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¿Cómo influye el país en la crianza de un niño?

¿Cómo influye el país en la crianza de un niño?

Expertos hablan sobre costumbres, deseos e, incluso, personalidad.

¿Cómo influye el país en la crianza de un niño?
Por: Karen Johana Sánchez
10 de Agosto de 2012
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Cuatro bebés viven en países diferentes. Hattie reside con su familia en San Francisco, Estados Unidos; Ponijao vive cerca de Opuwo, Namibia; Bayarjargal habita en Mongolia, cerca de Bayanchandmani, y Mari, en Tokio, Japón. Todos tienen casi la misma edad, pero experimentan momentos completamente distintos influenciados, en parte, por el lugar
en el que nacieron.
Esta es la propuesta de ‘Bebés’, una película que muestra los primeros momentos de estos pequeños y cómo se relacionan con todo lo que encuentran a su alrededor. Por ejemplo, uno vive sin ropa, a la intemperie y casi siempre bajo el sol. El otro tiene su propio hogar y vive en medio de la rutina urbana.
Y es que el lugar donde nacen los niños es tan importante como su genética y su apellido. Según Fabián Sanabria, antropólogo, doctor en Sociología y director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Icanh, “El país es determinante porque es donde se acuña el ‘habitus primario’. Es decir, las prácticas culturales más esenciales de un individuo, que van a condicionar modos de pensar, sentir y actuar; maneras de comer, vestir, conversar, las preferencias, entre otros. Inclusive, hasta nuestros deseos son condicionados desde la más temprana infancia y dependen del hábitat inicial en el que estamos”.
La influencia del país es inconsciente en el ser humano. Según el experto, esa ‘casa materna’, aunque se pierda en el subconsciente, nos va a perseguir para siempre. Es decir, el entorno, de alguna manera, es el escenario donde la vida comienza a desarrollarse; las primeras relaciones se tienen con los padres, la familia, el barrio, la región, la ciudad.
“Si ese entorno es convulsionado, si es pacífico, si ofrece oportunidades, si es alegre, si está en conflicto, si genera preocupación, etc. todo eso va generando unas situaciones que condicionan el desarrollo del bebé y, posteriormente, su actitud ya como ciudadano consciente”, explica Pedro Juan González, rector de la Corporación Universitaria Remington, en Medellín, y docente en asuntos geopolíticos.
Gustos, deseos y personalidad
La preferencia por cierto tipo de música, colores, sabores y olores está socialmente construida. Por ejemplo, el hecho de que una persona prefiera el arroz con leche y no un fondue depende, en gran parte, de lo que probó en la primera infancia. Lo mismo ocurre con la música, el clima, el vestuario, etc.
El país también influye en la personalidad. “Por ejemplo, uno se pregunta ¿por qué los colombianos nos comunicamos a ‘grito entero’? Tiene que ver seguramente con que vivimos en condiciones de aglomeración. Donde no hay espacios para el recogimiento. Pero si usted nace en Suecia, habla bajito, no tiene necesidad de gritar y valora la soledad”, afirma Sanabria.
Pedro Juan González, por su parte, dice que los factores naturales también intervienen en el comportamiento de los individuos. En Colombia no estamos sujetos a las estaciones; esto influye en que “no tenemos el atributo de planear, anticipar ni ahorrar, característica que sí se tiene en esos países donde los cambios estacionales periódicos marcan ostensiblemente”.
Además, añade, nosotros estamos rodeados de un entorno pródigo, donde no hay ‘escasez’ y las posibilidades abundan, y eso hace también que seamos un poco derrochadores y que lo ‘que nada cuesta, volvámoslo fiesta’.
Para el geopolítico, el colombiano tiene ciertas características generales: es una persona alegre por naturaleza; aunque esa felicidad también está asociada al desconocimiento. Es una persona que, cuando se pone ‘las pilas’, es absolutamente comprometida.
“Es individualista, sabe sacar las cosas adelante por sí mismo, pero no con trabajo en equipo. Lamentablemente el entorno nos ha mostrado que al colombiano le gusta vivir en ese borde entre lo legal e ilegal. Y quiere tener resultados inmediatos; no es tolerante con los planes a mediano y largo plazo”, agrega.
No todos somos iguales
Aunque los individuos que nacen en un mismo lugar tienen características semejantes, hay factores sociales que marcan una diferencia importante. Por ejemplo, un niño que nació en una habitación y vive allí con cuatro personas más, no se va a criar de la misma manera que aquel que tiene habitación propia y duerme con todas las comodidades.
Por otro lado, nuestro país tiene diversas regiones que también marcan la diferencia: “En términos mentales, quienes están en los litorales de los mares, tienen mentes más amplias, son más fáciles de adaptarse al cambio, más artistas. En el interior son más laboriosos, pero les queda más difícil comunicarse con los otros”, dice el geopolítico Pedro Juan González.
El peso de la historia
“Somos hijos de un padre (España) que fue violador de nuestra madre (América) y se fue. Somos hijos de un padre ausente, hijos de una relación muy de complicidad entre la Iglesia y el Estado. Por eso, si usted mira aspectos muy íntimos, como la relación con el cuerpo y el erotismo, mucha gente todavía tiene tabúes porque hubo un condicionamiento católico que asoció el cuerpo al pecado”, explica Fabián Sanabria, antropólogo y doctor en Sociología.
Asimismo, el colombiano, en términos muy generales, añade, es alguien que tiene la concepción de que ‘el que reza y peca, empata’. Y tiene la concepción del machismo, aspectos influenciados por nuestra historia.


 


 

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