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No agregue sal a la comida del bebé

No agregue sal a la comida del bebé

El bebé, al contrario de los adultos, no tiene una preferencia especial por lo dulce o lo salado; por esa razón, es mejor que el pequeño conozca por sí mism

No agregue sal a la comida del bebé
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04 de Octubre de 2006
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El bebé, al contrario de los adultos, no tiene una preferencia especial por lo dulce o lo salado; por esa razón, es mejor que el pequeño conozca por sí mismo los sabores, textura y color natural de los alimentos.

La alimentación del bebé durante el primer año es muy importante para su desarrollo y de los padres depende que su hábito alimenticio en el futuro sea saludable.

Los niños desarrollan sus papilas gustativas entre los 6 y los 24 meses de edad, que es cuando comienzan a descubrir el sabor propio de los alimentos. Por eso, cuando prepare las papillas, compotas u otra comida para el bebé no se guíe por su paladar, le va a parecer insípida y creerá que su hijo la va rechazar; no se preocupe, él se la comerá con agrado; el gusto o preferencia por los sabores lo irá adquiriendo su hijo a medida que va creciendo.

“La sal se debe adicionar en pequeñas cantidades en un niño mayor de un año”, explica Alicia Cleves, nutricionista infantil.

Es importante que los padres tengan en cuenta que el pequeño se inicia apenas a experimentar. Si se comienza a abusar con el uso de la sal en la dieta del bebé, es probable que el niño se acostumbre; sin embargo, esto puede traer consigo problemas de reflujos o gastritis a temprana edad.

Todo a su debido tiempoTanto para los padres como para los bebés comenzar una dieta a base de alimentos sólidos es un gran avance, es momento de compartir la mesa en familia y presentar a sus hijos otra manera de disfrutar la comida; también es cuando los padres deben dar ejemplo de buenos hábitos alimenticios. “El niño va comenzar a querer probar los alimentos del papá porque le gusta imitar y cuando descubre que los del papá tienen sal él ya no va aceptar los de él sin sal”, comenta Pedro Duarte, pediatra.

Al nacer, los niños tienen sus órganos aún muy inmaduros, lo que significa que no pueden hacer todas las funciones adecuadamente; a medida que pasa el tiempo, el desempeño se va perfeccionando. Los riñones son un ejemplo de esto, no pueden manejar grandes cantidades de sodio y cloro existentes en la sal porque pueden recargarlos.

El exceso de sal en la dieta del pequeño puede ocasionar problemas de presión arterial cuando esté grande. “Los alimentos sin adición de sal contienen de por sí sodio; por lo tanto, no se requiere adicionarles”, afirma la doctora Cleves.

Por su parte, Elizabeth Sanabria, nutricionista de la Fundación Cardio Infantil, advierte que es importante introducir los alimentos nuevos uno por vez, para que el niño comience a asimilar los sabores. “Se debe tener precaución y consumir azúcar o sal moderadamente, porque uno es el que está formando a los niños en los hábitos alimentarios”, y recomienda que a partir del año se puede empezar a incorporar sal a la dieta del bebé, pero en una medida muy baja.

Ana María Gutiérrez de Piñeres Ch.Para ABC del bebé

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