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Consejos para controlar las molestias digestivas en los niños

Consejos para controlar las molestias digestivas en los niños

Síntomas, cuidados y señales de alarma para tener en cuenta.

Consejos para controlar las molestias digestivas en los niños
Por: Carlos F. Fernández*
29 de Junio de 2012
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Las condiciones de alimentación y la capacidad de digestión de un niño son esenciales para su crecimiento y desarrollo en cualquier edad.
Una etapa importante se presenta después del año de edad, justo cuando la alimentación del niño empieza a tener las mismas características, en mayor o en menor grado, que la de una persona adulta.
 Los problemas gastrointestinales en ese momento pueden ser el resultado de la adaptación transitoria que el organismo de los niños tiene que hacer cuando se cambia su alimentación, pero también puede ser la manifestación de un problema más grave.
Lo cierto es que, en los niños, las alteraciones digestivas afectan su vida normal, por lo que es importante tener presente algunas señales que pueden indicar que algo está pasando.
 Para empezar, el dolor es un signo común. Este se puede presentar en cualquier parte del abdomen y, por lo general, se acompaña de incomodidad o irritabilidad, que se manifiesta con llanto constante o repentinamente justo después de una comida.
También es importante vigilar si el niño, en el momento de recibir la alimentación, escupe o vomita aparentemente sin ninguna otra molestia. En este sentido, es importante tener presente que si el vómito aparece después de media hora de la comida, ya es un signo grave.
La presencia de eructos o de hipo después de comer, acompañado de malestar e inquietud, habla claramente de que la digestión presenta alguna alteración.
 Aunque parece un síntoma un poco alejado del digestivo, si los niños no duermen bien, también exigen vigilancia en este sentido. Un punto importante es la modificación en el peso a medida que aumenta la edad. Se sabe que una alteración anormal en esta relación es un indicador directo de alteraciones digestivas.
Además de lo anterior, que sin excepción exige vigilancia, existen otras manifestaciones que ameritan valoración médica si estas llegan a ser permanentes.
El primer punto hace referencia a la cantidad. Si el niño come o bebe constantemente, o por el contrario, se resiste a ingerir algunos alimentos, o a pesar de tener hambre acepta apenas unos pocos bocados, urge una consulta con el pediatra.
También es motivo de vigilancia por el médico si el niño mayor de un año tiene problemas para tragar, se atora o tiene voz ronca; de igual forma, si refiere dolor de garganta, tiene tos o falta de aire cuando recibe los alimentos o al poco tiempo de consumirlos. Estas señales pueden indicar problemas en el esófago o en el estomago, compatibles con el reflujo gastroesofágico o con la presencia excesiva de aire a ese nivel. Tampoco hay que dejar pasar por alto el mal aliento, el babeo constante y los gases excesivos.
Signos de alerta
En los niños mayores de un año existe una serie de signos y síntomas que requieren valoración inmediata por el médico
El primero de ellos es el dolor o la molestia en el estómago. Independientemente de la intensidad. También las náuseas permanentes después de comer y, por supuesto, la diarrea.
Aunque poco frecuentes, las deposiciones con sangre, el cansancio en general, la depresión e inmovilidad se convierten en urgencias médicas a esa edad. No está por demás consultar cuando el desgano ante la comida se prolonga en el tiempo, cuando el niño presenta fiebre o cuando se queja de dolor en el pecho lo que puede ser manifestación de acidez.
¿Qué hacer?                       
Es indudable que ante los síntomas graves, la consulta médica es irremplazable. Sin embargo, no está de más hacer algunas recomendaciones para enfrentar síntomas menores, por ejemplo:
después del año, es importante establecer un horario fijo para la comida. La consistencia debe ser blanda, las porciones deben ser pequeñas y administradas con pausas, y las cantidades totales deben ser moderadas. Jamás pretenda que el niño quede completamente lleno.
Las madres tienen que saber que la hidratación es parte fundamental de la dieta y que las cantidades de líquido, si no hay ninguna restricción, en esta edad deben darse de manera generosa en cualquier forma.
Si bien el juego es parte de la vida infantil y este debe adobar los momentos de la comida, no debe primar sobre una tarea tan importante como la de alimentar.
Es indispensable entender que el uso de laxantes, antidiarréicos y estimuladores del apetito jamás se deben administrar en niños de esta o de cualquier edad.
Frente a la presencia de gases o dolores tipo cólico, la socorrida bolsa de agua tibia en el abdomen del niño y un masaje suave puede ayudar. Sin embargo, se insiste en la obligatoria consulta si esto se prolonga en el tiempo.
Por último, ningún tipo de analgésico se debe dar sin fórmula médica y mucho menos remedios caseros o naturistas de los cuales no se tenga claro conocimiento.
El control de peso y de talla es una tarea que indica si el niño come bien.


 



 


 

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