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¿Cuándo deben aprender a dormir en su propio cuarto los niños?

¿Cuándo deben aprender a dormir en su propio cuarto los niños?

Lo más difícil para el niño es desprenderse de los que le dan seguridad.

Dormir solo
Por: Andrea Forero Aguirre
10 de Abril de 2013
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Lograr que el niño duerma solo, en un espacio que le pertenece, y aprenda a controlar emociones, como los miedos nocturnos, es un proceso que depende de la cultura y de las creencias de cada familia.

La psicóloga, experta en el desarrollo infantil e investigadora de la Universidad Javeriana, Olga Alicia Carbonell Blanco, recuerda que, durante mucho tiempo en nuestro país los niños dormían en la misma habitación e, incluso, en la cama de sus padres, pero la influencia estadounidense, con investigaciones, pediatras, psicólogos y con prácticas culturales, fue cambiando las cosas.

“Empiezan a llegar esas ideas de la autonomía para hacer al niño independiente en todas las áreas. ¿Por qué? La mamá o el papá no van a estar siempre para su hijo, por eso él no puede depender toda la vida de ellos. Tiene que crecer, defenderse, explorar y ser él mismo. La clave es no imponer esa autonomía a la fuerza, sino a través de una crianza sensible”, asegura la psicóloga.

Un proceso

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, donde el niño tiene su propia habitación desde el día en que nace, para muchos padres en nuestro país durante los primeros meses de vida del bebé es más cómodo tenerlo en el mismo cuarto, al menos en una cuna al lado.

Resulta que, según Carbonell,  hay razones psicológicas que indican una necesidad familiar de tener al recién nacido cerca: papá y mamá lo sienten frágil y quieren saber que esté respirando todo el tiempo. Se trata de una seguridad psicológica para todos.

Tener el niño al lado le permite a la madre atenderlo más fácilmente, pero puede que después de los tres meses, cuando algunos niños pasan a sus cuartos, otros se acostumbren a la cama de sus padres y dicha situación podría afectar la relación de la pareja.

La recomendación de la psicóloga, en busca de esa autonomía que finalmente favorece a toda la familia, es practicar los rituales para que el niño aprenda a dormir solo gradualmente, al ritmo y al estilo de cada hogar.

La explicación de Carbonell es que para un bebé, su mamá o papá son fuente de seguridad, pero en la noche, por dormir solo y a oscuras, la separación puede ser más difícil.

Con el fin de que este no sea un evento abrupto, es importante encontrarle al bebé algún objeto, por ejemplo un osito de peluche, o una manta, a la que él le ponga un componente afectivo que lo ayude a tranquilizarse.

Otros rituales favorables para los bebés antes de dormir, desde el punto de vista de la investigadora, son: bañarlo, hacerle masajes con aceites naturales o cremas, ponerle música relajante, una hora antes no jugar agitadamente y leerle un cuento.

“El ritual que cada familia establezca se respeta y se cumple. Es un tiempo de intimidad afectiva del niño con sus padres. Estas rutinas son importantes para que el niño dé el paso, porque el mundo se le vuelve predecible, y disminuye la incertidumbre en el momento del sueño”, dice la experta.

Sin duda, lo más importante para el proceso de que los niños duerman solos, sin temor a ese desprendimiento físico, son las palabras; es decir, que los padres le expliquen lo que está pasando y por qué, aunque su hijo solo sea un bebé.

“Una crianza sensible acompaña ese desarrollo de manera afectiva. Reconoce al niño como un otro en proceso, por tanto, necesita al adulto grande y seguro con quien contar”, dice.

Por el contrario, en busca de ese proceso de autonomía en el sueño, Carbonell se declara en contra del consejo: “deje llorar al niño”. Desde su experiencia, dicha conducta no aporta nada bueno y puede que el infante se acostumbre a que no atiendan su llanto, que en ese momento es su mayor forma de expresión, pero crece con desconfianza y abandono.

Los beneficios

• Cuando un niño duerme en su propia cama, o cuarto, empieza a aprender a estar solo y a que dicha situación no le intranquilice.

• El niño aprende a manejar el miedo. Al principio se le puede poner una lámpara, con la que se sentirá más seguro.

• En el sueño, la ausencia de luz genera cierto temor. Si reconocemos las emociones del niño y las hablamos, ellos van aprendiendo a confiar y a volverse unas personas más autónomas.

• El niño sabe que está en su propio espacio, al que poco a poco irá imprimiendo sus gustos, pero sabe que cuenta con sus padres, será muy seguro desde el punto de vista emocional, y ese es el soporte para una personalidad sana. En cambio, la inseguridad da desconfianza.

 

 

 

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1 Comentarios

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Comentarios (1)

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jcastro1978
Hace 3 años
Este articulo va en contravía total con las recomendaciones de las asociaciones de pediatras, para evitar el síndrome de muerte súbita, donde no se aconseja el uso de peluches o mantas los primeros meses.
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