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Los beneficios que les trae a los niños desplazarse solos

Los beneficios que les trae a los niños desplazarse solos

Al gatear y caminar, el niño gana control corporal y coordinación.

Gatear
Por: Tatiana Quinchanegua
02 de Abril de 2013
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Gatear es el primer grito de independencia del niño al poder sentirse como una persona que alcanza y logra sus metas por sí mismo. Pasa de arrastrarse y esperar que lo alcen, a desplazarse de un lado a otro y planificar actividades, como llegar hasta donde se encuentran ubicados sus juguetes; antes sencillamente los señalaba y alguien se los traía. Ahora debe cumplir algunos pasos (pequeñas metas) para lograrlo.

Según la doctora Ana María Cardona, directora de la especialización en Psicología educativa de la Universidad de La Sabana, el infante tiene un gran avance en el desarrollo de la autonomía, pareciera que todo el tiempo se repitiera frases como: “no m e voy a dar por vencido”, “yo puedo, soy capaz” y “me acomodo a las circunstancias”.

Lo mismo opina Mauricio Gómez Pedraza, especialista en Psicología educativa, coordinador pedagógico de My Family Joint. Al sentirse más autónomo, el menor favorece el sentido de la exploración y de la curiosidad; además desarrolla lo que se conoce con el nombre de razones y proporciones, es decir, calcula su tamaño dentro del espacio, el tamaño del objeto que desea alcanzar, la distancia en la que se encuentra y la fuerza que debe realizar para obtenerlo.

Con esto, también se trabaja la lateralidad o lateralización, es decir, el menor aprende a ubicarse dentro del espacio con respecto a otros objetos. Esto le favorecerá tener un mejor manejo de la ubicación dentro del papel, y para que más adelante pueda tener un gran desempeño en áreas como las matemáticas.

Además, fortalece lo que se conoce como la coordinación ojo-mano; como su nombre lo indica, es el nivel de sensibilidad con el que están sincronizados la mano y el ojo. Se usan los ojos para dirigir la atención y las manos para ejecutar cierta tarea, como coger, abrazar, consentir, halar las orejas, tirar al piso, entre otras. Para lograrlo, se requieren estímulos visuales, primer paso para que los pequeños puedan, en un par de años, escribir, cocinar, mover objetos, cepillarse los dientes, entre otras cosas.

A su vez, desarrollan eficientemente el sentido de la visión, aprenden a enfocar objetos, amplían el campo visual a 180 grados y evitan el estrabismo.

A nivel físico, según afirma el doctor Libardo Gómez, pediatra, lo que logran los niños es tener buena coordinación, equilibrio, mejor control de los movimientos de su cuerpo, fortalecer los músculos de la espalda, sostener firmemente su cabeza y fortificar la espina dorsal, entre otras cosas. Estudios demuestran que al gatear, el niño conecta los dos hemisferios del cerebro, convirtiéndose en la base para el desarrollo de funciones cognitivas complejas.

Muchos padres se afanan porque su hijo no quiere caminar y solo gatea; lo que deben entender es que cada niño va a su ritmo.

Paso a paso

Al caminar, el niño acepta con felicidad su posición bípeda, su vida está al nivel de sus ojos y empieza a darse cuenta de que existen los cuadros, lámparas y objetos a los que antes no les daba tanta importancia. El mundo que está más arriba de su cabeza le despierta gran curiosidad.

Siente sencillamente que es grande, igual que los adultos, porque puede ir con facilidad de un lado a otro. Cuando domina el arte de caminar, no quiere que lo cojan, se siente de lo mejor.

Para la doctora Ana María Cardona, lo mejor en estos casos es dejarlos hacer, permitirles disfrutar sus primeros pasos y, a medida que lo hacen solos y mejor, darles el espacio necesario alrededor de la independencia. Empiezan a ser autónomos en ciertos comportamientos y en la toma de decisiones. Sienten que pueden coger el mundo a dos manos.

Se logra entre los 11 y 18 meses, inmediatamente después de dominar el gateo. El pequeño siente una completa liberación de las manos, antes las usaba para desplazarse o sostenerse, y ahora tiene posibilidad de tocar, coger, disfrutar y experimentar a través de nuevas texturas. Gana esa coordinación del movimiento grueso (cuerpo) y fino (los dedos), necesarios para el juego y la locomoción.

Con los días, el menor favorece el equilibrio, empieza caminando con las piernas encorvadas y los pies abiertos. Luego, desarrolla la musculatura y endereza los huesos. Se ve más esbelto, su barriga desaparece y pierde contrapeso, efecto de la alteración de su centro de gravedad.

Al caminar, sus avances se hacen palpables a través de las distancia; a mayor recorrido, más ganancia y autoestima. Desarrolla conductas de imitación, quiere conversar, reír en familia y sentirse parte de un todo, así se perciba como un ser independiente.

 

 

 

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2 Comentarios

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Comentarios (2)

2
equipo446665
Hace 42 semanas
Hay que tener cuidado con forzar a los niños/as a andar sin que aún estén preparados. Podemos perjudicar más que beneficiar. Un saludo. www.capacita-le.es
1
prijor
Hace 3 años
que bien
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