocurre necesariamente. Es por esto que actualmente a esta lesión cerebral se le denomina Incapacidad Motora de Origen Central (IMOC).

Una vez aclarado esto, se puede afirmar que el primer aspecto característico de la IMOC es el trastorno motor que se manifiesta por la persistencia de ciertos reflejos arcaicos como los reflejos del cuello, el de Landau, o el reflejo de paracaídas, entre otros. El trastorno motor, si bien debe tratarse, no es algo reversible o transitorio. Los padres deben ser conscientes que la lesión es persistente y por eso deben proporcionar a su hijo los medios adecuados (terapia permanente y oportuna) para que se adapte al medio de la mejor manera posible.

El segundo aspecto es que pese a ser irreversible, la lesión no es progresiva y, por lo tanto, no es degenerativa. Con un tratamiento a tiempo y prolongado el niño puede aprender a sobrellevar su condición (aunque esto depende también de la gravedad de la lesión).

El tercer aspecto consiste en que el daño cerebral ocurre antes, durante o después del nacimiento, es decir, en el tiempo en que el Sistema Nervioso Central está en proceso de maduración, el cual se prolonga hasta los tres o cuatro años de edad.

¿Se puede prevenir?

La prevención de la IMOC tiene que ver con el reconocimiento de las causas que lo provocan. Sin embargo, no hay una clasificación determinante de estas causas, por lo que se recomienda tener en cuenta algunos factores que pueden prevenirla o facilitar su detección:

Factores perinatales: un gran porcentaje de casos de IMOC están asociados con la asfixia perinatal. En menor grado se encuentran causas como infección intrauterina, trastornos en la coagulación, la extrema prematurez y en muy pocos casos se considera una consecuencia de defectos genéticos. Factores postnatales: cuando su causa está relacionada con infecciones como meningitis, por intoxicación y traumatismos.

Según la doctora Doris Valencia Valencia, las causas son bastante inciertas. Hace algunos años se consideraba que los problemas perinatales eran la principal causa de la IMOC. Sin embargo, ahora que la asistencia perinatal tiene un nivel tan alto, se puede notar que los porcentajes de presencia de IMOC en los niños no han disminuido.

Clasificación

Una clasificación general basada en criterios clínicos muestra 5 maneras en que se presenta esta lesión en los niños:

Espástica: es la más frecuente y se reconoce por un incremento del tono muscular, que se manifiesta en el niño por una disminución en sus movimientos espontáneos, disminución en la amplitud de sus movimientos e incluso imposibilidad de realizar algunos de ellos. Discinética: el niño con esta lesión presenta síntomas como cambios bruscos del tono muscular, movimientos involuntarios y persistencia de los reflejos arcaicos más allá del tiempo normal. Esta clase de IMOC tiene como consecuencia problemas en el desarrollo del lenguaje debido a la dificultad en la coordinación de la cara y lengua. Por esta dificultad, muchas veces se cree que el niño puede tener retraso mental. Sin embargo, no es tan frecuente la presencia de problemas cognitivos como en otras clases de IMOC. El niño puede presentar otro tipo de problemas relacionados con la visión o la audición. Atáxica: el síntoma predominante es la hipotonía (falta de resistencia o flacidez en los movimientos) que va acompañada de incoordinación y trastornos del equilibrio. Hipotónica: es aquella que además de presentar flacidez en los movimientos está asociada con retraso mental y epilepsia. Mixta: cuando se presentan asociaciones del tipo ataxia –distonía, discinética– espasticidad (esta es la más frecuente).

Existe otra clasificación de acuerdo con la distribución en la afección motriz:

Diplejia: si las cuatro extremidades se ven comprometidas aunque predomine el daño en las extremidades inferiores o superiores. Hemiplejia: cuando afecta las extremidad inferior y superior del mismo lado (izquierdo o derecho). Cuadriplejia: si las cuatro extremidades se ven afectadas en el mismo grado.

Diagnóstico

El diagnóstico final debe ser el resultado de un análisis realizado por especialistas. Sin embargo, la información debe provenir de la observación detallada de lo movimientos del niño, aspecto en el que los padres tienen una gran participación. Es importante tener en cuenta que sólo hasta el momento en que los médicos realicen un cuadro clínico completo se puede iniciar el tratamiento adecuado.

Tratamiento

Muchos padres pueden pensar que al ser una enfermedad persistente no se requiere de tratamiento. Esta creencia es falsa porque es indispensable controlar tanto la lesión como sus consecuencias (trastornos asociados). En cualquier caso es necesaria la atención especializada oportuna, continua y permanente con el fin de proporcionar al niño la mejor calidad de vida en el presente y en el futuro.

No existe un tratamiento general, este depende del grado de lesión del pequeño. Aun así, todo tratamiento debe tratar dos aspectos básicos:

Desarrollar al máximo las capacidades motrices del niño: para esto se requiere de fisioterapia, ortesis o férulas que prevengan deformidades, fármacos, intervenciones quirúrgicas. Prestar atención a los trastornos asociados.

El éxito del tratamiento no depende exclusivamente de equipo médico a cargo, los padres juegan un rol muy importante, pues el aspecto afectivo le brinda al pequeño la seguridad y confianza para desarrollar al máximo sus capacidades. Por esto se recomienda que los padres estén presentes en la terapia y puedan aprender las posturas, ejercicios y juegos que estimulen al niño a crear patrones de conducta apropiadas desde sus posibilidades.

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