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Opinión/ ¡Levántese a dar el jarabe!

Opinión/ ¡Levántese a dar el jarabe!

 

Opinión/ ¡Levántese a dar el jarabe!
Por: Redacción ABC del bebé
02 de Octubre de 2006
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Por Carlos Francisco FernándezAsesor médico de EL TIEMPO.


 


Por Carlos Francisco Fernández
Asesor médico de EL TIEMPO.


Oiga, señor. No es por incomodarlo, pero ese llanto estridente que oye al fondo también es asunto suyo. Ese querubín que usted abraza y consiente cuando lo ve risueño, juguetón y sano, en este momento necesita de usted. Sepa que tanta bulla puede tratarse de algo más que una pataleta o un berrinche. Puede estar enfermo.


Así que no lo dude tanto, levante los ojos del periódico y asuma su papel. Lo entendemos: la mayoría de papás sienten que nacieron sin el gen y el equipamiento necesarios para responder como se debe ante una situación de estas. A tal grado que algunos piensan que su papel es hacerse a un ladito y, en un gesto típico de su condición, pronunciar frases como “Callen ese muchachito” u “Otra vez voy a llegar trasnochado al trabajo”.


Seamos claros: si no quiere terminar cuestionado de por vida, y tachado hasta por las Naciones Unidas como la mata de la desconsideración, es mejor que colabore.


No es necesario un posgrado, comprar una enciclopedia por fascículos y menos buscar la asesoría de un psíquico para saber qué hacer. Empiece por lo más sencillo: haga acto de presencia. No se le ocurra, por nada del mundo, dar la espalda en este momento, a no ser que busque que lo acribillen.


No crea que no está haciendo nada. Su sola compañía es un gran apoyo. De hecho, puede aportar más cambiando esa cara de delegado de juegos, rifas y espectáculos por una de interés o por lo menos de inquietud.


Segunda lección: hágale caso a ella. Si le dice que se lave las manos antes de tocar al angelito, hágalo a conciencia, con mucho jabón y cepillo si es necesario, incluidas las uñitas. Recuerde que usted puede transmitir gérmenes.


No se aterre si es necesario quitarse la ropa con la que llega de la calle para poder acceder a su hijo enfermo; no discuta.


Si por desgracia fuma, ni se atreva a hacerlo en la casa, mucho menos cerca del cuarto del pequeño. Valga aclarar que fumar es, de por sí, un acto de irresponsabilidad, tanto como darle besos en la boca o llevarle visitas en ese estado.


No escurra el bulto: si hay que llevarlo al médico, que sea usted el primero en echarse la pañalera al hombro. Interactúe en la consulta, pero no se las dé de sabihondo ni descalifique lo que le dice el médico (así usted lo sea). Haga caso, tome atenta nota y comprométase a cumplir las recomendaciones.


Entienda que los medicamentos tienen horarios, y que si al muchachito hay que aplicarle el inhalador a las tres de la mañana, es a las tres de la mañana. Tiene que tragarse la queja aquella de “apaguen esa luz” y levantarse a colaborar. Como toca. Esto no es un asunto de relevos, aquí aplica el trabajo en equipo.


Comprenda también a su señora, que en estas condiciones debe estar más cantaletosa que de costumbre. Tenga paciencia. Si de algo puede estar seguro es que, a la larga, vienen las recompensas: la sonrisa de su hijo sano, una señora que tendrá por fin algo bueno que decir de usted y, por encima de todo, esa sensación única de entender que el amor es estar cuando se debe estar y no cuando su suegra diga.


 


 

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