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Diez formas de estimular a tu hijo

Diez formas de estimular a tu hijo

Desde acciones pequeñas puedes trabajar en los pequeños su nivel físico y cognitivo.

Diez formas de estimular a tu hijo
Por: Andres Felipe Cardona, especial para ABC del Bebé
18 de Octubre de 2016
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Con miras a que los pequeños desarrollen todas sus potencialidades a nivel físico, sensorial, emocional y cognitivo, los padres de hoy juegan un gran papel en la estimulación de sus hijos desde edades muy tempranas, mediante actividades que van desde la lectura de un cuento, una corta sesión de masajes, caricias y mimos, y juegos con objetos tan sencillos como un espejo o una pelota, hasta la dedicación de un tiempo para salir a  jugar en el parque, hacer dibujos o disfrutar de un juego de mesa.

1.       Tú eres su mejor estimulante

Los padres son los actores principales a la hora de favorecer el desarrollo de los procesos emocionales, cognitivos y psicomotores de sus hijos en los primeros años de vida. De hecho, su acompañamiento desde el nacimiento con palabras de aliento, muestras afectivas y frases que valoren sus esfuerzos, los impulsan a continuar mejorando y les demuestran que detrás de ellos hay alguien que confía en sus capacidades.

Esto es esencial para que el niño se sienta seguro de desarrollar todo su potencial día a día. Por eso, los padres deben procurar que en las rutinas, desde el cambio del pañal de su bebé hasta cuando está listo para caminar y luego para ir al colegio, todos los momentos que compartan sean parte de un juego de exploración y de autoconocimiento en el que al niño se le facilite descubrir su entorno y sentirse seguro de sí mismo. Esto, a futuro, será favorable para sus procesos de autonomía y crecimiento.

2.       Desde los primeros días

Una de las primeras formas de estimularlo es recurrir a los masajes, que establecen un contacto piel a piel a través del cual se fortalece el vínculo con sus padres; se incrementan la seguridad, tranquilidad y autoconfianza del niño, al tiempo que se le permite sentir y descubrir todas y cada una de las zonas de su cuerpo, siempre y cuando se le hable y se le toque con amor.

En los siguientes meses se le deberá facilitar la estimulación sensorial a partir de la exploración de múltiples texturas, sonidos e imágenes, mediante juegos con objetos simples, ejercicios de coordinación corporal y actividades que le ayuden a reconocerse como un ser único en el mundo. Esto puede ser mirarse en un espejo o escuchar que es llamado por su nombre.

3.       Para conocer a otros y a sí mismo

Otra área que requiere gran estimulación es la socio-afectiva, que son las experiencias afectivas y de socialización que le permiten al niño sentirse seguro y capaz de relacionarse con los demás a partir de ciertas reglas comunes. Durante el proceso de desarrollo entre los 0 meses y los 10 años, existen distintos momentos que están mediados por los tipos de comunicación y los ambientes de confianza que los padres o cuidadores primarios establecen con el niño.

Esto les permite ser cercanos en todo momento, brindarle al niño su apoyo en las situaciones que él perciba como frustrantes y estresantes, o aquellas que le generen miedo e inseguridad. Así se facilita que el niño logre afrontar de una manera sana tales experiencias, exprese sus emociones e intente buscar soluciones a los conflictos que se le presenten.

4.       A mover el cuerpo

La motricidad gruesa tiene que ver con los grandes movimientos del cuerpo, de sus piernas y brazos, además de los cambios de posición y la capacidad de mantener el equilibrio; es decir, son las habilidades que va obteniendo el niño para moverse y controlar su fuerza, agilidad y velocidad, y por lo tanto son de vital importancia en el crecimiento integral del menor. En este sentido, las actividades de estimulación deberán, en cada etapa, procurar que el niño realice movimientos de todas las partes de su cuerpo.

 Para ello se debe dedicar tiempo para ir al parque, jugar con una pelota, saltar el lazo y hacer juegos de equilibrio que le exijan al niño un esfuerzo físico, así como coordinación entre sus miembros o extremidades. Igualmente, es esencial motivar al niño a manipular juguetes de diferentes formas, tamaños y texturas, a llevarlos de un lado al otro y arrástralos o empujarlos, a alcanzar cosas que estén a diferentes alturas, entre otros ejercicios.

5.       Los libros, los mejores aliados

Desde antes de nacer, los niños ya pueden tener contacto con la lectura. Y qué mejor que esta se dé a través de la voz de su mamá o de su papá, quienes pueden leerles o contarles cuentos con todo su cariño y amor.

