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No lo obligues a caminar

No lo obligues a caminar

Tu hijo indicará naturalmente cuál es el momento adecuado para dar sus primeros pasos.

No lo obligues a caminar
Por: Karen Johana Sánchez
28 de Abril de 2016
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Llega una etapa en la que los padres sienten afán y angustia porque su hijo camine. Ven que sus pequeños se ponen de pie y se alarman porque creen que ya deben dar su primer paso. Sin embargo, hay que respetar los procesos del pequeño e identificar cuál es el momento adecuado para que comience a caminar. Primero hay que saber que este es un proceso que el niño puede desarrollar por sus propios medios y que no debe ser presionado o se podrían ocasionar efectos adversos.

Luis Eduardo Rueda Fonseca, jefe de ortopedia del Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt, explica: “la mecánica de los miembros inferiores aún no está preparada para recibir toda la carga del cuerpo, en algunos casos hemos observado fracturas de fémur por un mecanismo llamado imputación, que es la falla del hueso al soportar las cargas”.  (Te puede interesar: ¿Qué hacer si el bebé no trata de gatear?)

En otros casos, dice Astrid Medina, ortopedista infantil de la Fundación Cardioinfantil, pararse antes de tiempo puede causar deformidad en las piernas (paréntesis o cazcorvos). Eso no quiere decir que los niños queden con esta condición, pues se modifica sola, pero sí la desarrollan y demoran más tiempo en corregirla.

El proceso natural

Aunque sientas que el bebé quiere ponerse de pie, debes entender que no es solo cuestión de una capacidad física, sino neurológica, y para que comience a dar sus primeros pasos el niño debe ir ‘quemando’ varias etapas. Como explica la doctora Medina, “no se puede obligar a que el niño marche, poniéndolo a que sus piernas se muevan una delante de la otra. Para que eso suceda necesitan el control neurológico, que es el que le va a dar la coordinación, que a su vez va a lograr que tenga alternancia al caminar”.

En este sentido, cada niño cumple las etapas a su ritmo. Es decir, no todos deben caminar a los doce meses; hay unos que caminan a los 13, otros a los 15 y otros a los 16. Lo que se debe tener en cuenta es que cada uno tenga un proceso y que, al final, consiga la marcha. Este paso a paso incluye el control cefálico o sostén de la cabeza, que se logra alrededor de los 2 o 4 meses. Luego viene su capacidad para girar hacia un lado y hacia el otro, a los seis meses, y a sentarse con ayuda y posteriormente sin ella, más o menos a los 7 u 8 meses, cuando tienen un adecuado equilibrio del tronco.

Posteriormente, el bebé -agrega la ortopedista-, aproximadamente a los 9 o 10 meses, puede comenzar a gatear, después de lo cual ya comienza a levantarse solito, agarrado de las barandas de la cuna para caminar hacia los lados y, finalmente, con ayuda del adulto, a dar pasos hacia delante. Pero “entre sentarse y caminar pueden pasar tres o seis meses; eso depende de cada niño. (Puedes leer: Beneficios físicos del Gateo)

Lo importante es que siga un proceso adecuado”, añade. El doctor Rueda indica que el inicio de la marcha se realiza entre los 9 y los 18 meses de edad, y que suele ser de aparición más temprana en las niñas que en los niños. Así las cosas, la marcha antes de los 9 meses de edad no es recomendada. El consejo final es no angustiarse. Cada niño tiene su desarrollo. Lo relevante es establecer controles médicos oportunos para monitorear el desarrollo neurológico o verificar alguna alteración adicional que pueda afectar su marcha en el futuro. Además, es pertinente evitar ‘consejos’ de terceros fundamentados en tradiciones orales familiares, que podrían llegar a ser dañinos para el niño.

No te confundas…

El afán de los papás porque el niño camine radica en que este no quiere permanecer sentado y hace fuerza con las piernas para pararse, o porque lo logra con ayuda del adulto u objeto. Quizá estas acciones confundan, pues no es que esté listo para caminar sino que es parte de un proceso de entrenamiento natural: “es un reflejo normal de los niños y si lo hacen por sus propios medios no hay problema, es un entrenamiento biomecánico de sus piernas para la marcha y la posición en pie; pero es un proceso que no debe presionarse”. Incluso hay otro reflejo: la marcha automática, en la que “si lo pones de pie a los dos o tres meses, dará un paso delante del otro; esto no es caminar, sino un reflejo neurológico que luego desaparece”, dice Astrid Medina. (Lee: El gateo fortalece las habilidades cerebrales, físicas y cognitivas del bebé)

¿Y los caminadores?

La evidencia que existe sobre los caminadores está basada en el incremento de los accidentes infantiles, pues los niños que los usan tienen más libertad, están menos protegidos y recorren espacios que no son controlados. Así se generan las caídas por las escaleras, salidas por puertas que no están aseguradas, acceso a objetos de su entorno que pueden ser peligrosos u otras situaciones.

En relación con el uso de caminadores y el desarrollo del niño, hay algunas teorías que sugieren que puede tener algún retardo en el desarrollo motor, pero no está del todo comprobado; en todo caso, no se recomienda su uso antes de los 9 meses de edad y, de ser posible, no utilizarlos antes del proceso de gateo, aconseja el doctor Luis Eduardo Rueda.

Por su parte, la ortopedista Astrid Medina señala que, aunque no es cierto que los caminadores dañen las piernas, con estos aparatos los niños siempre caminan en punta, “un reflejo que aparece después de los 6 meses, que es normal y debe quitarse de manera espontánea y natural. Si lo paras en el caminador, el niño nunca se va a parar en la planta del pie, sino en la punta. Y esa caminada hace que ese reflejo no sea abolido, sino que permanezca y que cuando le quites el caminador se demore más en poner el talón”. La Academia Americana de Pediatría, por su parte, recomienda otras alternativas para asegurar la adecuada protección y estimulación del niño.

 

 

 

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