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Cómo aliviar las enfermedades más comunes que padecen los niños

Cómo aliviar las enfermedades más comunes que padecen los niños

‘ABC del Bebé’ seleccionó las 8 afecciones que más podría padecer su hijo.

Cómo aliviar las enfermedades más comunes que padecen los niños
Por: Redacción ABC del bebé
19 de Septiembre de 2012
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1. Afecciones en la piel  
Durante los primeros meses de vida los bebés están más propensos a padecer enfermedades en la piel. El motivo: la córnea, la capa más superficial, es muy inmadura y delgada, por lo que no crea una barrera eficaz para evitar las infecciones. Es por esto que las enfermedades cutáneas pueden aparecer desde los primeros días de vida; unas son genéticas, otras son promovidas por el medio ambiente o por sustancias como el perfume. Las patologías más frecuentes son:
Acné neonatal: es denominado así porque aparece en el primer mes de vida. Podría darse por efecto de las hormonas maternas residuales que alteran la unidad pilosebácea (glándula sebácea) del bebé. Se manifiesta por medio de puntos blancos en la nariz. Es normal, y al tercer o cuarto mes desaparece.
Costra láctea: es más intensa en el área del cuero cabelludo. Aunque es frecuente en el 10 por ciento de los casos, puede dar paso a la dermatitis seborréica, que es una inflamación de la piel. Se da en el segundo día de vida y desaparece en la segunda semana.
Sudamina: este brote se da en la cara, en el cuello, en el cuero cabelludo y en el pecho. Se manifiesta con unas pústulas de color rojo, y a veces aparecen con la ‘cabeza’ blanca. Se elimina en las primeras semanas de vida. Las cremas deben ser formuladas.
Hemangiomas: son tumores formados por los vasos sanguíneos, y se manifiestan con manchas rojas en la piel. Se ven en la cara y a veces en la nuca. En la mayoría de los casos desaparecen con el crecimiento. En un porcentaje mínimo aumentan y esto amerita intervención médica.
Quemaduras por el sol: en casos extremos, puede haber ampollas. Se debe evitar el contacto con el sol entre periodos superiores a 10 minutos, y entre las 10 a.m. y las 2 p.m. Cuando la piel se insola se torna con fisuras. A partir de los 6 meses de edad a los bebés se les debe aplicar un protector solar recomedado por el pediatra.
Moluscos contagiosos: se adquieren en las piscinas o por contacto con otros niños. Se presentan como bolitas blancas levantadas, las cuales contienen una sustancia cremosa. Están en la cara y en el tronco. Se debe consultar al dermatólogo.
Hongos (candida) en boca: al parecer, se produce por alteraciones en la flora normal de la boca. Se cree que el uso del chupo puede ser factor desencadenante de lesiones. Son muy dolorosas, tanto que impiden la alimentación.
Eruptivas: son brotes en la piel con características distintas. La más común es la varicela. Lo más importante, en la mayoría de ellas, es la prevención, que se hace con la aplicación completa del esquema de vacunación.