Es más, aún sin saber leer, los bebés pueden estar en contacto con libros que sean fáciles de manipular, que tengan muchas ilustraciones y que puedan ojear a su antojo. Por eso, para que el bebé de hoy sea un muy buen lector el día de mañana, el ejemplo debe comenzar en casa. Si los bebés y los niños ven a sus padres leyendo de forma placentera y como un hábito diario, también les tomarán amor a los libros. En este sentido, se recomienda reservar diariamente un tiempo para la sesión de lectura y dejar que sea el niño el que escoja el libro que desee leer.

6.       Aprendiendo con precisión

El desarrollo de las habilidades de motricidad fina es otro de los campos decisivos para el niño. Se hace presente cuando el pequeño descubre sus manos, comienza a tocar objetos en su ambiente y a manipular su entorno con mayor precisión. De hecho, esto se relaciona con la coordinación entre los ojos y las manos.

Es fundamental que los padres estimulen la adquisición de la habilidad de ‘pinza’, esta es el agarre de tres puntos (dedos pulgar, índice y medio), que pueden promover con ayudarle a sostener correctamente un crayón y animarlo a seguir delineando o dibujar figuras, a abrocharse y desabrocharse los botones de la camisa, a subir la cremallera o amarrar los cordones. Así mismo, de los 4 años en adelante los padres pueden incitar en sus pequeños recortar y pegar figuras, elaborar manualidades sencillas y armar rompecabezas o figuras con fichas.

7.       ¡Hora de números y letras!

El área cognitiva es la que le permite al niño comprender y relacionar conceptos, solucionar problemas y adaptarse a nuevas situaciones mediante el uso del pensamiento y la interacción directa con los objetos y con el mundo que lo rodea. Para que se dé el desarrollo de esta área el niño necesita experiencias que eleven sus niveles de pensamiento y su capacidad para razonar, concentrarse y seguir instrucciones, lo que ocurre desde los primeros meses de vida y que evoluciona y se complejiza con el paso del tiempo.

Esto hasta que, en la etapa escolar, el pequeño adquiere competencias y habilidades específicas en matemáticas y lectoescritura, que le permiten ir desarrollando procesos cognitivos que estructuran su pensamiento. Esta área se puede estimular por medio de juegos que impliquen para el niño prestar atención, concentrarse y hacer memoria; examinar formas, tamaños y colores; contar o describir objetos, o plantearse preguntas sencillas sobre sus actividades cotidianas o sobre lo que observa a su alrededor.

8.       Bailar y cantar para estimular los sentidos

La música impacta varias áreas de desarrollo de los niños y les ayuda a potencializar destrezas a partir de la diferenciación entre sonidos, ritmos y movimientos. Por ello expertos en estimulación la destacan como uno de los mejores estimulantes.

 La iniciación musical puede empezar en la etapa de gestación, cuando la madre escucha música ole canta a su barriga. De hecho, el primer órgano de un bebé que se desarrolla es el oído, de modo que los latidos del corazón, la respiración y la voz dela mamá son las primeras composiciones musicales que el niño escucha.

9.       Manchas y dibujos, creatividad colorida

La pintura estimula la creatividad, la sensibilidad y la comunicación; además aumenta las capacidades de concentración y expresión en los niños, disminuye la ansiedad, y ayuda a expresar miedos y expectativas. A nivel físico, dibujar ayuda a perfeccionar la habilidad manual, especialmente la motricidad fina, y también mejora la percepción que se tiene del espacio y de las texturas y los colores.

En este sentido, los padres pueden animar a sus pequeños a dibujar ciertas formas o animales, ofreciéndoles apoyo y sin presionarlos ni fijarles límites. Se les debe permitir escoger los colores que quieren y que hagan las formas que le plazcan para que exploren su imaginación y creatividad. Para niños entre 3 y 5 años, una de las alternativas es los libros para colorear, que están preparados para que pinten y encuentren referencias entre flores, animales y personajes.

10.   Experimentar lo cotidiano, otra forma de aprender

Prácticamente todas las actividades de un niño en formación van a estimular en algún grado el desarrollo de sus habilidades futuras, por lo que varios expertos coinciden en que el estímulo llega al pequeño de manera natural. El rol de los padres es acompañarlo en ese camino y facilitarle el proceso, haciendo que las actividades más simples y cotidianas se conviertan en juegos de exploración.

Por eso, una buena manera de estimularlo es hacerlo partícipe de actividades del día a día como doblar la ropa, guardar cosas en los cajones, preparar recetas, lavar los platos y organizar su propia habitación, ya que en este proceso habrá experimentado con diversas texturas y formas, habrá encontrado problemas y soluciones, y habrá tenido posibilidad de interactuar con el rol de adulto, algo que les despierta una enorme curiosidad. 

 

 

 

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