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¿Por qué todos los pediatras son tan diferentes?

¿Por qué todos los pediatras son tan diferentes?

No todos los especialistas tratan igual a los pacientes. No se asuste.

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Por: Redacción ABC del bebé
19 de Septiembre de 2012
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En medicina pediátrica, como en casi cualquier disciplina, ningún especialista es exactamente igual a los demás. Esto significa que así como existen diferentes tipos de pacientes de acuerdo con los antecedentes médicos o el ambiente familiar, también cada médico tiene un punto de vista y una manera específica de tratar o formular. La decisión que cada uno tome frente al tratamiento de un niño dependerá de múltiples factores.
De acuerdo con María Isabel Usher, médica pediatra de la Universidad Javeriana, es una realidad que cada pediatra tiene un bagaje intelectual diferente, porque el proceso de aprendizaje de cada uno varía. “La postura que asuma está mediada por su experiencia, la línea de trabajo con la cual fue formado, la cultura en la que creció y la forma como interprete la literatura médica”, explica la experta.
Además, según Usher, cuenta también el conocimiento que tenga el médico de su paciente, su ‘ojo clínico’, es decir, la habilidad que posea para reconocer los signos de alarma o síntomas que le permitirán saber cómo actuar o qué recomendar en determinadas circunstancias; lo actualizado que esté en el campo de la medicina y su convicción personal y criterio frente a las prácticas que considere apropiadas.
Para Carlos Cortázar, médico pediatra adscrito a la Clínica del Country, algunos especialistas se ciñen de manera estricta a la documentación científica, volviéndose “muy teóricos y académicos, pero poco prácticos”. Por ejemplo, en el caso del reflujo del lactante, algunos médicos lo consideran un proceso fisiológico transitorio y normal que está ligado a las técnicas de alimentación que se emplean en casa, por lo cual les explican a los padres la situación del pequeño sin alarmarlos innecesariamente. Otros, en cambio, tienen a la mano una gran cantidad de información y estudios sobre el tema, razón por la cual “lo ven como una enfermedad y formulan una serie de medicamentos”.
“Los padres deben asumir que lo común es que los niños sean sanos. Si bien es cierto que pueden presentar, por ejemplo, episodios de fiebre o gripe asociados a su sistema inmunológico, al ambiente en el que vivan y a los cuidados que les brinden los adultos, se debe evitar caer en extremos o sobredimensionar todo lo que les ocurra. Por otra parte, el médico tratante, antes de ceñirse a la literatura, debe indagar primero en todas las condiciones que rodean al paciente para poder diagnosticar adecuadamente una enfermedad”, afirma.
Para Gonzalo Franco, profesor jefe de Pediatría de la Clínica Corpas, la formación práctica del especialista también influye en la recomendación o tratamiento que sugiera a un paciente. En este sentido, de acuerdo con el médico, para tener criterio se requiere experiencia, que el pediatra haya practicado en el centro universitario donde recibió el título y que estudie permanentemente.  “Mínimo de 2 a 3 horas diarias”, afirma.

