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Mi hijo se está volviendo brusco

Mi hijo se está volviendo brusco

Los bebés son adorables y cariñosos, pero algunas veces su ternura choca con una aparente muestra de agresividad que los adultos deben tolerar, saber interpre

Mi hijo se está volviendo brusco
Por: ABCdelbebe.com
14 de Septiembre de 2006
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Los bebés son adorables y cariñosos, pero algunas veces su ternura choca con una aparente muestra de agresividad que los adultos deben tolerar, saber interpretar y manejar, ya que hace parte del normal desarrollo del menor.

En la etapa de 9 a 12 meses empieza a mostrar de manera acelerada nuevas destrezas y habilidades que son un poco torpes y toscas mas no “bruscas”, pero que van mejorando durante este ciclo.

Arrojar, sacudir y golpear objetos les resulta divertido, al igual que halar elementos colgados como los aretes y el pelo de mamá. En este periodo, los papás observan a un niño cada vez más activo que ha llegado a una edad en la que elige si quiere estar acostado, sentado o de pie y posee un estado de ánimo cordial la mayor parte del tiempo.

La conducta de los niños comienza a perfilarse desde muy temprana edad, son los padres o personas a cargo quienes brindan al menor el modelo que debe seguir en cuanto a ser cordiales o descorteses. Sin embargo, en ocasiones los adultos malinterpretan el comportamiento del pequeño, tildándolo de brusco, cuando en realidad el infante ni siquiera sabe en qué consiste su proceder, solo explora sin medir y disfruta de la fuerza que ya posee.

Sandra Santacruz, sicóloga de la Fundación Cardioinfantil, señala que aunque los bebés de 9 a 12 meses tienen un mejor movimiento de su cuerpo, su actuar no es del todo fino. Indica también que muchas veces el entorno hostil en el que se desenvuelve el pequeño influye en el comportamiento agresivo en el futuro. “Los bebés botan las cosas, es un juego muy frecuente, pero a veces los adultos se exasperan y terminan pegándoles palmadas o gritándolos, un poco en el intento de controlar su comportamiento, pero eso no le ayuda al niño a entender que lo están reprendiendo”, dice.

Santacruz advierte que el bebé a esta edad aún no es apto para realizar movimientos delicados. “Una manifestación de amor puede ser un golpe en la cara de la mamá o apretar fuerte la nariz o los cachetes con sus manos”. Esto no significa, según la sicóloga, que el niño quiera hacer daño o esté enojado; simplemente, es su forma de expresar afecto.

Uno de los factores es la curiosidad, constante en bebés de esta edad. Para ellos tocar, sentir y conocer sobre todos los objetos y texturas a su alrededor es fascinante. Pese a esto, los adultos frenan al pequeño indagador con un “no, no toques” o “no, no hales”, pues la fuerza del niño ya está lo suficientemente avanzada y termina por lastimar sin querer, sobre todo cuando les llama la atención la nariz o el pelo de las personas. Ahí es, entonces, donde se debe comenzar a enseñar al menor a tener más cuidado y ayudarlo a afinar sus destrezas.

Para esto resulta muy útil cambiar una acción por otra, es decir, que a cambio de usar una frase como “no me tires los aretes” con un tono de voz alto, la madre puede retirarle las manos y decirle de manera dulce “míralos solamente”. En el caso de que el bebé exprese su afecto con un golpe, enseñarle qué es una caricia sin necesidad de gritarlo, los pequeños imitan y de esta manera aprenden poco a poco a calmarse.

La insistencia debe ser una aliada, pues a esta edad no comprenden de inmediato y repetirán la acción. En caso de que el niño continué tocando o jalando de manera dolorosa partes del cuerpo como los ojos, la nariz y la boca de otras personas e incluso de manera tosca algunos objetos, es necesario usar un tono de voz firme, pidiéndole que lo deje de hacer.

Descubriendo su temperamento Algunos especialistas en el desarrollo de los niños sostienen que cada bebé es diferente y posee un comportamiento individual. Unos son pasivos y otros se irritan con facilidad, así que si el niño se resiste a los brazos de su madre con algo de cólera, y prefiere el suelo, no está siendo grosero, simplemente está explorando un espacio en donde a él le gustaría estar, no significa que rechace a la madre.

Según explican María Elena López y María Teresa Arango en su libro Cómo elevar la inteligencia y motricidad del niño, en este ciclo el menor está conformando su propia personalidad. Es necesario entonces que los padres corrijan al pequeño por medio de su actitud y aprobación de ciertos actos. De la comprensión y el apoyo de los papás en este importante momento de la vida depende el desarrollo emocional y mental del bebé.

Ana María Gutiérrez de Piñeres Para ABC del bebé

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