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Para que escuche mejor

Para que escuche mejor

Los especialistas dan pautas de cuidado de los oídos de los niños

 Para que escuche mejor
Por: Karen Johana Sánchez
18 de Julio de 2014
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Desde que el bebé está en el útero es capaz de escuchar, especialmente los latidos del corazón de su madre. Por eso, apenas nace puede reconocer la voz de mamá.

Según la otorrinolaringóloga pediatra Frida Scharf de Sanabria, presidenta de la Sociedad Colombiana de Otorrinolaringología Pediátrica, a la tercera semana de edad gestacional empieza a formarse la parte de donde saldrá el oído interno, el sitio que transmite el sonido hacia el cerebro. Y, desde los tres meses, que ya está formado el oído prácticamente, empieza a escuchar.

Cuando el niño nace, su oído ya está formado; lo único que falta es plasticidad neuronal, es decir, el desarrollo cerebral que se produce rápidamente en los niños hasta los tres años. Interpreta lo básico, pero los estímulos sonoros harán que vaya madurando.

La recomendación en todo el mundo es realizar una valoración  auditiva a todos los recién nacidos vivos, examen que está disponible en nuestro país y que, además, según la Ley de la Infancia es de carácter obligatorio, dice el doctor Gilberto E. Marrugo, profesor de la Universidad Nacional de Colombia y jefe del servicio de otorrinolaringología pediátrica de la Fundación HOMI.

Es el médico quien, desde las primeras horas de vida, debe verificar que el estado del niño sea óptimo.

Además, desde un primer instante, dice la doctora Scharf, se debe hacer el examen del reflejo de moro. “Después de que el niño nace, se hace un ruido fuerte, mientras está medio dormido. Él debe inmediatamente abrir las piernas y los brazos, como si se asustara. Demuestra que el niño está escuchando”.

Luego se presenta el reflejo cocleopalpebral; es decir, el bebé debe cerrar sus ojos o parpadear ante sonidos fuertes. Cada vez más debe aumentar su reacción. En los primeros tres meses, el niño se inquieta o para cuando oye ruidos, como una conversación, por ejemplo, añade la especialista. Más o menos al quinto mes ya empieza a localizarlos, pero en un plano horizontal. Es decir, que su origen sea de frente y no detrás de él. A los seis meses empieza a querer imitar los sonidos a su manera o a balbucear.

Todo esto puede ser detectado por los padres, pero es importante que el pediatra examine al niño y lo corrobore.

Complicaciones frecuentes

La pérdida auditiva es la discapacidad más frecuente. Esta puede ser severa o superficial. Es causada “por un proceso hereditario, infeccioso, hospitalizaciones. Se puede presentar en niños nacidos con bajo peso, que hayan presentado una bronquiolitis, dificultad para respirar”, señala la doctora Sharf, también presidenta electa de la Sociedad Interamericana de Otorrinolaringología Pediátrica.

Otros niños que pueden sufrir daños son los prematuros, aquellos con concentración alta de bilirrubina, que hayan recibido medicamentos (antibióticos),  tengan antecedentes familiares de pérdida de audición infantil, meningitis, exposición a ruidos muy fuertes, incluso por tiempo corto”, dice Gonzalo Franco Ramírez, pediatra y profesor jefe de Pediatría de la Clínica Corpas.

Otros problemas que pueden afectarlos son las infecciones, generalmente la otitis media y externa. Aunque no son tan comunes antes de los seis meses, dice el médico Marrugo, suelen requerir antibióticos más ‘fuertes’ que los que comúnmente se usan.

La doctora indica que el 50 por ciento de trastornos auditivos en los niños son congénitos, y el otro 50, hereditarios. En cuanto a la sordera, un 10 por ciento pueden ser causas genéticas, y un 20, cuando hay otitis. Pero con la salvedad de que, cuando es por infecciones, casi siempre desaparecen.

Finalmente, está la malformación congénita del pabellón auricular, del conducto o del oído interno (agenesias). Según la doctora Frida, “si hay algo que no promovió el desarrollo, los niños nacen con la orejita pequeña o el conducto tapado, o los dos primeros huesos (el martillo y el yunque) pueden no desarrollarse y quedan como fijos”.

En cualquiera de estos tres problemas se debe realizar un examen clínico y, luego, las pruebas de audición requeridas.

Según el diagnóstico de cada problema, se necesitarán más  exámenes y procedimientos, que van desde implantes cocleares, tubos de ventilación, audífonos, medicinas, etc. O cirugías por malformación que, dice la doctora, no se hacen antes de los 6 años. Todo esto debe ser indicado únicamente por un experto.

Si la mamá sospecha que el niño no está oyendo bien, tiene que llevarlo al pediatra y hacer los controles indicados.

Cuidado temprano

La primera indicación para cuidar la audición del bebé es tener un esquema de vacunación completo durante el embarazo y estar en buen estado, pues existen enfermedades que, si se presentan en la gestación, pueden afectar al bebé. (Ver recuadro).

Ahora, cuando el niño nace es muy importante someterlo a un examen de audición neonatal. Y seguir con los controles necesarios de un niño sano. Los problemas de la audición son tratables si se detectan a tiempo, idealmente antes de que un bebé cumpla tres meses. Dificultades como la sordera infantil, por ejemplo, pueden ser diagnosticadas a los pocos días de vida, afirma el doctor Franco.

La audición también debe ser valorada al ingresar a la escolaridad, tras padecer otitis o infección, etc.

Para cuidar el oído es importante que el niño se alimente de leche materna, factor protector contra la otitis, tener un esquema completo de vacunación y evitar factores que fomenten las infecciones, como el tabaquismo en el hogar.

Y proteger al pequeño cuando tenga contacto con el agua. Se debe evitar zambullirlo –dice Scharf –; a pesar de que nacer en un ambiente acuático, meterlo muy temprano a la piscina hace que el agua pueda entrar a la nariz, pasar por el conducto que comunica a la garganta con el oído y producir la otitis”.

Para el doctor Franco, la humedad con el cloro de la piscina favorece la otitis externa y el conducto auditivo se puede infectar con bacterias. Los niños que se sumergen y sufren de rinitis alérgica pueden presentar otitis por aumento de la presión.

Por su parte, el médico Marrugo dice que, en realidad, “si las condiciones del agua de la piscina son buenas, en la gran mayoría de los casos no hay que hacer nada. Son muchos los bebés que no necesitan protección. Los protectores o las gotas para nadadores solo están indicadas si el niño ha presentado algún problema del tipo de otitis externa”.

En cuanto a la higiene del oído, los expertos recomiendan limpiar únicamente el pabellón o parte externa del oído con una toalla o algodón compacto, jamás introducir ningún objeto, como los copitos.

“No es necesario limpiar los oídos al bebé a fondo. La cera que se forma en la cavidad de los oídos del pequeño tiene la función de proteger el canal externo contra elementos extraños, como el polvo, la humedad y las bacterias. Algunos niños producen más cera, por lo cual se debe hacer una limpieza cuando el médico encuentra tapones, pero esta solo debe hacerla el especialista para no lesionar la membrana timpánica”, aclara el pediatra Gonzalo Franco.

 

 

 

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