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Dos lados del cerebro piensan mejor que uno

Dos lados del cerebro piensan mejor que uno

La estimulación adecuada no hace niños más inteligentes, pero potencia su desarrollo cognitivo o del conocimiento impreso en la herencia genética. Así, y d

Dos lados del cerebro piensan mejor que uno
Por: Juan David Cárdenas
21 de Julio de 2006
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La estimulación adecuada no hace niños más inteligentes, pero potencia su desarrollo cognitivo o del conocimiento impreso en la herencia genética. Así, y desde los primeros años, fortalece las habilidades sicomotrices y mejora la capacidad de aprendizaje, fundamental para la etapa escolar.

Por medio de ejercicios y actividades didácticas los niños impulsan nuevas aptitudes, que sirven de ingrediente para ayudar a incrementar su parte neuronal y beneficiar su crecimiento.

Precisamente, para aumentar los beneficios de la estimulación adecuada también se trabaja mucho en incentivar la relación interhemisferial desde los primeros movimientos del niño, fortaleciendo el patrón cruzado del cuerpo y mejorando la agilidad, la coordinación y la concentración.

Según Paula Andrea Bernal, sicóloga en desarrollo infantil e instructora certificada en masaje infantil de la Universidad de Nueva York, “lo que promueve esa integración es unir mediante movimientos las extremidades del lado izquierdo con las del lado derecho, empezando con ejercicios sencillos”.

Cada hemisferio del cerebro tiene funciones especializadas, aunque son simétricos, con grupos de células nerviosas similares y patrones de conexiones muy parecidos.
El hemisferio izquierdo ejecuta las habilidades manuales, las funciones lógicas y matemáticas, el lenguaje y la escritura. Por ello, tiene la condición de procesar referencias simbólicas, comparar datos nuevos con preexistentes y ordenar oraciones. Normalmente comienza a madurar a las 16 semanas de vida intrauterina.

Por su lado, el hemisferio derecho controla las funciones emocionales y creativas. No se rige por la lógica, es anárquico y se guía por la intuición. Sintetiza, no analiza. Se manifiesta, por ejemplo, en el esquema del sueño y del humor.

Generalmente, un hemisferio prevalece sobre el otro. En los zurdos, el dominante es el derecho. En cambio, en los diestros el hemisferio principal es el izquierdo.

Los niños nacen con ciertas habilidades que les permiten manejar mejor un lado de su cuerpo, pero ésto hace que una parte del cerebro no se desarrolle de la misma forma que la otra. Por eso, aunque es importante que definan espontáneamente su lateralidad, es preferible ayudarles a ser ambidiestros para utilizar ambos costados. Sin embargo, es necesario que uno de los hemisferios sea el dominante y el otro el secundario, para no tener que actuar con ambos a la vez.

A Gatear

Para promover la integración interhemisferial hay una serie de ejercicios sencillos que deben hacer los niños a medida que van creciendo, acordes a su edad y desarrollo. Los más comunes son el gateo, la carretilla, la bicicleta o los círculos hacia fuera y hacia adentro con los brazos.

“Estos ejercicios se pueden hacer desde muy pequeños. Lo que varía es la fuerza, la rapidez y las repeticiones. A medida que van creciendo se puede aumentar el número de veces y la velocidad de los movimientos, siempre teniendo en cuenta la disponibilidad del niño, porque de lo contrario se pondrá tenso”, afirma Bernal.

Gatear es básico para desarrollar correctamente el cerebro, pues fomenta la visión, la tactilidad, el habla, el equilibrio y la orientación. Además, ayuda a perfeccionar la función del patrón cruzado, que sincroniza el pie izquierdo con el brazo derecho y el pie derecho con la mano izquierda y hace posible el desplazamiento corporal organizado y en equilibrio.

El gateo es una de las bases fundamentales para conectar los hemisferios cerebrales porque crea rutas de información neurológicas y, de esa forma, facilita el paso rápido de datos de un lado a otro. Con esto, se incentivan las funciones cognitivas.

Otro ejercicio ideal para desarrollar los dos hemisferios es la carretilla, que se puede empezar a hacer a partir de los siete meses. Hay varios niveles y la idea es que a los dos años el niño se sostenga sobre sus manos y avance varios pasos. Con esta actividad se consigue agilidad y equilibrio, y también se obtiene fuerza en los brazos.

Cualquier actividad de estimulación debe estar supervisada o guiada por un especialista para proteger las extremidades del pequeño y evitar lesiones. Se deben tener sesiones de ocho minutos con cada ejercicio; un exceso podría generar un efecto contraproducente.

Gimnasia cerebral

En la década de los 70, el sicólogo estadounidense Paul Dennison descubrió que al efectuar ciertos ejercicios motores se lograban afianzar las conexiones entre las neuronas, mejorando el aprendizaje. Así creó unos movimientos básicos a los que denominó kinesiología educativa, aunque posteriormente se les conoció como gimnasia cerebral. Consiste en actividades físicas que preparan el cerebro de los niños para aprender y es muy útil para solucionar problemas de lectura, escritura, dislexia, hiperactividad o concentración. También sirve para corregir dificultades emocionales, como el estrés.

 

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