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Después de los seis meses: ¿va a pasar toda la noche?

Después de los seis meses: ¿va a pasar toda la noche?

Las rutinas que establezcas serán esenciales para que tenga una noche reparadora.

Después de los seis meses: ¿va a pasar toda la noche?
Por: Lizeth Salamanca Galvis
13 de Abril de 2016
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“¡Doctor, no veo la hora de que mi bebé duerma de corrido toda la noche!”. Este es uno de los deseos que con mayor frecuencia expresan los padres en las consultas pediátricas.

Y es que, luego de cinco meses intensos en los que tu bebé se ha estado despertando entre tres y cuatro veces durante toda la noche debido a sus necesidades de alimentación, el inicio del sexto mes y la posibilidad de que empiece a dormir periodos de tiempo más largos hace que esta sea, quizá, una de las etapas que con más anhelo esperas para retomar tus propias rutinas de sueño.

Pues bien, entre los 6 y los 12 meses, tu bebé dormirá un promedio de 14 horas diarias, que incluyen dos a tres siestas de hasta dos horas en el día.

“En la noche probablemente duerma 5 a 7 horas sin despertarse. En este tiempo se aconseja no alimentar al bebe pues hay que crear hábitos saludables de alimentación y descanso. Obviamente, esto no es camisa de fuerza pues cada bebé es diferente. Sin embargo, sí se pueden establecer ciertos parámetros de normalidad ya que en esta época se inicia la consolidación de los patrones de sueño del niño. Es el momento de ‘destetarlo’ de noche y establecer rutinas”, señala el pediatra y neonatólogo José Humberto Fuentes.

Esto se debe a que a partir del sexto mes el sueño en los bebés se convierte en un momento reparador que proporciona descanso tras una jornada diaria de mayor actividad física. Esta involucra el gateo, el momento en el que se sientan por sí solos, los primeros pasos, la alimentación complementaria y una serie de desarrollos neurológicos que permiten que el niño esté más “despierto” ante nuevos estímulos y no requiera tantas siestas cortas durante el día, lo que favorece que su ‘nivel de cansancio’ le permita dormir más durante la noche.

En esta etapa, la importancia del sueño para tu bebé radica en que, mientras duerme, se cumple una serie de procesos que son esenciales para la síntesis de proteínas y la regulación de su sistema inmune: se producen hormonas para la maduración de su sistema nervioso y se secreta la hormona del crecimiento, se regulan los procesos de aprendizaje, y se realiza la fijación de su memoria. De ahí que sea fundamental establecer buenas rutinas de sueño y acostumbrar a tu bebé a seguirlas.

Los nuevos alimentos influyen

Precisamente, en el establecimiento de esas rutinas de sueño uno de los factores que más inciden es el inicio de la alimentación complementaria, pues las necesidades de los niños pasan de ser constantes (cada dos o tres horas, día y noche), a tener tres comidas grandes antes de dormir (desayuno, almuerzo y cena alternados con la lactancia). Además, del tipo de alimentos y de los horarios en los que estos se suministren al niño, dependerá en buena medida el momento en que se vaya a dormir en la noche y sus patrones de sueño.

“Con el inicio de la alimentación complementaria, el niño tiende a estar más despierto durante el día, aunque se pueden establecer siestas cortas después de la administración de alimentos”, agrega Sonia María Restrepo, neumóloga pediatra y especialista en Medicina del Sueño de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

En este sentido, lo aconsejable es que establezcas horarios para la alimentación, las siestas y las actividades como la hora del juego o el paseo diario. Ello no significa que tu bebé deba almorzar siempre a las 12:30 p. m. pero sí que siga un horario predecible. Así, si durante el día come, toma su siesta y juega, y en la noche se prepara para ir a la cama a la misma hora, todos los días, habrá mayor posibilidad de que se duerma fácilmente y logre pasar más horas sin la necesidad de despertarse a comer.

