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Bebés pueden corregir deficiencias a través de la hidroterapia

Bebés pueden corregir deficiencias a través de la hidroterapia

Las clases de este tipo de terapias deben ser orientadas por profesionales.

Bebés pueden corregir deficiencias a través de la hidroterapia
Por: Redacción ABC del bebé
22 de Julio de 2010
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A Juan Camilo Santafe le diagnosticaron una afección en el cerebro que perjudica el desarrollo motriz denominada diplejia espástica cuando tenía un año, mientras a Cristian Felipe Gómez, a los dos. El primero tiene ahora cinco años y el segundo, tres. Contra todo pronóstico, la situación de ambos mejoró. Las madres de estos dos pequeños los inscribieron en un plan complementario de rehabilitación que encontraron por Internet. Se trata de la hidroterapia, una opción que utiliza el elemento hídrico de forma terapéutica para combatir enfermedades. Esta herramienta es muy valiosa para el desarrollo porque trabaja el aspecto motriz, neurológico y lingüístico.
 
A Cristian Felipe el agua le ayudó a mover las piernas y ahora a Johanna Torres, su mamá, le toma tiempo sacarlo de la piscina climatizada que visita dos veces a la semana en sesiones de una hora. Allí hace ejercicios de estiramiento y de relajación en cuello y extremidades.


“Los médicos me dijeron que por su enfermedad había un 90 por ciento de posibilidad de que no caminara. Ahora lo hace con ayuda del caminador, un cambio que noté desde que inició terapia”, añade.


Su vida social es diferente. Solía ser tímido, retraído y esquivo con los demás, porque lo acomplejaba el hecho de no poder caminar. Su madre lo ve más despierto. “Ahora invita a otros niños a jugar”, dice.


Juan Camilo, por su parte, tiene más fuerza en las extremidades. “Ya se puede sostener solo con ayuda del caminador; gatea y pedalea en su triciclo”, dice Carolina Montaña, su madre.


Pero la terapia no solo corrige problemas físicos. “Funciona también como un estímulo para la depresión, la falta de afecto, la hiperactividad infantil o el estrés”, explica Jeannette Rosas, presidente de Corpoalegría, institución prestadora de servicios de salud que ofrece esta terapia.


Para conocer un poco más sobre este ejercicio, a continuación 4 ventajas, entre muchas otras, para tener en cuenta.

1. Desarrollo motriz: flexibilidad de pies a cabeza
Trabajar en el agua supone un esfuerzo mayor en el desplazamiento por la densidad de la misma. Por eso, es una herramienta fundamental para fortalecer los músculos del infante y, de esta manera, prepararlo para el gateo y la marcha a través de juegos de flexibilidad, estiramiento y equilibrio que estimulan el tronco, la cadera y las piernas.
Algunos ejercicios que facilitan el movimiento son: flotar en el agua en posición prono, mirando hacia abajo; llevar las piernas al pecho para fortalecer cadera; girar las piernas de un lado a otro, abrirlas y cerrarlas, mover los tobillos y patalear en el agua.
Con esta dinámica también se estimula el cuello y los brazos, pues a los pequeños se les coloca un gusano de espuma por debajo de las extremidades superiores. “Se hace un trabajo desde la punta de los dedos, pasando por las rodillas, el corazón y los hombros. Hay niños que tienen debilitamiento muscular o hipotonía y lo superan”, dice Jeannette.

 

2. Desarrollo sensitivo: agudiza los sentidos
El agua siempre ha despertado la curiosidad de los niños. Esto lo aprovechan muy bien los terapeutas, que estimulan el aprendizaje con objetos de colores vivos, texturas lisas y rugosas y formas. “Les encanta palmotear en el agua, por el sonido que se produce, e interactuar con pelotas o aros de diferentes tonalidades”, añade Rosas.
 
Como resultado, los menores, en medio del juego, descubren sensaciones nuevas y ejercitan cada uno de los cinco sentidos. “Una niña que asiste a terapia tiene atrofia muscular en algunos órganos; entre ellos, el ojo. Le pedimos que buscara pelotas en el fondo del agua de acuerdo con el color. Así, ejercitó los músculos ópticos”, sostiene Rosas.
También trabaja el sentido auditivo. Para ello, el especialista anima a los niños a entonar canciones y les enseña a pronunciar palabras que comienzan por una misma vocal. A nivel táctil, los menores hacen remolinos de agua con las manos y aplauden dentro del agua.

 

3. Desarrollo cognitivo: agilidad mental y concentración
Un educador que hace parte del equipo lleva el salón de clases a la piscina. Un lugar en el que es común ver flotar cuadernos de plástico o espuma y tableros como los que usan los buzos para escribir en el agua. “Aquí llegan niños que tienen déficit de atención y no se concentran en casi nada. A ellos, de acuerdo con cada necesidad, se les organiza un plan de actividades personalizado para que adquieran agilidad mental, aprendan a seguir una secuencia, a cumplir órdenes y a alcanzar metas específicas”, afirma Rosas.
 
Si hay problemas en un área, los terapeutas acompañan al menor para que supere las dificultades. Así, se fortalecen la escritura, la lectura y las matemáticas en un ambiente donde cada quien aprende a su propio ritmo.

 

4. Desarrollo social y afectivo: apego y seguridad
Cuando la terapia se hace con bebés, a la mamá se le permite ingresar a la piscina para proporcionarle confianza.
La madre puede rociar agua en su cabeza y colocarlo cerca de su pecho para que escuche los latidos del corazón. Esto le permite estrechar el vínculo con su cuidadora y recordar de dónde viene.
Luego, puede comensar a rotar su cara para que aprenda a escuchar las voces y risas de otros niños que participan en la rutina. La dinámica está orientada a fomentar la independencia y facilitar la socialización. Por eso, cuando está listo puede realizar juegos con otros pequeños.
 
 

 

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