2. Alergias
Se debe detectar el factor causante. Para practicar pruebas completas de alergia (en brazos y a veces en espalda): con una punción muy superficial se introduce una pequeña cantidad de diferentes sustancias y se mide la sensibilidad del niño a las mismas. Si a los 25 minutos, aproximadamente, aparece una roncha en el lugar de la punción, se dice que el niño es alérgico. Esta prueba se hace en mayores de 3 años y la realiza el alergólogo. Cuando se presentan estas alergias es necesario visitar al pediatra y seguir el tratamiento que este indique.
Las alergias más comunes son:
Asma bronquial: tiene dos variantes clínicas: una se manifiesta con tos seca, que a veces produce vómito, y otra en la que surgen síntomas como tos, dificultad respiratoria y sibilancia (le pita el pecho), lo cual puede desencadenar crisis que requieren atención por urgencias. Este tipo de asma puede ser intermitente –esporádico– o consistente –más de dos o tres crisis por semana–. Se estima que la tercera
parte de los infantes que hacen bronquiolitis tienen tendencia a desarrollar asma.
Dermatitis atópica: enfermedad de los pliegues. Generalmente aparece en los brazos, detrás de las rodillas, cuello y pliegue inguinal, aunque en los lactantes puede manifestarse en cara, cuero cabelludo y tórax. Se trata de un brote persistente y que produce prurito (rasquiña incontrolable, hasta el punto de que un niño se hace daño a sí mismo). El calor, la sudoración y el estrés son factores agravantes.
Alergia alimenticia: la más frecuente es a la leche de vaca. Puede comenzar a temprana edad y producir brotes severos, incluso en cuero cabelludo; igualmente, náuseas, vómito y diarrea. Las proteínas del huevo, especialmente las de la clara, también son un alergeno frecuente, y la alergia a este alimento se suele manifestar con brotes, ya sea ronchas por todos lados, hinchazón de párpados o escamas (rara vez con asma). Mientras más crudo sea un alimento, o más extraña sea una proteína para el ser humano, mayor posibilidad habrá de que la desencadene. Los niños también suelen ser alérgicos a las fresas y a las nueces, por eso es importante seguir con el proceso recomendado por el pediatra, de introducir poco a poco los nuevos alimentos en la dieta de los niños.
Alergia a los medicamentos: aunque es poco común en los niños, los antibióticos, los analgésicos antiinflamatorios y los antiparasitarios (aunque ocasionalmente) son los mayores alergenos dentro del grupo de fármacos, aunque un infante podría hacer reacción alérgica a cualquier medicamento.
Alergia a la picadura de insectos: la pulga es la mayor responsable. Es normal que aparezca una roncha en el sitio de la picadura, pero no varias de ellas en lugares distantes. Es aquí cuando se habla de alergia. Los niños experimentan, además, una rasquiña incontrolable. La verdadera alergia a la avispa o a la abeja puede comprometer la vida (el menor podría presentar anafilaxis, con síntomas como obstrucción respiratoria y pérdida de conciencia).

3. Cólicos
Son manifestaciones atribuidas a un trastorno gastrointestinal funcional, que suele aparecer en menores de 4 meses.
Síntomas: se caracterizan por llanto continuo, irritabilidad, sudoración, distensión abdominal, flatulencia excesiva y eructos. Lo normal es que un cólico no dure más de 3 minutos y se presenta, en su mayoría, al caer la tarde.
Causas: son inciertas, pero una de las principales es la intolerancia a la lactosa (el azúcar principal de la leche materna), aunque cuando se intenta suprimirla no hay una mejoría significativa. También puede ser por alergia a las proteínas de la leche de vaca, a alteraciones en la flora intestinal, a la sobreestimulación y hasta a la ansiedad y estrés que la madre le transmite al bebé a través de la lactancia.
Prevención: lo ideal es que el bebé coma semisentado cuando le dé seno o biberón. Después de cada toma, sáquele los gases. Es conveniente que lo haga hasta los 4 meses de vida.
Tratamiento: consulte con el pediatra antes de asumir que se trata de esta condición. Masajee en el sentido de las manecillas del reloj, arrulle suavemente al bebé en un ambiente agradable, con luz tenue, poco ruido, sin mucho abrigo y con mucho amor. También ayudará poner una bolsa de agua tibia en su estómago o acostarlo boca abajo, para que el calor o la presión aceleren el tránsito intestinal y se facilite la liberación de los gases que originan el dolor.