En cuanto al tipo de alimentos que mejoran la calidad del sueño de tu bebé, la leche materna continúa apareciendo en el top de los recomendados ya que contiene triptófano, un aminoácido que aumenta la liberación de la serotonina, sustancia que está presente en el sistema nervioso central y que es esencial para la relajación. “Las frutas y verduras contienen ácido butírico, que ayuda a conciliar el sueño, mientras que algunos de los alimentos que lo dificultan son las legumbres como los fríjoles, las lentejas, los garbanzos, etc. por su alta producción de gases. Así mismo, se debe evitar darles grasas o alimentos fritos que pueden ocasionar insomnio, y postres o golosinas como las tortas y los chocolates que, por su alto contenido energético, excitan al bebé”, aconseja el doctor Fuentes. (Te puede interesar: Trastornos del sueño en el bebé)

Prepara la hora

Los expertos en sueño recomiendan, además, establecer un ritual nocturno que le ayude a tu hijo a relajarse y comprender, según la consistencia con la que lo realices, que ya es hora de ir a la cama, lo que supone bajar el nivel de actividad física de tu hijo hacia las siete u ocho de la noche.

Tal ritual puede incluir darle su cena o amamantarlo por última vez y luego ofrecerle un baño con agua tibia, jugar algo tranquilo, leerle uno o dos cuentos, o cantarle una canción de cuna. “Siempre, en el mismo orden que elijan los padres y a la misma hora. Igualmente, lo ideal es acostar al bebé en su cuna cuando aún está despierto aunque somnoliento, de modo que se acostumbre a quedarse dormido por sí solo y no en los brazos de los padres”, advierte el doctor Fuentes.

Para este médico, entre los errores más frecuentes que cometen los papás en esta etapa está creer que sus hijos pueden sufrir de hipoglicemia si no los alimentan varias veces en la noche, lo que los lleva a hacerlo cada vez que los bebés se despiertan. Así mismo, advierte el especialista, algunos ignoran las señales que indican necesidad de dormir y que se evidencian cuando los niños empiezan a frotarse los ojos, bostezar o disminuir su actividad. (Puedes leer: El sueño ayuda a que el niño crezca)

¿Y SI SE DESPIERTA?

No obstante, aunque tu hijo esté físicamente preparado para dormir toda la noche, existen factores que pueden complicar este proceso, como el desarrollo de la dentición, que los pone irritables; la presencia de malestares y virus, o la experimentación del síndrome de la separación, que es el temor que siente el niño al desprenderse de sus figuras parentales, sobre todo cuando empieza a dormir en un cuarto solo o no se queda dormido en brazos. El cambio de ambientes, la presencia de luces o demasiados distractores, entre otros, también inciden.

“Por eso se deben evitar las pantallas dentro de la habitación del niño y de muñecos u otros objetos dentro de la cama o cuna”, recomienda la doctora Sonia Restrepo.

A su vez, los patrones de sueño también inciden, ya que durante una noche normal tu bebé alterna varios periodos de sueño profundo con periodos de sueño liviano. Es en estos últimos cuando el niño puede despertarse y llorar si te siente cerca de él. En este caso, si el niño ha aprendido a dormirse solo como producto de las buenas rutinas que has establecido a la hora de acostarlo, lo hará rápidamente, pero si está acostumbrado a que lo alces, lo arrulles y le des de comer justo antes de conciliar el sueño, será mucho más difícil que lo haga por sí solo. (Recomendado ABC del Bebé: Cómo crear hábitos adecuados de sueño en los niños para evitar problemas en el futuro)

PARA TENER EN CUENTA

A partir de los seis meses, el reloj biológico del niño empieza a madurar. Es una edad en la que tu bebé ya debería estar pasando de largo toda la noche. Sin embargo, el sueño, como los demás hábitos, se aprende, por eso tu ayuda en este proceso es clave. Aquí algunas recomendaciones a tener en cuenta:

- La Sociedad Americana de Medicina del Sueño (AASM) sugiere considerar un tiempo de 10 a 30 minutos para preparar al niño antes de ir a la cama y no dejar que se duerma tomando pecho, biberón o en brazos para después acunarlo.

- Evita que tu bebé practique alguna actividad que requiera esfuerzofísico, como correr por toda la casa o jugar. Opta por opciones más tranquilas como jugar con fichas o leer.

- Si el niño llora, puedes entrar al cuarto y manifestarle tu amor con frases agradables. Si vuelve a llorar, puedes esperar un rato e ingresar de nuevo para hacerle ver que estás con él de modo que no sienta abandono. La clave es no alzarlo, arrullarlo o pasearlo para calmarlo porque se acostumbrará a esto para poder dormir.

- Evita ofrecerles comidas ricas en azúcares en las horas previas al sueño y no les des alimentos cuando se despierten a menos que sea por indicación de su pediatra.

 

 

 

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