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Todos en la misma cama

Todos en la misma cama

Se hace por comodidad o por temor. Los padres, especialmente si son primíparos, dejan al bebé en medio de los dos con el pretexto de alimentarlo con más como

Todos en la misma cama
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21 de Julio de 2006
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Se hace por comodidad o por temor. Los padres, especialmente si son primíparos, dejan al bebé en medio de los dos con el pretexto de alimentarlo con más comodidad en los primeros meses de vida.

En otras ocasiones la excusa es el miedo a que le suceda algo a la indefensa criatura mientras ellos duermen.

Sin embargo, poco a poco, el niño va creciendo y permanece en la cama de la pareja, algo que, según los sicólogos, es inconveniente desde todo punto de vista y en todas las edades de la infancia.

Compartir un mismo espacio con los hijos significa menos horas de descanso para todos. Y ni qué decir de la poca intimidad de la pareja. En cuanto a los niños, generan dependencia de los adultos: no son capaces de dormir solos y, en el futuro, tendrán dificultad para desarrollar su independencia.

Por el afecto, pero...

Aún así, algunos expertos sostienen que, al menos en los primeros meses, dormir con el bebé estrecha el vínculo afectivo con los padres. Al respecto, la pediatra María Isabel Uscher señala que una opción más segura es ubicar al niño en su cuna o moisés cerca de la cama de los padres.

Cuando el pequeño comience a dormir toda la noche (alrededor de los 6 meses), puede pasar a su propio cuarto.

“Un niño que duerme con sus padres tiene más posibilidades de caerse de la cama. Además, el adulto puede voltearse y ahogar al bebé cuando es muy pequeño, riesgos que no vale la pena correr”, indica la pediatra.

Por otra parte, compartir el lecho con los hijos genera hábitos de sueño inadecuados, según afirma la sicóloga Paola Arbeláez.

Y, como si fuera poco, el apego, en vez de ser saludable, genera un niño ansioso e inseguro, con dificultad para desarrollar su autonomía e identidad cada vez que se separa de sus padres.

De otro lado, la autoridad comienza a fallar.

Hay que tener en cuenta, además, que los niños que duermen con sus padres no comen bien y manipulan con la alimentación, según Uscher.

Todas esas consecuencias ameritan tomar medidas a tiempo: permítale que aprenda a dormirse solo, a una misma hora todos los días y con un ritual que le motive al sueño: póngale la pijama, lávele los dientes, léale un cuento y acuéstelo en su propia cama.No olvide crearle su propio espacio de descanso, para que el niño aprenda otro de los hábitos saludables que requiere el ser humano: el buen dormir.

Sáquelo de su cuarto

El primer límite que se le debe poner al hijo es hacerle entender que tiene su propio espacio. Si ya tiene 2 ó 3 años y duerme en medio de sus padres, tenga en cuenta:

Tome la decisión de pasarlo a su cama sin sentirse culpable.  Ambos deben estar de acuerdo. Muéstrele su espacio. Descríbaselo con palabras dulces.  Inicie la rutina de ir a dormir. Cuando no quiera acostarse, acompáñelo y motívelo a quedarse en su cama. Si es necesario, déjelo llorar. En una semana se adaptará.  Hágalo con calma y firmeza. Nunca dé su brazo a torcer. De lo contrario, tendrá que empezar el proceso de nuevo.

Andrea Linares GómezRedactora ABC del Bebé

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