4. Enfermedades respiratorias
Son producidas por un virus o una bacteria, que causa inflamación aguda, aunque de corta duración (3 a 5 días), del sistema respiratorio alto, que puede afectar nariz, laringe o pulmones. Las molestias respiratorias más frecuentes son:
Amigdalitis: infección de las amígdalas que muchas veces se resuelve sin tratamiento, pero cuando va acompañada de malestar general, fiebre y placas, requiere tratamiento con antibióticos. Si los episodios son muy repetitivos, es aconsejable retirarlas o reducirlas de tamaño. El médico experto dictaminará cuál es la mejor alternativa.
Bronquiolitis: se produce por virus, especialmente en los menores de 1 año. Se manifiesta con poca fiebre, tos seca al inicio y luego húmeda por varios días, o semanas, y silbidos o pitos en el pecho a la entrada del aire (sibilancias). Es probable que pueda complicarse con dificultad para respirar.
Gripe o resfriado común: causada por un virus que desaparece solo. Sus principales síntomas son: fiebre por unos pocos días, mocos y tos escasa.
Laringitis: producida por un virus. Causa poca fiebre, tos seca (la conocida como perruna), mocos, ruido al entrar el aire (estos sonidos se conocen como estridor).
Neumonía: usualmente es producida por bacterias, por lo que debe tratarse con antibióticos, a diferencia de las molestias nombradas anteriormente. Produce fiebre prolongada, tos frecuente, somnolencia, color morado en labios y uñas, y puede complicarse con dificultad al respirar.
Rinitis alérgica: es una respuesta inmune del sistema respiratorio y se caracteriza por la inflamación de la mucosa nasal y crecimiento de los cornetes. Se acompaña normalmente de obstrucción y moco nasal, además de estornudos. Los pacientes respiran por la boca y tienen signos como las ojeras.
Rinosinusitis: enfermedad en la que se compromete mucho más el sistema respiratorio. Puede afectar los senos paranasales llenándolos de moco y, debido a la inflamación nasal, este no puede salir, lo que ocasiona en los pequeños malestar general, fiebre, dolor de cabeza y mocos, normalmente amarillentos y verdosos. Se escucha cómo los mocos bajan
por la garganta.
Reconozcan las señales que indican cuándo una gripe deja de ser una enfermedad leve y es necesario consultar. Estas son:
•  Bebé de 2 meses que disminuye el apetito o presenta fiebre.
• Si es mayor y tiene fiebre superior a 38,3 °C por más de 3 días, o permanece muy decaído cuando esta cede.
• Niños menores de 2 meses que respiran sesenta o más veces por minuto.
• Niños de 2 a 11 meses que respiran cincuenta o más veces por minuto. Niños de 1 a 4 años que respiran cuarenta o más veces por minuto.
• Al niño se le hunden las costillas y le suena el pecho al respirar.
• No puede comer o beber nada, o vomita todo.
• Está anormalmente somnoliento o no despierta con facilidad.
• Presenta ataques o convulsiones.
Debe seguir siempre las recomendaciones del médico y nunca automedicar.

5. Fiebre
Es un mecanismo de alerta y de respuesta, que indica algún daño o alteración que presenta el organismo. Se habla de fiebre cuando la temperatura corporal supera los 37,5 grados centígrados. No todo aumento de la temperatura es señal de enfermedad grave, pero si la fiebre tiene alguna de estas características consulte pronto al médico: si es recién nacido, con la fiebre hay somnolencia, dolor de cabeza o de nuca, vómito o diarrea, convulsiones e inapetencia.
Causas: entre el 80 y 90 por ciento de los casos de fiebre infantil son causados por infecciones virales que no requieren tratamiento. Los expertos coinciden en asegurar que la fiebre no se cura, sino que se controla.
Tratamiento: darle aire al bebé con una revista, periódico, abanico o ventilador durante 10 minutos, dejarlo en pañal y camiseta. Algunos pediatras recomiendan bañarlo con agua tibia y no fría, pues el escalofrío generado empeoraría el malestar. El pequeño debe permanecer en el agua de 5 a 10 minutos, luego se seca y se deja en ropa interior. Antes de hacer esto consulte a su médico, no todos están de acuerdo con este tratamiento. De ser necesario, el médico será el único capacitado para recetar medicamentos.

