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Los primeros mil días: la gran oportunidad

Los primeros mil días: la gran oportunidad

?Si en los primeros mil días de vida los niños no tienen la nutrición adecuada, los daños en la estructura ósea y en el cerebro son irreversibles?, explic

Los primeros mil días: la gran oportunidad
Por: María Elena Vélez
27 de Mayo de 2015
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“Si en los primeros mil días de vida los niños no tienen la nutrición adecuada, los daños en la estructura ósea y en el cerebro son irreversibles”, explica Bernardo Kliksberg, asesor principal del Director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO,  para América Latina y el Caribe.

Los primeros mil días de un niño, desde su concepción y hasta los dos años, son la base del ser humano. De allí su importancia y la razón de que los científicos la hayan denominado como “la ventana de oportunidades”.

Para aclarar, en estos primeros mil días se cuentan las 38 semanas de embarazo y los 730 días que componen los dos primeros años después del nacimiento del bebé, y son, literalmente, los pilares en donde se definirá su salud, su desarrollo cognitivo y hasta su felicidad.

Por ello, hablar de los primeros mil días del bebé tiene que, necesariamente, pasar por temas sobre el control del embarazo, y en el primer y segundo año del niño, sobre todos los cuidados, alimentación y estimulación para el sano desarrollo de su cuerpo y su mente.

En esos primeros mil días, por ejemplo, se desarrolla su sistema inmunológico, metabólico, tiene el mayor crecimiento y su cerebro crece más que en el resto de su vida.

Para comprender la dimensión de esta evolución basta saber estos tres aspectos:

1. El bebé pasa de una célula a 500 millones de ellas, su peso se triplica durante los dos primeros años y crece, en promedio, 2 centímetros cada mes. 

2. Durante los primeros dos años de vida después de su nacimiento, el niño desarrolla su maduración inmunológica.

3. En esos dos primeros años desarrolla el 80 por ciento de su capacidad cognitiva, y el cerebro se triplica en tamaño desde su nacimiento hasta los dos años.

Esos primeros meses: comienza la vida en el vientre

Se estima que el tiempo de un embarazo es de 38 a 40 semanas, es decir, de 9 a 10 meses, aproximadamente. “Aunque los médicos contabilizan la gestación a partir del último periodo menstrual, la concepción inicia 14 o 15 días después del primer día de la regla, momento en el cual se forma una célula resultante de la unión del espermatozoide y del óvulo, que se llama cigoto, encargada de abrir el camino de los nueve meses”, explica Fernando Laverde, ginecobstetra de la clínica de la Mujer.

Es importante que la mujer acuda a los controles prenatales señalados por el ginecobstetra, y a las ecografías.

Estos controles permitirán valorar el desarrollo no solo del bebé, sino ver el estado general de la madre y, si es necesario, tomar medidas si se presenta algún problema durante estos meses. En otros términos, permiten disminuir la mortalidad materna, el riesgo de que un bebé nazca con problemas anatómicos,  evitar la muerte fetal in útero y la posibilidad de que se presente un parto pretérmino (Cuando el niño nace antes de la semana 37 de gestación).

Estos controles se realizan cada mes, pero, si el médico lo considera necesario, pueden ser más seguidos. En estas se realizan evaluaciones físicas con algunas ayudas diagnósticas, como exámenes de sangre y ecografías; estas últimas generalmente se realizan entre las semanas 11 y 14, 20 a 24, y 31 y 37 de gestación.                                                                     

Nutrición adecuada
La alimentación es uno de los principales motores para que el embarazo se desarrolle adecuadamente. Es una etapa en la que el cuerpo pide más y necesita requerimientos adicionales de energía, vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos y grasas.

“Dentro del vientre hay un ser en formación que necesita todos los macronutrientes y micronutrientes que tienen todos los alimentos”, explica la nutricionista y dietista Alejandra Moreno.

En este sentido, la buena nutrición es fundamental para que el bebé esté sano y tenga una formación completa, especialmente durante el primer trimestre del embarazo, cuando sus órganos se están apenas conformando; el embrión lo necesita para desarrollarse y sobrevivir. Así mismo, es fundamental al final de la gestación para evitar un retraso en el crecimiento fetal.

