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¿Los niños nacen con chip digital?

¿Los niños nacen con chip digital?

Lo que realmente ocurre a los niños de la actualidad fue haber nacido en una época con grandes avances tecnológicos.

bebé con tableta
Por: Wilson Vega - Tecnósfera EL TIEMPO
04 de Enero de 2017
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La única mención de Colombia en la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaac, ocurre en el capítulo 38. Allí, el autor recuerda cuán impresionado quedó el fundador de Apple con la historia de un reportero de la revista Forbes que, durante una visita a una finca de la Sabana de Bogotá, se sentó a leer una novela en su tableta solo para descubrir que estaba siendo observado por un niño de seis años que ayudaba a su padre a limpiar los establos.

El periodista Michael Noer le prestó el aparato, un iPad de primera generación, al niño campesino. Ante sus ojos el pequeño, que cabe asumir nunca había tenido en sus manos un dispositivo que había sido lanzado al mercado apenas hacía unas semanas, descifró intuitivamente cómo explorar los íconos y en poco tiempo ya estaba jugando pinball.

Noer usaba la anécdota para exaltar las virtudes del diseño de Jobs, pero siempre he pensado que no le dio suficiente crédito al cerebro del niño. Allí también había, creo yo, algo genial.

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De seguro ustedes también lo han visto: enfrentado a la visión de una tableta, con su pantalla brillante y sus vivos colores, un infante o un bebé reacciona como si se hubiera abierto ante sus ojos un portal a otra dimensión, desde la cual un hada los hubiera embrujado con su varita mágica. Con curiosidad y determinación, se apropian del aparato y empiezan a usarlo como si siempre hubiera sido suyo.

Lo de la otra dimensión es una figura perturbadoramente adecuada, porque lo que sigue es ver al protagonista de este ejemplo perdido en su propio mundo....digital.

Como muchos padres, viendo a mi hijo de tres años abrir y cerrar aplicaciones en mi iPad, yo también he enfrentado ese dilema entre sonreír y maravillarme por las destrezas de una nueva generación, que logra operar tecnología de punta como si estuvieran programados para ello, y preocuparme por saber cuánto tiempo frente a la pantalla debería permitirle.

Por un lado, es apenas natural que los niños de hoy se crucen desde temprano con la tecnología digital, pues esta es cada vez más omnipresente. Por el otro, dado que el mundo al que llegaron es un mundo digital, tiene sentido que adquieran las destrezas para operar en él. Es un debate que se ha mantenido activo por años y que se ha extendido a la manera en que las instituciones educativas abordan el tema.

Cuando comenzaba este siglo, el académico indio Sugata Mitra, profesor de Tecnología Educacional en la School of Education, Communication and Language Sciences de la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido, ganó fama mundial con un experimento dirigido, precisamente, a probar cómo se relacionan las nuevas generaciones con la tecnología.

El ‘computador en la pared’ era eso, un computador empotrado en un muro, ubicado en una calle donde niños que nunca habían usado uno pudieran encontrarlo.

Sin acompañamiento o asesoría de nadie, los menores lograron descifrar cómo usarlo y, antes de un día, ya estaban navegando Internet. Mejor aún, el fenómeno parecía acelerarse a medida que los niños que ya habían aprendido guiaban a otros en el proceso.

La de Sumatra es una iniciativa interesante, que le valió recibir un apoyo millonario para que llevara a otros países, como Buthán y Sudáfrica. Su foco es el potencial. ¿Qué pueden hacer estos niños con la tecnología si les damos acceso?

Irónicamente, los niños de nuestras ciudades enfrentan un problema opuesto. El desafío aquí no es el acceso, sino la sobreexposición. En particular, porque como lo planteaba un estudio realizado en EE. UU., muchas veces los padres entregan a sus hijos un celular o una tableta como distracción, mientras hacen las tareas del hogar o para que se queden quietos en el carro.

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Como periodista de tecnología, lejos de mí queda condenar el uso de computadores o dispositivos móviles, algo que en inglés suele denominarse ‘screen time’. En una época de tecnologías ubicuas y accesibles, creo, el ‘screen time’ termina siendo, simplemente, ‘time’.

Lo que sí creo es que, aunque funcione en experimentos como los de Sumatra, el camino no debe ser dejar solo al niño con la pantalla. Con acompañamiento adecuado y límites claros al tiempo de uso, es mucho lo que pueden aprender, con aplicaciones interactivas y juegos didácticos.

¿Banderas rojas?

Por supuesto que las hay: el uso extendido e irrestricto puede causar problemas de atención e impaciencia.

 La voz guía de los padres es la solución a un problema antes de que exista. Así como no estaría de acuerdo con excluir a la tecnología digital del proceso de formación en la escuela, no temo incorporarla al proceso de formación temprana en el hogar. Pero claramente no abogo por volver a las tabletas y los celulares la piedra angular de un aprendizaje que debe hacerse en el mundo real, no en el virtual. Lo que sí creo es que la expresión ‘nativo digital’ se queda corta para describir a una generación que nació con el chip de lo digital preinstalado y que no conoce la vida antes de Internet.

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