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Fiebre, un buen síntoma

Fiebre, un buen síntoma

Para los padres, la fiebre se constituye en un estado de alerta preocupante, en especial cuando los bebés son muy pequeños pero, en realidad, es un síntoma q

Fiebre, un buen síntoma
Por: Karen Johana Sánchez
21 de Febrero de 2014
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Para los padres, la fiebre se constituye en un estado de alerta preocupante, en especial cuando los bebés son muy pequeños pero, en realidad, es un síntoma que puede calificarse benéfico para el organismo que, como lo indica Carlos Enrique Cortázar, pediatra se trata de un mecanismo de defensa que busca erradicar el origen infeccioso que lo está afectando.

Para el pediatra Álvaro Jácome, “la fiebre es una respuesta del organismo que se manifiesta con la liberación de algunas sustancias, ante la presencia de diversos elementos, como anticuerpos, antígenos, superantígenos o restos bacterianos. Esta respuesta es una forma de ampliar los mecanismos inflamatorios que obran como defensa del cuerpo”.

Es decir, es un buen síntoma porque el cuerpo se está manifestando como respuesta a un factor extraño que ataca al organismo, y permite que se generen ciertos procesos para activar las defensas del niño. Una persona padece de fiebre cuando su temperatura es mayor de 37,5 °C. Y esta se puede presentar de manera continua o recurrente. En el primer caso, es cuando la fiebre se mantiene a lo largo de cierto tiempo, que generalmente son tres días. Y recurrente se refiere a cuando aparece y desaparece, de forma intermitente, por ejemplo, cada una o dos semanas.

Dentro de esta sintomatología se pueden presentar incrementos de temperatura que son muy importantes “para establecer un diagnóstico claro de lo que puede estar afectando al niño. Por eso, los médicos consultan a los padres y cuidadores preguntándoles si la fiebre se eleva, cada 12 o 24 horas, hasta llegar a los 39 o 40 °C”, dice Cortázar. A esta situación se le denominapicos febriles.

En tal sentido, los padres deben permitir que la fiebre se desarrolle y, según recomiendan los médicos, esperar tres días antes de llevarlos al servicio de urgencias, porque “la mayoría de las veces los procesos de infección viral, que están asociados a la fiebre, pueden durar ese tiempo para asentarse en el organismo”, indica el doctor Jácome.

or fortuna, añade, la mayoría de las veces (9 de 10), la fiebre se debe a procesos relacionados con virus: “El cuadro más común en pediatría que se asocia con la fiebre son las infecciones y, dentro de estas, las más habituales son las virales, sobre todo en los primeros 5 años de vida”.

Ahora bien, explica Cortázar, de persistir la fiebre podría existir “la presencia de una infección bacteriana. Las más frecuentes en los niños son las respiratorias; en las niñas, la infección urinaria. Y en general, puede estar asociada con otitis o amigdalitis, entre otras”. En estos casos, lo indicado es consultar al médico de inmediato.

¿Cómo atenderla?

 Siempre, ante la sospecha de fiebre, hay que corroborar con la medición, como lo explica el pediatra Cortázar, pues “no existe la fiebre interna y tampoco la sospecha de fiebre está dada porque el niño tiene la cabeza caliente y las manos frías. Lo único que nos dice en realidad si hay o no fiebre es la toma de esta con termómetro digital o de mercurio”. 

Lo primero es tratar de manejar en casa los episodios febriles de la forma convencional, es decir, “refrescándolos al liberarlos de ropa; bañándolos con agua tibia, nunca fría, ni en alcohol, pues esto último aumenta la temperatura”, añade.

 Ahora bien, si el estado febril se mantiene y su condición no mejora con el manejo que se le ha dado en casa, comuníquese con el pediatra y siga sus indicaciones, en especial si lo medican, teniendo cuidado de las dosis y su periodicidad, esto es clave.

Nunca los automedique, pues como lo explica Cortázar “cualquier medicamento puede resultar potencialmente tóxico, dada la variabilidad biológica de cada organismo. Unos niños responden de una forma, y otros de otra ante el mismo medicamento. Entonces, la medicación debe ser como lo indique el médico y de acuerdo con el peso del niño”.

Lo importante es estar atentos en caso de que se presenten cambios en el estado general del niño, y si la fiebre persiste pasados los tres días, hay que acudir al servicio de urgencias para obtener un diagnóstico preciso de lo que está sucediendo, anotan los expertos.

Diferentes mediciones

Hay que aclarar que existen diferentes formas de tomar la temperatura, según el lugar del cuerpo en el que se mida. Por ejemplo, si se toma en la boca, hay fiebre a partir de los 38 °C; si es en el recto, 38,5 °C, pero lo recomendable es tomarla siempre en la axila, incluso en los niños más pequeños, con un termómetro de mercurio o digital. “Aquellos que se utilizan como bandas en la frente, o en el oído pueden no ser tan confiables”, asegura el doctor Cortázar.

Defensas fuertes

Una forma de proteger a su hijo de enfermedades y, en consecuencia, de la fiebre, es fortalecer desde muy temprana edad el sistema inmune, ya que "todo niño recién nacido y hasta los seis meses, más o menos, es inmunodeficiente; es decir, sus defensas aún son débiles. Pero en la medida en que va creciendo y desarrollando su sistema inmune, se fortalece. Para ello, hay que tener un buen estado nutricional y una atención higiénica adecuada", dice el pediatra Carlos Cortázar.

Además, añade que "no hay que exagerar los cuidados para proteger al niño de los cambios climáticos, pues en la medida en que se ponen en contacto con la naturaleza, con virus y bacterias, es como se hacen más resistentes. El extremar las medidas higiénicas y los cuidados excesivos, no les permite ir creando ese sistema con defensas. Puntualmente, no hay que excederse en abrigo, sino que se expongan a las condiciones normales del ambiente, tomando la debida precaución".

Otras causas                                  

El doctor Carlos Cortázar anota que “si hay recurrencia de la temperatura se puede estar frente a una infección oculta, o ante un niño que puede tener una condición especial de inmunosupresión (bloqueo del sistema inmune), o que está expuesto a un ambiente en donde hay hacinamiento, contaminación o medidas higiénicas inadecuadas”.

Ahora, lo aconsejable es descartar los contagios más frecuentes, como los que se presentan cuando el niño ingresa al jardín, que es cuando se dispara el pico más alto de infecciones respiratorias y gastrointestinales en los pequeños. Posteriormente, hay que pensar en la presencia de un factor diferente asociado a otros aspectos, o a una condición especial del niño.

 

 

 

 

 

 

 

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