En principio, se debe entender que la mujer no debe comer por partida doble. Esto es un mito. Lo importante es tener una dieta balanceada, en cantidades moderadas, pero suficientes. 

El balance en la alimentación se obtendrá al suministra a la gestante alimentos de los 7 grupos (cereales raíces tubérculos y plátanos, hortalizas y verduras, frutas, carnes huevos y leguminosas secas, lácteos, grasas, y azucares y dulces).

Lo ideal es ingerir las tres comidas principales y dos o tres más, en porciones moderadas. Se recomienda acompañar el almuerzo y la comida con una buena cantidad de vegetales e ingerir de 2 a 3 porciones de fruta al día, porque son ricas en fibra, minerales y vitaminas.

El estado nutricional es un factor que determina el curso del embarazo, pues se sabe que  condiciones de malnutrición previas,  desnutrición o estados de carencias alimenticias se asocian a un mayor riesgo de enfermedad  para la madre y ha sido considerado un factor de riesgo para el normal desarrollo del feto. Por su parte, factores como el sobrepeso, la obesidad  y la ganancia exagerada de peso durante la gestación pueden llevar a enfermedades crónicas que constituyen riesgo de salud para la madre y representan para el niño mayor riesgo perinatal.

Para asegurar el buen desarrollo del embarazo y del bebé, conforme avanza su crecimiento,  deben cubrirse las necesidades especiales que tiene la madre con ciertos nutrientes, especialmente de calorías, proteínas y minerales (calcio, fósforo, hierro, zinc, yodo, magnesio, selenio), así como de vitaminas  (A, D, E y C, ácido fólico, y otras vitaminas del complejo B). Esto se logra con el consumo de una dieta balanceada, completa y con ácido fólico, al igual que multivitamínicos  y minerales específicos para el embarazo, si es necesario, lo cual será determinado por el médico en la consulta de control prenatal. 

Nutrición en el niño 

Cada día hay nuevos  avances en la medicina científica y clínica   que  demuestran  las numerosas  y nuevas ventajas de la lactancia materna para los niños,  las madres, las familias e incluso la sociedad. Estas ventajas incluyen beneficios en salud, nutrición, inmunológicos, psicológicos, sociales, económicos y ambientales. 

De igual importancia en la nutrición óptima del niño  es la introducción adecuada y oportuna de los alimentos complementarios, idealmente partir  de los seis meses de edad, cuando la leche materna ya no es suficiente para cubrir las necesidades nutricionales, ya que por ser un periodo crecimiento y desarrollo tan rápido se necesitan aportes suplementarios con  otros alimentos. 

Introducir  alimentos complementarios antes de los cuatro meses de edad   no tiene ningún  efecto benéfico para el niño y por el contrario puede representar un riesgo para la salud más tarde en la vida. Igualmente retardar la introducción de alimentos complementarios después de los 6 meses puede llevar  a deficiencias nutricionales. 

La alimentación complementaria debe iniciarse con la introducción progresiva  entre los 6 y 7 meses de edad con diversos alimentos como frutas,  cereales,  verduras amarillas y verdes, carnes rojas, pescado, pollo o vísceras. Posteriormente se introducen  leguminosas o granos como frijol y lenteja, huevo y derivados lácteos como queso o yogurt. Debe evitarse la introducción de leche entera antes del año de edad. 

Inicialmente, los alimentos se ofrecen en preparaciones como compotas o papillas y licuados, en los cuales se va incrementando su textura de forma progresiva a purés, alimentos macerados o triturados, molidos, picados y en trocitos. 

Hay que recordad que el periodo crítico de aprendizaje de  la masticación se encuentra  entre los 6 y 9 meses de edad, y no enfrentar al bebé al reto de masticar durante este periodo se corre el riesgo de cerrar esta esta ventana de oportunidades y con ello, la construcción de ciertos hábitos relacionados con la masticación, tales como adquirir el gusto por diversos sabores, olores y texturas. A partir del año de edad el niño debe participar de la alimentación familiar. 

Con información de ABC del Bebé

 

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