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Cuando los gases son un problema

Cuando los gases son un problema

Las flatulencias solo en algunos casos son signo de alerta.

Cuando los gases son un problema
Por: Paola González Osorio *
06 de Abril de 2015
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Cuando los gases son un problema 

Con el inicio de la alimentación complementaria, los niños pueden emitir más eructos o flatulencias, que solo en algunos casos son signo de alerta, por ello aprenda a reconocerlos. 

Aunque se asocian con vergüenza, incomodidad o risa y resultan hasta indebidos, los gases son parte de un proceso natural. No obstante, existen algunos casos en que los flatos, bien sean eructos (gases que se expelen por la boca) o ventosidades (gases que se expelen del vientre al recto), son evidencia de una complicación médica. En otras ocasiones, son producto de una inadecuada alimentación de los niños, por lo que los gases suelen ser más constantes. 

Por ello, es ideal que los padres y cuidadores aprendan a identificar cuándo los gases de los pequeños son normales y cuándo podrían indicar una posible enfermedad o guías nutricionales incorrectas. 

Teniendo en cuenta esto, Silvana Dadán, magíster en Nutrición Clínica, y el doctor Wilson Daza, médico gastroenterólogo y nutriólogo pediatra, docentes de la Universidad El Bosque y miembros del centro de atención Gastronutriped, responden algunas de las inquietudes más comunes frente a este tema. 

¿Qué son los gases y por qué se producen? 

La producción de gases es un proceso normal, que resulta de la actividad de la flora bacteriana sobre los residuos no digeridos o sobre lo que se desprende a lo largo del tracto digestivo. 

Los gases en los bebés se presentan en gran parte por la aerofagia, es decir, por el aire que traga el bebé cuando usa el chupo o toma con la mamila del tetero; pero también cuando le brindan una mezcla de sólidos y líquidos, por ejemplo, una cucharada de puré y luego un sorbo de jugo, o incluso cuando llora mientras come. 

Otros son los casos en que el niño es alimentado con exceso de bebidas o sólidos que rebasan la capacidad de reservorio del bebé (capacidad gástrica), lo que aumenta los eructos, y se genera regurgitación o reflujo. 

Al iniciar la alimentación complementaria, obviamente, el organismo del bebé está acostumbrado a la leche materna, o leche de fórmula en algunos casos, pero con los sólidos algunos niños puede estreñirse, es decir, la materia fecal se pone más dura, por lo que los alimentos semidigeridos se quedan como pegados y estacionados en el colon (o intestino grueso), lo que aumenta la formación de gases. 

Debemos tener claro que, en algunos casos, el consumo de ciertos vegetales y frutas disparan la producción de gas, sin que ese efecto sea negativo. Sin embargo, estos gases no implican ninguna alerta, por lo que los alimentos deben seguirse dando al bebé, pues son fundamentales para su buen desarrollo. 

Los papás y cuidadores deben estar atentos para correlacionar si ese aumento en los gases o eructos viene con distensión abdominal (hinchazón y dolor de la barriguita), con reflujo o vómito, con excrementos más duros, como bolitas (estreñimiento), o diarrea. 

En cualquiera de estos casos, resulta conveniente que consulten al médico. Lo ideal es acudir al pediatra o al gastroenterólogo pediatra, para descartar problemas como gastritis, reflujo, intoxicaciones, estreñimiento, entre otros. 

¿Cómo evitarlos? 

Los gases pueden incrementarse con algunos alimentos, porque tienen sustancias que no son fáciles de digerir. Por esto, se deben dar porciones más pequeñas o cocinarlas de diferente forma, dependiendo de la reacción digestiva del niño. 

Por ejemplo, si un alimento saludable genera gases en los niños, puede ser que la porción fue mucha para su edad, o que los aditivos con que se preparó el alimento lo pudieron afectar. 

Dichos alimentos no se deben quitar de la  nutrición del menor, sino servirlos en menor cantidad o prepararlos de diferente forma. Algunos de estos alimentos son brócoli, repollo, coliflor, cebolla, pitahaya, papaya, uva, ciruela, mango, papa, caldo de papa y pimentón. 

¿Cómo sacarlos? 

Algunos especialistas señalan ciertos métodos recomendados para sacarle los gases al bebé y evitarle molestias más complejas, como los cólicos. 

Una de las opciones es que el padre o la madre se sienten cómodamente, mientras ponen al bebé, hacia el frente, sobre sus piernas; deben sostenerle la cabeza con una mano, y moverlo y girar con suavidad esta área y el tronco, de forma circular, para que libere los molestos gases. 

Otra forma es ubicar al bebé sobre el hombro del adulto, colocando previamente una toalla por si el niño regurgita. Se debe sostener con una mano, y con la otra darle masajes suaves en la espalda, mientras se le escucha su respiración o si llegase a expulsar el aire. Esta postura es recomendada, además, para relajarlos. 

El regazo del adulto también es una buena alternativa. En este caso, se debe ubicar al niño boca abajo, sobre las rodillas, y colocar su mano en el mentón y la mandíbula del pequeño, luego se debe frotar un poco la espalda con la otra mano. En esta opción también es aconsejable poner algún paño, antes de colocar al niño, para proteger la ropa en caso de que devuelva el alimento. 

Lo más importante, en cualquiera de los casos, es que los padres se encuentren cómodos y serenos a la hora de tratar la molestia de su hijo, pues la situación se puede tornar más incómoda si este llora, pero, además, siente que su cuidador está cansado e irritable. 

Prácticas ideales 

De acuerdo con los expertos, hay otras prácticas alimenticias que son fundamentales para reducir la producción de gases, incluso antes de que el niño inicie la alimentación complementaria. Estas son algunas: 

 - Alimentar al niño con leche materna exclusiva durante los primeros seis meses (sin agua, jugos, caldos u otras bebidas). Esta contiene una composición única que  prepara al intestino y la microbiota para que el niño reciba bien los alimentos. Luego, durante la introducción de los alimentos complementarios, continúe con esa leche materna, hasta los dos años de edad. 

 - En la medida en que se progresa con la alimentación complementaria, entre los 6 y 8 meses, se debe enseñar a los niños a masticar muy bien, para evitar que pasen los alimentos enteros y sea más difícil su digestión. 

 - No le brinde a sus hijos antibióticos que no hayan sido formulados por el pediatra, pues estos pueden afectar la flora intestinal.  

 - Prepare los alimentos en casa. Entre más natural sea la alimentación, más salud del niño. 

 - Evite bebidas azucaradas, naturales o industrializadas, las cuales lastiman el intestino y alteran la microbiota.  

 - Cuando se comienza con la alimentación complementaria es necesario promover, y mantener como hábito, el consumo de agua pura, lo que facilita los procesos digestivos. 

 - Dentro de los alimentos complementarios, y en las etapas preescolar y escolar, incluir alimentos y bebidas con adición de prebióticos, que favorecen la flora intestinal. 

 - Cuando se presentan cólicos y gases, brinde mucha agua y haga masajes en la barriguita del bebé. Si el dolor o la hinchazón persisten, consulte con el médico. 

 

 

 

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1 Comentarios

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Comentarios (1)

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aconsejador2015
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