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La voz de la madre y las melodías que la acompañan son esenciales en el desarrollo del niño

La voz de la madre y las melodías que la acompañan son esenciales en el desarrollo del niño

Estas son adecuadas para el ambiente de los pequeños, pues los tranquiliza, les permite descansar y facilitan que concilien el sueño. Además, les brinda afec

La voz de la madre y las melodías que la acompañan son esenciales en el desarrollo del niño
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28 de Febrero de 2008
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Estas son adecuadas para el ambiente de los pequeños, pues los tranquiliza, les permite descansar y facilitan que concilien el sueño. Además, les brinda afecto y compañía.

Cuando llegaba la hora de dormir a sus mellizos, Giovanna recuerda que tomaba a la niña entre sus brazos, balanceaba al niño en su moisés con uno de sus pies y empezaba a cantarles todas las canciones de cuna que encontraba en su repertorio. Si se le agotaban, podía pasar de un ‘arrurrú pedazos de mi corazón’ a un ‘a la nanita nana’, sin que le importara que se trataba de un villancico. Y si Morfeo no había capturado todavía a sus pequeños, se valía de cualquier canción que se apareciera en su memoria con tal de no parar de cantarles.

Y es que cantarle al bebé es una de las actividades más importantes que la madre debe realizar. “Su voz es esencial en el desarrollo, porque el bebé la escuchó cuando le hablaba durante el embarazo y en sus conversaciones cotidianas. Es la primera voz que reconoce y que al oírla, lo calma. Entonces, el niño necesita seguir escuchando esa voz que le proporciona seguridad”, explica Aura Sofía Rico, pediatra especialista en desarrollo infantil.

¿Qué cantar? “Las nanas o canciones de cuna juegan un papel muy importante, lo mismo que las cancioncillas, estribillos y canciones infantiles, pues según el músico, pedagogo, escritor y profesor Don Campbell, contienen los ritmos y las formas de lenguaje básicos sin importar el idioma”, sostiene Ángela Rueda de Halliday, quien realizó estudios en musicoterapia, pedagogía musical y se especializó en el área de estimulación musical del método verbotonal.

La doctora Rico asegura que desde recién nacido y hasta aproximadamente los tres primeros meses se aconseja cantarles “lo que los americanos llaman los lullabies, que son como los arrullos; es decir, todas las canciones de cuna lentas que hacen que el niño se tranquilice y pueda conciliar mejor el sueño, porque lo que más necesita en esta etapa es organizar sus horas de vigilia y descanso. En caso de que las mamás se ayuden de discos, es preferible que usen música instrumental y que no tenga mucha letra”.

¿Cómo cantar? “Cuando uno baña al bebé y le va cantando, por ejemplo: ‘Yo me lavo la carita’, él entiende que eso que la mamá le está tocando es la cara; o sea, ella pone las palabras en el cuerpo del bebé a través de su voz, de la música y del tacto”, comenta María del Sol Peralta, pedagoga preescolar y autora del libro Sana que sana Una canción para cada ocasión.

Es probable que muchas madres necesiten recurrir a melodías distintas de los arrullos cuando le cantan a sus hijos. Pero no hace falta que entonen canciones de series extranjeras, pues basta con que escarben en los rincones de sus memorias para que encuentren una serie de melodías que también les cantaron en su infancia.

“Hay que rescatar las tradiciones, porque en ellas está nuestra historia, nuestras raíces, nuestras palabras cotidianas, nuestros acentos y nuestro legado histórico, que tiene una gran carga emocional, pues a través de la voz se transmite el afecto. Una prueba de ello es que si un adulto oye hoy una de las melodías que le cantaron en la infancia, se acuerda de inmediato de sí mismo, de los sabores, los olores y más que nada de la familia, que es la que nos enseña y nos ayuda a acercarnos al mundo”, subraya la autora.

Sin embargo, aclara que cuando el repertorio de canciones se agota, una buena opción son los discos y libros, pues refrescan la memoria y brindan nuevos ritmos y sonidos para que la madre recurra a ellos para inventarse nuevas rimas y canciones para su pequeño. Sin embargo, nunca para sustituir la voz de la madre.

Agrega que las madres no deben preocuparse nunca por si son afinadas o si tienen una voz privilegiada, pues lo que realmente importa es que mantengan el estrecho vínculo que las une a sus hijos, a través del sonido de sus voces.

A medida que los niños van creciendo, la música que los acompaña puede ser más alegre. Por ejemplo, si se utilizan rondas, se aconseja que se las pongan al niño en un momento en que no esté irritable, sino alerta y en vigilia, cuando los padres quieren establecer un juego o interacción a partir de la música.

Además, a través de las canciones, es posible enseñarle rutinas al niño. Es decir, con la canción: “Juguemos en el bosque mientras el lobo está… Levantándose, bañándose, desayunando, etc”, el niño comprende que debe seguir un cronograma similar al del lobo en la mañana”, dice Peralta. “De los seis meses en adelante, cuando el niño empieza a reconocerse a sí mismo, por ejemplo jugando en el espejo, se debe recurrir a melodías que contengan letras más ricas, para que se formen conceptos y enriquezca su vocabulario”, señala la doctora Rico. abc

Otro motivo María del Sol explica que el primer sentido que se desarrolla es el oído, así que desde muy temprana edad, el feto oye, sobre todo el latido del corazón de la madre.

“Es un sonido que viene y va. Luego, cuando la madre lo amamanta, lo vuelve a oír por la cercanía con su pecho. Ese sonido se repite en el ritmo de las canciones, adicionalmente, el arrullo utiliza el movimiento de vaivén, lo cual le da piso afectivo al bebé pues le recuerda siempre el corazón de la mamá. Además, en los cuentos, ese ritmo pasa a ser una estructura; es decir, el personaje va y viene: sale de su casa, tiene problemas, los resuelve y vuelve al lugar donde se siente seguro, que es el hogar, en el que se encuentra la voz y el latido del corazón materno, la seguridad y la protección”, concluye Peralta.

Por Melissa Serrato Ramírez Redactora ABC del bebé

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