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Tocar a los bebés, además de manifestar afecto, los estimula física y emocionalmente

Tocar a los bebés, además de manifestar afecto, los estimula física y emocionalmente

Desde que la mujer se encuentra en embarazo, debe comunicarse y transmitirle amor al niño a través de las palabras y los cuidados.  El tacto es uno de los s

Tocar a los bebés, además de manifestar afecto, los estimula física y emocionalmente
Por: Edna Juliana Rojas H.
24 de Agosto de 2009
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Desde que la mujer se encuentra en embarazo, debe comunicarse y transmitirle amor al niño a través de las palabras y los cuidados. 

El tacto es uno de los sentidos que más emociones genera.  Pareciera una recomendación innecesaria decirles a los padres que deben abrazar, besar y hablarles a sus hijos. Sin embargo, los retrasos en el desarrollo han aumentado, según expertos en el tema, debido a que son muchos los pequeños a los que dejan con sus juguetes en un corral sin contacto físico, ni estimulación de ninguna clase.

Martha Peláez, doctora en sicología del desarrollo y asociada al Instituto de Investigación en el Tacto de Estados Unidos, lleva 23 años indagando sobre la importancia del contacto físico entre padres e hijos. Los resultados son evidentes e innegables, señala. Los beneficios son visibles también en los prematuros, pues la cercanía con sus padres estimula inmediatamente el crecimiento y rápido desarrollo, hasta el punto de que logran salir más rápidamente de las incubadoras.

La experta asegura que las primeras formas de comunicación son las miradas, los sonidos, estar cara a cara y, por supuesto, los masajes.Un estudio de Johnson’s Baby, coordinado por la doctora Martha Peláez, demostró que tener un contacto cercano y constante desde el primer momento fortalece el vínculo afectivo, aumenta la conexión emocional, influye positivamente en la evolución de su lenguaje, su autoestima y la forma como se relacionará en el futuro con quienes lo rodearán.

Los beneficios no son exclusivos para los bebés, pues después de varios días de realizar masajes, los padres liberan cargas de estrés y estrechan sus vínculos de confianza y afecto con los pequeños.

Los masajes no son una novedad del mundo actual; aparecieron en la década de los 70, gracias a la observación de una mujer que cuidaba niños en un orfanato. “Basta con recordar a los niños de Rumania, señala la doctora Peláez, quienes fueron llevados a orfanatos al perder a sus padres por la guerra. Eran pequeños llenos de miedos, poca socialización, apego y mucha inseguridad”.

A pesar de que no existen estudios de seguimiento en bebés hasta la adolescencia sobre los resultados del contacto físico, estos se evidencian en la primera infancia, cuando se observa a los niños que continúan con hábitos y conductas establecidos por sus padres desde el comienzo.

 

El primer contactoViene desde el vientre, cuando los padres le manifiestan al bebé su amor a través de las palabras, la música, los cuidados. Luego, durante la primera hora después de nacer, la lactancia se convierte en la forma de estrechar el vínculo entre los dos. No hay mayor acto de unión entre madre e hijo que el momento en el que lo amamanta, pues el pequeño la siente, la huele, la saborea, la escucha.

También están los abrazos, los besos, las caricias. Alzarlo, jugarle, alimentarlo. Y el gran complemento del tacto: los masajes. Se recomienda realizarlos en un momento especial del día en el que el bebé no tenga hambre o inmediatamente después de comer, pues estará irritable y no disfrutará del momento. Muchos padres eligen hacerlos después del baño, una vez al día, para relajarlos y prepararlos para el momento de dormir.  En el caso de los prematuros, señala Martha Peláez, tienen una alta carga de estrés, pues están sometidos a máquinas, medicamentos, médicos atendiéndolos en un espacio frío. Lo mismo sucede con los padres que se encuentran llenos de tensión frente a la situación. Se comprobó en el estudio que a través de los masajes, se disminuyen los niveles de cortisol, una sustancia producida por las cargas de estrés y se eleva la serotonina, otra sustancia a la que se le atribuye el papel de inhibidora de la molestia, el disgusto y el enfado.

 

Cómo acariciarBasta con pasar las manos por la espalda, acariciar las piernas, los brazos, la cabeza. Esa es una muestra de afecto que el niño entiende inmediatamente, a pesar de que no medien palabras.

En el tema de los masajes, se recomienda realizarlos durante 10 o 15 minutos diariamente en un ambiente cálido y en un momento de descanso. Los padres deben lavarse muy bien las manos y emplear crema o aceite para que los movimientos sean mucho más ligeros y suaves. La sicóloga especialista en desarrollo infantil Paula Bernal aconseja comenzar por una parte del cuerpo cada semana para que el pequeño se acostumbre y reconozca los masajes. Es posible que inicialmente se sienta irritable, pero rápidamente se adaptará. La doctora Martha Peláez aconseja:

 

Cabeza: acariciar la frente. Luego pasar por el borde de la boca como marcando una sonrisa.

Brazos y piernas: con las manos cerradas apriete una extremidad y muévalas como si estuviera desatornillando.

Pecho: hacer la mariposa. Con las palmas de las manos abiertas como una mariposa, subir desde el ombligo hasta el pecho.

Pies y manos: pasar el dedo pulgar por la planta del pie. Tomar cada dedo y estirarlo.

 

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