A la hora de interpretar
A pesar de que hay diferencias en la praxis de cada profesional, es claro que los pediatras no difieren en todos los temas. Según Claudia Victoria Lis, médica pediatra de la Universidad del Rosario y adscrita a la Clínica Reina Sofía, generalmente hay opiniones encontradas en asuntos como, por ejemplo, cuándo empezar la alimentación complementaria, sistemas de crianza o la edad apropiada para ingresar al jardín, pero un consenso general en los esquemas de vacunación o en la prevención contra la muerte súbita del lactante.
“Existen pautas de manejo de ciertas enfermedades que están definidas mundialmente, y varios estudios que arrojan evidencia tipo A, es decir, aquella que está comprobada a todo nivel, como es el caso de la diarrea, para la que se sugiere casi siempre hidratar con suero, o la muerte súbita del lactante, condición en la que, está demostrado, se aumenta el riesgo cuando los niños menores de 6 meses duermen boca abajo”, afirma.
Por eso, para la especialista, en la actualidad las opiniones son más homogéneas que antes porque la medicina basada en la evidencia y los estudios estadísticos ha permitido comprobar la eficacia de algunos tratamientos. Además, varias clínicas elaboran sus propias guías médicas para que los profesionales puedan tenerlas como material de apoyo, aunque estas se emplean según el criterio del médico tratante y de la situación particular de cada paciente.
Al respecto, la doctora Usher explica que en las clínicas hay protocolos de manejo que aplican, por ejemplo, para las unidades de cuidados intensivos y las salas de urgencias. Es así como en el tratamiento de enfermedades o procedimientos delicados, como la reanimación cardiopulmonar en el recién nacido, siempre se siguen los mismos lineamientos. “Con estos protocolos se busca que las cosas sean más uniformes, que no se consuman recursos innecesariamente y que el paciente se sienta más seguro”, añade la experta.
Sin embargo, destaca Usher, en otros temas del cuidado diario del niño también existen guías de manejo, aunque no todos los pediatras las siguen, porque no están actualizados y se basan en teorías que con los años han cambiado. “Esto no es bueno ni malo porque depende de la convicción del médico, de su forma de interpretar la literatura y de lo que le haya funcionado o no con sus pacientes”, aclara la pediatra.
¿Existen, entonces, opiniones o tratamientos equivocados? La doctora María Isabel Usher afirma que en medicina nadie es poseedor de la verdad absoluta, ni los pacientes responden de la misma manera a todas las enfermedades. “A un bebé de 2 meses le puede dar una bronquiolitis severa, que lo lleve a la unidad de cuidados intensivos, mientras en otro de la misma edad puede aparecer como una gripe simple y no hay manera de predecir cuál de los dos iba a tener ese comportamiento”, dice.
Pese a esto, lo primordial es que el pediatra tenga un criterio lo suficientemente estructurado para aumentar las posibilidades de éxito y que le enseñe a las madres a identificar señales de alarma. Un punto de vista similar comparte la doctora Claudia Lis, quien considera que ningún médico tiene la razón en absolutamente todo ni está exento de equivocarse, aunque sí resalta la importancia de estar informado y actualizado en las prácticas médicas.
Para el doctor Franco, este último aspecto es vital, pues si el pediatra no es estudioso o ignora las normas actuales, su criterio puede cambiar y el niño verse expuesto, por ejemplo, a abuso de antibióticos, antiparasitarios o vitaminas. Por eso, cree que aunque las opiniones y criterios sean diferentes, nunca deben lesionar o poner en peligro la vida del paciente. “Para actuar se necesita conocimiento, experiencia y hacer un seguimiento juicioso del problema”, puntualiza.
Carlos Cortázar, por su parte, comenta que los padres tienen la responsabilidad de recurrir al sentido común y al instinto cada vez que el médico sugiera una manera de proceder. Además, es clave que dejen sus miedos e inseguridades fuera de la consulta para, en primer lugar, no tener que buscar la opinión de diferentes especialistas frente a un mismo
tema, y así confundirse. “Los adultos deben establecer una estrecha comunicación con el pediatra para que el diagnóstico sea compartido y de común acuerdo”, agrega.

Confianza y seguridad
Es un hecho que en el mundo de la medicina siempre habrá posturas contradictorias. Esta realidad, sin embargo, no debe ser un motivo de preocupación para los padres y cuidadores, quienes deben ser juiciosos en la búsqueda del pediatra que atenderá a su hijo durante la etapa de la infancia y la adolescencia. “Cuando lo escoja, no escuche más opiniones”, sugiere la doctora Usher, aunque si hay dudas frente a la eficacia de un diagnóstico, siempre es válido solicitar una junta médica al especialista tratante y evitar acudir a otro médico.
“Cuando los padres recurren a otros expertos, les cuentan la información del problema de forma parcializada porque no poseen el suficiente conocimiento sobre el tema. Dado que el nuevo pediatra no sabe cuáles son los antecedentes ni le ha hecho un seguimiento al niño, puede emitir un juicio equivocado”, explica la doctora Usher. Por eso, es determinante tener una relación cordial y de respeto con el médico tratante, y la confianza para expresar libremente las angustias o pedir información adicional.
El pediatra, además, debe tratar de ponerse en los zapatos de los padres y tener la sensibilidad para entender el momento histórico, familiar y de pareja por el que atraviesan. “Yo les explico a las madres, por ejemplo, cuáles son los beneficios de lactar y trato de acompañarlas en ese proceso, porque eso debemos ser los pediatras: guías y acompañantes de las familias”, dice.
Para Carlos Cortázar, es un buen pediatra aquel que contribuya con el bie-nestar del niño, sea equilibrado y no formule medicamentos o mande exámenes innecesarios. “El pediatra es un educador, es la persona que orienta y les hace ver a los padres la necesidad de recurrir a uno u otro tratamiento, explicándoles cuál es la verdad frente a la gran cantidad de mitos que hay alrededor de las enfermedades de los niños”.

 


 

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