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Pa' machos/ No es un chico de billar sino un chico con diarrea

Pa' machos/ No es un chico de billar sino un chico con diarrea

Cuidados y alertas.

Pa' machos/ No es un chico de billar sino un chico con diarrea
Por: Carlos F. Fernández*
07 de Noviembre de 2006
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Esa sensación tibia, con perfume de humedad que traspasa el pañal y que parece fijarse como una impronta en la manga de su camisa, no es motivo para que el macho que vive en usted agarre a su angelito por los bracitos, con las yemas de sus masculinos dedos, y lo deposite en la cuna, a la espera de que de él se ocupen los cuerpos de paz.

Por si esto no se lo enseñaron, permítame decirle que eso que acaba de espantarlo es mucho más importante que cualquiera de los puntos de su agenda, y que para enfrentarlo va a requerir la misma paciencia y dedicación que puso cuando aprendió para qué servía el chicler de mínima de su carro.

Sin más preámbulos, déjeme decirle que su hijo tiene diarrea. Para empezar, que el pánico no lo cunda. Este mal, común en los niños, por lo general es pasajero, pero exige cuidado y atención constantes para evitar que se agrave y ponga en riesgo la vida de su heredero.Entienda que la causa más común son los virus. Esos son seres ultradiminutos, que por más bravo que usted se ponga, al igual que su suegra, solo se irán cuando ellos quieran. No valen, en este caso, ni los jarabes, ni los antibióticos, ni los ruegos, ni los masajes, así su mamá jure y rejure que el niño está descuajado. No se invente los remedios.

Como tiene que colaborar, apréndase estas tareas:

Primera: vigílelo, pero hágalo como toca, sin quitarle el ojo, porque los bebés y los niños menores de 3 años pueden deshidratarse rápidamente. Pero como usted sabe más de billar que de este tema, póngase pilas si su criaturita llora con poca lágrima, tiene la boca reseca, muestra pereza o letargo, hay escasa orina y la piel se reseca y pierde elasticidad, a tal punto que al levantarla quedan pliegues.

Segunda: el mejor remedio contra la diarrea es la hidratación, que es complementaria de la lactancia. Las sales de hidratación oral, preparadas como usted ya debe saber, son vitales. Si de paso quiere sorprender a su mujer, apréndase esta fórmula: media onza por cada kilo de peso, suministrada en el lapso de una hora, con gotero o cucharita. Prefiéralos al biberón, para evitar que el niño vomite. Manténgase juiciosito, nada de que “alcanzo a jugar un partido de banquitas”.

Tercera: grite, corra al hospital, no espere si su bebé recién nacido (menor de un mes) tiene diarrea. También, si siendo más grandecito la diarrea dura más de dos días. Si hay signos de deshidratación severa, fiebre, llanto permanente y si las deposiciones tienen sangre, moco o si se acompañan de vómito.

Mientras hace lo anterior, puede practicar la cambiadita permanente del pañal, porque los ácidos de la diarrea le queman la cola al niño. Eso duele tanto como el regaño que ella le va a pegar si no se fija en eso. Aprenda a limpiarlo bien y a untar cremitas, al tiempo que se olvida de que tiene nariz. Hágalo con amor, que eso tiene su recompensa. Piense en el futuro. Cuando su hijo sea ministro, podrá darse el lujo de decirles a los vecinos que usted le limpió el rabito.

 

* Asesor médico de la Casa Editorial El Tiempo.

 

 

 

 

 

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