6. Diarrea
Se habla de diarrea cuando las deposiciones son más frecuentes y líquidas de lo normal, y que ocurren más de dos o tres veces al día. Cuando el cuadro diarréico es extremo, las deposiciones presentan moco o sangre.
Síntomas: generalmente, todas las diarreas son virales y comienzan con vómito, el cual precede a la aparición de la diarrea, y puede durar entre 24 y 48 horas. Se dan las señales gripales: moco, tos y, posteriormente, empieza el cuadro de diarrea. Además, va acompañada de calambres estomacales y dolor abdominal.
Causas: se da por fenómenos inflamatorios, infecciones por parásitos y alergias. La extrema se origina por bacterias, amebas, trastornos funcionales, como el síndrome del colon irritable, enfermedades como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn y virus como el rotavirus y la coxsackievirus.
Prevención: lave los alimentos antes de prepararlos, lo mismo sus manos, después de salir del baño y antes de sentarse a la mesa, tenga siempre las uñas limpias, hierva el agua para el consumo. Lacte y aplique las vacunas.  
Tratamiento: cuando el pequeño presente la infección, se tiene que suministrar suero oral, con el fin de evitar una deshidratación, desnutrición y, en última instancia, la muerte. Si la diarrea persiste, y es con moco o sangre, se debe visitar al médico, el cual le hará exámenes de sangre y orina. Si el niño es menor de un mes y tiene diarrea, se debe llevar inmediatamente a urgencias. Elimine de la dieta los alimentos grasosos y prefiera las compotas preparadas con frutas como guayaba, durazno, pera o manzana; purés de papa, papillas de arroz, zumo de zanahoria y de plátano.

7. Pañalitis
Irritación en el área del pañal.
Síntomas: piel del bebé rojiza y con escamas, grietas y, en algunos casos,
sangre.
Causa: por no retirar adecuadamente la orina y los excrementos, que tienen un pH ácido para la piel. Esta inflamación es un problema muy frecuente en los niños durante los dos primeros años de edad, sobre todo cuando tienen contacto muy seguido con pañales sucios.
Prevención: el calor, la humedad y la falta de ventilación son los tres ingredientes para que se formen este tipo de irritaciones en la piel de un niño. Mantenga el área del pañal limpio y seco, y aplique alguna de las cremas con óxido de zinc que se usan normalmente para el cuidado de la cola del bebé. Además, cámbielo cada vez que se ensucie, emplee pañitos húmedos de textura gruesa y sin alcohol, y báñelo con agua tibia.
Tratamiento: si el enrojecimiento de la piel continúa durante un par de días y la zona afectada presenta ampollas o lesiones que supuren, puede que exista una infección por hongos o bacterias. En este caso es mejor llevar al niño donde el pediatra, para iniciar un procedimiento curativo específico. Por ningún motivo es recomendable usar remedios caseros o cremas con corticoides. Las cremas con zinc suelen ser muy buenas, así como las de caléndula. Normalmente, la molestia debe durar entre 3 y 4 días.

8. Golpes en la cabeza
Aunque no es una enfermedad, un golpe en la cabeza podría causar graves afecciones en el futuro si no se trata a tiempo. Es importante que los padres establezcan cómo fue el golpe, de dónde se cayó, contra qué tipo de superficie se golpeó. Al mismo tiempo, si hubo pérdida del conocimiento, si el niño está irritable, cambia su comportamiento, se queja de dolor de cabeza, tiene vómito, llanto constante, deja de mover una parte del cuerpo, hay sangrado por los oídos o presenta convulsiones. Esos síntomas se presentan porque los traumas craneoencefálicos pueden generar diferentes tipos de lesiones, tanto en el cráneo como en el tejido cerebral.
Los traumas craneoencefálicos se dividen en leves, moderados y severos. Los dos últimos son los que comprometen el estado de conciencia, y deben ser inmediatamente llevados a urgencias. Los leves son aquellos que no generan un trastorno significativo del estado de razón.
Siempre se dice que no es bueno dejar dormir al niño después de un golpe en la cabeza, pero si los padres se aseguran de que no existe ninguna de las alteraciones ya descritas, el pequeño puede adormecerse. Los expertos sugieren despertarlo cada tres o cuatro horas, con el fin de evaluar su estado de razón. El problema de dejar dormir al menor es que su sueño puede significar un deterioro de su conciencia. La poca atención de un golpe cerebral puede dejar consecuencias graves y secuelas. Revise los síntomas y actúe a tiempo.

 

 

 

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